Boda (II): Decidir qué tipo de boda hacer

Boda sencilla a la par que elegante.

Cuando tomé la decisión de entregar el anillo – y no, no es el mismo día en el que me hicieron un tacto rectal – no sabía donde me estaba metiendo. En mi cabeza casarse podía ser de muchas maneras. La principal era la ya conocida como boda íntima. Los más allegados, firmar papeles, una comida todos juntos y para casa. El tema es que cuando empezamos a avisar a los familiares que teníamos pensado casarnos, todos empezamos a calentarnos y calentarnos y terminamos haciendo un musical de Broadway como en la noticia de El Mundo Today. Bueno, no llegamos a tanto, pero el riesgo estaba ahí.

La gente se emociona mucho cuando le cuentas que te casas. Es sorprendente. Hay personas que te pueden estar diciendo que casarse es una chorrada, un paripé, que ya no tiene sentido, que para qué si ya vivís juntos, si total ya hoy en día no hace falta, que si en mi época nos casábamos para poder mojar el churro que tenían que llegar vírgenes al matrimonio… Lo típico. Y a la vez en cuanto les das la noticia saltan de alegría, te dan la enhorabuena, te abrazan, que si qué bonito, que es una vez en la vida y que a disfrutar. Curioso, ¿verdad? Pero hay una explicación: todos están pensando en la BARRA LIBRE.

La gente piensa en bodas y espera mínimo poder llegar a este estado.

Y claro, después de esa emoción desaforada, ¿cómo les dices que no les vas a invitar? No, es que todo es una boda íntima con una selección de personas importantes y que si quiere beber gratis que se vaya a una fuente municipal. No es plan. Porque en las fuentes solo dan agua. Imaginaos una fuente de la que mana gintonic ya mezclado y no agitado. El primer alcalde que ofrezca eso, mayoría absoluta para toda la vida. Así que la idea de hacer una boda íntima en un plazo corto de tiempo se fue a la mierda en pocos segundos. Es más, mi suegro ni siquiera se lo planteó por un instante. Cuando le dimos la noticia, acababa de hacer un gasto importante en algo que le hacía mucha ilusión y sus lágrimas nunca sabremos si eran de emoción o del dolor más puro. 

Por lo tanto, teníamos que decidir qué tipo de boda convencional queríamos. Podíamos hacer una con algunos amigos, pero no queríamos recortar a ninguno ni hacer algo desangelado que se quedara en un quiero y no puedo; por otro lado tampoco queríamos convertirlo en una súperboda con una cantidad ingente de familiares semi-desconocidos que solo conocías de las fotos de comunión de casa de tu abuela. Y tampoco la queríamos hacer el megabodorrio televisado con lo cual descartamos invitar a David Beckham que siempre termina quitándote el protagonismo. Lo siento, David; sin acritud. Con lo cual tuvimos que tomar una decisión salomónica: boda de amigos y los familiares más cercanos (hasta primos hermanos) o con más contacto y confianza. Y eso, amigos, igualmente y por mucho que recortes, se va al centenar de personas: se avecinaba bodorrio con todas las letras.

Lo que teníamos más claro de todo es que queríamos que los que vinieran se lo pasaran bien. Ya que nos poníamos, nos poníamos bien. Que si se tenían que desplazar y hacer un gasto grande para poder atender a nuestra boda, debían pasar un día espléndido. No tenían que quedar indiferentes. No tanto como para montar una boda dothraki, eso sí; sin duelos a muerte ni nada de eso. Como mucho, duelos a chupitos de tequila. Queríamos que pudieran recordarla durante mucho tiempo diciéndose: “Jo, ¡vaya boda!”. Y no que llegaran a la hora del baile con agujetas en el cuello de tanto bostezar y el culo carpeta de estar atrapados en una silla viendo pasar regalos; sin necesidad de poner coches de choque, norias y convertir la boda en una feria de fiesta mayor. Y eso, queridos lectores, no se prepara en dos días, ni en tres. Hay gente que prepara sus bodas en tres meses y a mí me entra sarpullido solo de pensarlo. No hace falta dejarse mucho dinero, o más de lo normal; pero hace falta mucho trabajo y una cantidad ingente de bolsitas de infusiones relax. Así que decidimos poner como fecha el 2019 y estábamos a principios del 2018. Quedaba mínimo año y medio. 

La cuestión ahora estaba en saber: ¿qué día? ¿Qué mes? Y eso no se podía decidir por nuestra cuenta y riesgo: había que elegir primero donde íbamos a zampar. Teníamos que empezar la odisea de buscar restaurante.

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  1. 30/10/2019

    […] (I): Pedir matrimonio] [Boda (II): Decidir qué tipo de boda hacer] [Boda (III): Elegir el […]

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