Boda (V): La invitación

Han pasado tantas cosas desde la boda… Y yo sin escribir. Os tengo abandonadicos y abandonadicas. No puede ser. Tantas anécdotas aún que contar. Tantas historias sobre tantos temas que explicar por aquí. Debería prometer más que voy a volver a publicar con regularidad, pero desengañémonos: va a seguir siendo sorpresa. Hasta para mí. Nunca sé cuando voy a volver a escribir. Fíjate tú.

Así era nuestra invitación. Como una portada de cine.

Hoy os vengo a hablar de la invitación de boda. Me ha costado decidirme porque tiene un título que quizá era demasiado premonitorio para lo que se nos venía a la humanidad poco después: “El contagio”. Pero era un contagio sano, de amor, no os preocupéis. De esos que os hace sacar almíbar por las orejas.

Como os comentaba en el post de elegir el fotógrafo, hubo un día en el que se nos propuso que para la invitación podíamos hacer un vídeo. En vez de la típica tarjetita de invitación con “lettering” – ese palabro inglés que usamos para simplificar “caligrafía melosa” y del que os hablaré en otro post – decidimos sorprender a los invitados con un cortometraje. Una historia corta sobre por qué nos íbamos a casar. Ellos, quizá, esperaban un vídeo hecho con el Movie Maker con muchas fotos desde que nos conocimos hasta el día de la pedida de mano, con transiciones locas, fotos que giran, fotos entrelazadas y vídeos en vertical; pero no. Les pusimos esto. No me enrollo más. Mirad. P.D: Mi papada es cosa de la cámara, que ya sabéis que engorda.

Bueno, espero que ya lo hayáis visto que a partir de aquí hay spoilers. Cuidao. Como habéis podido ver, hay un momento en el vídeo en el que busco en Yahoo Respuestas – la fuente de todo conocimiento médico de internet – qué significa que me aparezcan corazones por todo mi cuerpo. Resulta que Yahoo dice que es una epidemia mundial – mi manera de escribir pandemia – que va a acabar con la humanidad tal y como la conocemos. Ahora entendéis mis reticencias a escribir este post, ¿no? Pero al final son cosas que pasan, hace un año quien iba a pensarlo. Aunque era mucho mejor un contagio de amor que lo que tenemos. Eso sí, en vez de mascarilla tendríamos que llevar burka para no pasar la vergüenza de ir con corazoncitos por la calle.

La grabación estuvo repleta de anécdotas, algunas quedaron reflejadas en la cámara como demuestra este pequeño vídeo de tomas falsas y otras quedaron para el recuerdo. Mirad, mirad.

Por ejemplo, la muchacha que veis en la consulta no es doctora, pero tampoco es actriz: es dentista. Nuestro señor fotógrafo, rey de las relaciones públicas, fue a hacerse una higiene bucal y terminó liando a la dentista para que nos abriera la consulta un sábado y nos permitiera hacer la parte del médico en una consulta de verdad. Menos mal que tuvo que hacerse una higiene bucal y no una revisión urológica porque igual la consulta habría sido algo más escabrosa. “Esto de los corazones pinta mal, a ver desnúdese, vamos a investigar esa uretra”. Buff, qué escalofríos.

Todo se grabó en un solo día. Bueno, en una mañana. Afortunadamente no hubo muchas tomas falsas. Toni, el fotógrafo, nos cedió su casa para hacer la parte hogareña donde lucimos nuestros maravillosos pijamas. En ella pudo haber una toma falsa, pero quedó fuera de cámara. Mientras buscaba en Yahoo Respuestas me levanté de la silla y me di un cabezazo con la lámpara del techo, que era de esas colgantes, y no sabemos cómo, quizá porque mi mujer es una fantástica actriz, la toma fue buena. El topetazo quedó fuera de cámara y es una lástima porque hubiera sido una toma falsa de primer orden. Para vosotros, claro, que os reiríais de mí.

La pregunta es, ¿cómo se la entregábamos a los invitados? Pues íbamos con un iPad o con un pendrive a vernos en los bares o en sus casas, eso que se hacía en la vieja normalidad, y les poníamos la historieta. Algunos los grabamos para ver cómo reaccionaban a tener unos amigos tan frikis. Nos miraban en plan: “¿qué cojones estamos viendo?” Pero sorprendentemente no tuvimos malas reseñas en Rotten Tomatoes al día siguiente. Quién sabe ahora cuando llegue a ojos desconocidos…

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