El patinete eléctrico

No sois tan modernos como creéis: esto es 1916

Hace ya unos cuantos años, iba a trabajar – y anteriormente a estudiar – en tren. El blog, entonces, se llenaba de temas que surgían en los trayectos. Hay una sección llamada treneces y todo. Porque uno al final habla de lo que conoce, si no lo hiciera y hablara de oídas ¿en qué me convertiría eso? ¿En un tertuliano? Pasados los años y harto de pasar horas en asientos quiebra-espaldas decidí mudarme a la gran ciudad y aprovechando me fui a vivir a dos pasos del trabajo. Lo que no imaginé es los peligros que entrañaría el hecho de ser peatón con el paso del tiempo. Un ligero zumbidito a tu espalda te da alguna indicación: un patinete eléctrico está a punto de peinar tu nuca y quitarte el hipo ipsofacto.

No gano para sustos, de verdad. No puedes despistarte ni un segundo cuando caminas por la acera porque puedes ser atropellado en cualquier momento por un señor con traje, en pose ridícula y casquito de seta. Antes, lo más peligroso en una acera eran los ciclistas, que a pesar de tener cada día más carriles bici en Barcelona siguen circulando por las aceras tocando la campanita cuando les cortas el paso con tus andares de peatón NORMAL y CORRIENTE. Hay un infierno especial reservado para los tocatimbritos, en serio. Allí, con su hoguerita. Junto a los que hacen un ligero chasquido de dientes antes de saludarte y los que dan conversación al cajero del súper cuando solo le han preguntado que si quiere bolsa.

Patinete a fuego

Los patinetes han venido a generalizar el problema. A pesar de los límites de velocidad que están impuestos en las aceras, aparecen de la nada y a toda leche. Como un Marty McFly del futuro mal. Son el enemigo principal de las señoras mayores que les levantan el bastón a modo de reprobación. “¡Tuhmuertohpisoteaoh!” – gritan con desesperación. Es una guerra constante que tienen, esa y luchar por los bancos del parque con los adolescentes porreros. Tienen demasiados frentes abiertos. El hecho es que a la velocidad que van uno termina planteándose si todos los que van en patinete son dentistas camuflados que tratan de dejar sin dientes a la mayoría de la población peatonal para así forrarse a base de poner implantes dentales. 

Lo peor y más peligroso es la ausencia de sonido. Los patinetes eléctricos no se oyen. Son como los coches híbridos y eléctricos que empiezan a poblar las carreteras que evitarán que nos aniquile la contaminación, pero no evitará que lo haga nuestro exceso de confianza. Tenemos que acostumbrarnos a no fiarnos de nuestro oído para cruzar la calle. Parece algo básico, pero menos habitual de lo normal. Hoy en día, entre que somos unos zombis mirando al móvil y que los coches no suenan, lo que más representa al español medio es el pobre paracaidista que se amorró a una farola. ¡Lo raro es que no haya más percances! Al final terminarán acolchando las farolas y poniendo airbags a los coches POR FUERA. 

Pues imaginad a un patinete que aparece de la nada y te sorprende en el cogote. Aún gracias que el oído se va acostumbrando y empezamos a oir esos pequeños zumbidos o que las baldosas del suelo nunca están bien puestas del todo – convirtiéndose en los días de lluvia en trampas dignas de zamburguesas de Humor Amarillo – y van resonando con pequeños clincclonc que te avisan de que algo se acerca por la rabadilla con aviesas intenciones. Estamos en peligro, amigos.

Igual estoy pecando de pollaviejismo y no sé atisbar el progreso cuando lo tengo enfrente, pero no estaría mal un poquito de civismo cuando se va en patinete. Nunca sé si han de circular por la acera, por la carretera o por encima de mi tibia. Tampoco sé si cuando vaya con el coche y me aparezca uno a toda velocidad saltando de la acera a la carretera o del carril bici al capó van a tener un seguro contratado y una matrícula a la que poder cargarle el mochuelo. Si están aquí para quedarse y el civismo no se impone por naturaleza, igual una regulacioncita no vendría mal.

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