La invasión de los cascos enormes

Y se lo comió

El mundo evoluciona a velocidad de vértigo. Esto es una cosa que se dice mucho. Si algo evoluciona a velocidad… Es de vértigo. Igual que una noticia contada por Piqueras no es noticia si detrás no lleva el adjetivo de dramática o trágica. Fin del inciso. Pero a veces el mundo tiene tendencia a mirar atrás y volver a cosas olvidadas y en esto la especialidad la tiene las tendencias de moda. Un ejemplo muy claro es la música. En el ambiente de lo guay, lo retro siempre tiene un punto a ganar. Pero ojo, ha de ser retro. Imaginemos una conversación cualquiera:

- “Ei, mira qué jersey más viejo tengo”
- “Puf, menuda mierda, ¿eso qué era de tu tatarabuelo antes de irse a la guerra de Cuba?”

Pero ahora probad con esto:

- “Ei, mira qué jersey más retro tengo”
- “Puuaáá, ¡qué guapo! ¿En qué H&M lo compro?”

Cómo explicarle que no van ahí

La clave está en lo retro. Así pues, cuando uno llevaba hace veinte años unos auriculares del tamaño de dos sandías en las orejas resultaba ridículo por la calle. Era un tipo de cascos que se usaba para estar en casa, en tu minicadena hi-fi stereo que te cagas las bragas tron guay del paraguay. Cosas de los 80-90. Por aquel entonces lo que estaba a la moda es llevar unos cascos que apenas se vieran. Los auriculares de botoncito que se metían en la oreja y se caían, se metían en la oreja y se caían, se metían en la oreja y a la mierda me los enrollo a la oreja y algo escucharé.

Sí, mi oreja no estaba preparada para esos cascos. No sé si a alguno de vosotros os habrá pasado, pero a mí nunca me han resultado cómodos. Es más, yo una vez para conseguir enganchármelos a las orejas tuve una idea genial. Estaba en casa tan tranquilo, vi un bote de Loctite mal cerrado… Aspiré el aire sin querer y oye, aquello pareció una idea cojonuda. Loctite al casco. Casco a la oreja. Dejar reposar unos minutos. ¡Y ya no se caen! Fue un invento genial hasta que quise dejar de escuchar música y no había manera. Al tener pegamento aún en los dedos se quedó enganchado el botón del play y ni las pilas podía quitar. En casa me llamaban el sordo. Pero yo no me enteraba porque no oía nada. Tenía el casco incrustao, no había manera de sacarlo. Vinieron los bomberos, que dices, “mamá, llama a un médico, no a los bomberos” Y mi madre: “¡Yo sé lo que me digo, aaaayyy qué mozos!” Total, un follón.

Así pues me parece perfecta esta moda de los cascos enormes que la gente pasea por las calles. No los uso, después de aquella experiencia cada vez que oigo música cerca del oído me dan escalofríos. De recordar los manguerazos de agua contra el oído para sacar el auricular, como si fuera un tapón de cera. Un horror. Ahora la gente no tiene esos problemas, tú vas por la calle con tus cascos enormes y si la gente te confunde con Jean Todt dando órdenes de equipo a Michael Schumacher, ¡no pasa nada! Tiene que tener un aislamiento eso. Vas a una carrera de Formula 1 y ya vas preparado.

Lo mejor de todo es que los están haciendo de colorines. Los hay rosas fucsias, verdes pistacho, marrones caca; que todos los colores tienen ahora nombre y apellido. Yo antes me manejaba con rojo, azul, verde, amarillo, para el parchís y ya está; iba que tiraba. Pero no, ahora con apellido que el mundo RGB es muy amplio y no da para un nombre único. El caso es que los cascos multicolor abundan por las ciudades y con ese colorido y esos tamaños parece que nos estén invadiendo los cascos. Cascos de un planeta exterior que se incrustan en las cabezas de las personas, enchufan el cd de Shakira y les absorben el cerebro por dentro. Los ves caminando en manada por el centro de la ciudad, cortando las calles: “Waka, waka, eh eh” Eso seguro que es de otro planeta. En serio, una chica en el tren se despistó un momento, el casco pilló un rebote y le comió una ceja. O eso o se había depilado con una cortadora de césped.

Así que los cascos enormes han llegado para quedarse, dominar la tierra y las orejas de las personas modernas que los llevan. Cada día proliferan más y aíslan más del mundo exterior a los que los llevan con el consiguiente peligro. No sólo porque un casco te muerda un ojo, que también; sino porque algún investigador canadiense intente averiguar el nivel de aislamiento y les pegue un susto de tres pares de cojones mientras oyen su música tranquilamente.

P.D: Aprovecho estas líneas para dar las gracias al inventor de los auriculares XXXXL por permitir que 1) No necesite Loctite y 2) Que aquellos que llevan el móvil con el altavoz encendido puedan ver a simple vista que existen unos objetos llamados ¡cascos! ¡Oh! ¡Maravilla! ¡Descubrimiento! ¡Llamen a Science! Ya lo saben.

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8 comentarios en “La invasión de los cascos enormes

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  2. Me ha encantado el post. Cuando he visto lo del RGB, me he quedado “O_o… noooo, otra vez me viene a destrozar!” (tuve que hacer unas prácticas en C para la NDS donde aparecía mi amado y bien ponderado RGB).
    En cuanto a los cascos, qué decirte, yo la verdad no era algo que me llamara la atención, pero mi novio me los regaló hace un par de meses.. y si soy sincera, no los uso mucho, sobre todo porque con los cascos normales creo que se escucha con más volumen.
    Pero como digo, estos cascos tamaño XXXL están muy bien como orejeras, y así haces un 2×1 de Cascos y orejeras xD

    1. ¡Me alegro muchas gracias! ^^

      El RGB es algo que yo toco cada día desde que empecé a trabajar, y eso que ya en gráficos de la carrera ya teníamos que tocarlo… Pero ya mismo puedo decir colores de la paleta RGB directamente en número XDDD
      Lo que dices es cierto, ¡abrigan que no veas en invierno! Estoy por patentar unos auriculares de material de las zapatillas de conejito para que abriguen más y encima te sirvan para la música XDD Si no es que lo ha inventado ya alguien antes…

  3. Sí es verdad, esos cascos enormes se han puesto de moda, con lo cómodo que es llevar esos pequeñitos (más fácil meterlo en un bolso) y no esos armatostes XDD

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