Inaugurar cosas

Trabajo duro, mejores canapés
Ahora con tanto recorte por un lado y tanto recorte por el otro, que ya no sabemos si tenemos políticos o hijos de p… Peluqueros; resulta que ya no se inauguran tantas cosas. Que esto antes se hacía. Los más jóvenes quizá no lo hayáis vivido, pero hubo una época en la que se inauguraban hospitales públicos, y escuelas… Hasta guarderías. Luego iba un tío y ponía la primera piedra, que era un trabajo muy complicado. Hubo una época en la que hacer eso daba votos y todo
Si alguien era experto en esto de inaugurar era el Rey, o el Príncipe, que llegaban al sitio y lo dejaban de purísima madre inaugurado. Que os puede parecer baladí, pero no es una tontería. Que llevan preparándose desde niños a poner una sonrisa, levantar el brazo, saludar y dejar eso inaugurado. ¡Llegaban allí y estaban las cosas por inaugurar! Así de dejada era la gente. Llegaba el Príncipe con su dicharacherismo y decía: 
«¿Aún no está inaugurado? Si es que lo tengo que hacer todo, a ver donde está esa piedra que hay que poner» 
«Aquí Majestad, esta es» – y le mostraba una china recogida de una playa cualquiera, ligera y frágil, para evitar posibles fisuras no deseables. No fastidiemos.
«¿Y ahora qué hago con esto? ¿La tiro al agua y a ver cuantas ranas hace o como va esto?» – campechano. Muy campechano.
Yo me imagino eso como un entrenamiento muy duro desde que eran pequeños. Aquí mucho ji ji mucho ja ja; pero la preparación para ser un hombre hecho y derecho en la Casa Real no es moco de pavo. Todo el mundo ve las riquezas, los palacios y las mansiones y dice: «Pues vaya unos hijos de… Pelícanos» Pero detrás de todos esos lujos que hemos pagado con alegría y jolgorio los ciudadanos españoles, hay un sufrimiento por cumplir por la patria. Y ahí están ellos, entrenándose para inaugurar cosas. Porque alguien tiene que hacerlo.
Así pues, tienen unas clases bien montadas que sirven para saber qué hacer en cada caso. Hay varias maneras de inaugurar cosas, no os creáis que todo es jauja. No, no. Ni mucho menos. Y cada una de las inauguraciones tiene su propio intríngulis. Ellos van entrenados desde pequeños, pero no se crean, a los políticos también les enseñan este curso en cuanto entran en el poder. Estas serían las clases:
Cortar la cinta. Consistía en enseñar a los pequeños mozos a coger una cinta bien tensada delante de una puerta y cortarla. Coger las tijeras era una de las primeras clases más importantes. Siempre cortando por el centro, que al principio cortaban de lado y claro, quedaba la cinta a tiras. O hacían agujeros y jugaban a que la cinta fuera un antifaz. Poca broma con cortar una cinta. Muy complicado. 
Poner la primera piedra. Al principio impartía las clases un profesor llamado Patxi Quebrantahuesos. Lo echaron porque una infanta se dejó tres vértebras en una de sus lecciones. «¡Hay que empezar con piedras de 50 kilos! ¡Así cuando inauguréis todo será más fácil! ¡Ahí va pues!» Lo despidieron. Desde entonces han intentado evitar lo de poner piedras y cuando lo hacen usan unas de poliexpan. 
Romper una botella de champán en un barco. Inaugurar barcos también es muy importante. Sobre todo los suyos propios. Así que tienen que estar preparados para dejar bien listo el Yate Digo, por ejemplo. Empezaban con pequeñas piñatas, luego con champán de 300 euros la botella. Precisamente es una de las clases en las que hacerlo mal no implica romper algo, hacerlo mal significa mantener intacta la botella. Las clases las impartía Ortega Cano hasta que lo echaron por entrenar a los pequeños infantes con botellas vacías. Y así no se puede.
Correr la cortinilla. Las calles también las tenían que inaugurar. Los chavales tenían que estar preparados para todo. Así que les ponían a  echar cortinillas a un lado y a cómo reaccionar si alguien le había puesto a la calle un nombre especial sin avisar. Por ejemplo: «Calle del limón que baila sevillanas». Queremos calles así. Las clases las impartía Anasagasti, que de cortinillas sabe un huevo. 
Una vez superaban este duro entrenamiento, estaban capacitados para ser unos príncipes e infantes adecuados al arduo trabajo de inaugurar cosas, de aquí para allá todo el día, un estrés continuo, una presión… «¿Y si lo inauguro mal? ¿Y si luego no viene nadie? ¿Y si luego no me votan? Ay no, que eso no se puede» Ese tipo de cosas que preocupan a los reyes. Pero pueden estar de suerte, cada día tendrán menos faena, a no ser que les llamen para pulsar el botón de demoler del próximo hospital público de turno…

10 Respuestas

  1. Sara dice:

    De verdad… ¡qué vida más dura la suya! Muy bueno, Morri, como siempre.

  2. morri dice:

    ¡Muchas gracias Sara! ^^

  3. Enrica inpdap prestiti dice:

    Muy bueno tu blog, jocoso pero sobre todo interesante, me encanta el modo come describes las cosas, la historia y los eventos.

  4. morri dice:

    Gracias Enrica :)

  5. Patri O. dice:

    El final me ha borrado un poco la sonrisa, espero que no lleguen las demoliciones.

    Pero bueno, en general al nivel de siempre, nunca me había parado a pensar en todas las formas que hay de inaugurar algo, cansa sólo de leerlo jajaja. Yo la única que no haría, y va en serio, es la de la botella. Seguro que no la rompía y quedaba fatal :/ Bueno, en realidad, creo que no haría ninguna, odio hablar en público.

  6. morri dice:

    Patri O: El final es un poco "removedor" de conciencias ;) Lo de las demoliciones es una exageración; pero si los privatizan es casi lo mismo que demolerlos. Yo también espero que no pase, pero no se puede confiar en los políticos, solo en lo que luche la gente :)

    Y muchas gracias ^^ Pues precisamente a mí la de romper la botella me parece la más divertida de todas. Aunque se falle. Sería como una piñata para mayores. Y alcohólicos saliendo del agua para recoger los restos de champagne que cayeran con la boca abierta. Y que no te preocupe hablar en público, al principio jiña un poco, pero es la mar de divertido ;)

  7. Anonymous dice:

    Pues se ve que yo no le he pillado la gracia a la entrada… Y en mi casa cada dos meses inauguramos una habitacion nueva, o un coche nuevo… y luego vamos regalando coches a los vecinos (que tambien inauguramos)… somos los mas sociales del barrio.

    ..de pagar no hablamos, que eso de pensar en los dineros es de capitalistas hijos de la gran que nos quieren quitar la sociedad de bienestar :D

    Un saludo!

  1. 20/12/2011

    Información Bitacoras.com…

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  2. 07/10/2013

    […] inaugurar secciones. Es el síndrome del Príncipe, me dan una cinta y una tijera y allá que voy a inaugurar. Así pues, empezamos hoy la nueva sección llamada “Juegos de cartas” enmarcada en la […]

  3. 10/01/2014

    […] especialistas de “detrás de la valla”? ¿Son los mismos que están siempre cuando el Príncipe llega a algún sarao y le gritan guapo guapo quiero un hijo tuyo ay si tuviera cincuenta años […]

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