Cosas a hacer en un juego de miraditas en transporte público


«En las pelis se terminan casando,
en El mundo está loco no exactamente»

En el transporte público normalmente a uno no le da por hablar con desconocidos. Y el que lo hace habitualmente la gente lo mira como si fuera un psicópata. Sólo en casos muy concretos se habla con otros viajeros de forma espontanea. Por ejemplo, hay retrasos en el tren. Los comentarios son del estilo: «Hay que ver como está la RENFE» «Me cago en los muertos del revisor» o «Bailemos una sardana todos juntos ahora que tenemos tiempo». Cosas así. O también se suele hablar con los demás cuando ocurre algo especial. Por ejemplo una señora hablando por teléfono a viva voz como si hablase a través de yogures atados con un cordel. La gente se ríe, se lanzan miradas cómplices y se hace algún comentario jocoso: «El del otro lado del teléfono debe de tener el oído como una pasa a la plancha».


Pero en general la gente no se habla. No es la costumbre. Cada uno va a lo suyo. Su libro, su portátil, su música o el hombro del vecino que se aparta como puede. Pero lo que sí se hace mucho en el tren es mirarse. Todo el mundo se mira y se chafardea. Y a veces se entra en el juego de las miraditas: Persona del sexo opuesto. Te mira, la miras, te mira, miras a otro lado. Mira a otro lado con el reojillo. Tú también. De repente se cruzan las miradas. Mirada al cielo. Miras otra vez. Está a su rollo. Vuelve a mirar. Tú ya no miras. Y mira que te mira se te pasa la parada.


Y la cosa se queda ahí la mayoría de las veces. Pero ¿qué pasaría si hiciésemos otras cosas algo más creativas en un juego de miradas? ¿Y si no siguiéramos el rito habitual y probáramos nuevas alternativas? Veamos pues, las cosas a hacer en un juego de miraditas:


1. Quedarse mirando fijamente sin apartar la mirada ni un segundo. Sin pestañear. Seguramente apartará la mirada. Volverá a alzar la vista. Se asustará. Volverá a apartar la mirada. Tú te mantienes ahí. Termina cambiándose de sitio con la incomodidad. Puedes continuar la prueba levantándote y siguiéndola hasta su nuevo sitio sin dejar de mirarla. Los seguratas del tren también quieren divertirse de vez en cuando.


2. Si coinciden las miradas haces un gesto sexy con la lengua. Luego aparta la mirada como si tal cosa. Si vuelve a mirar guiña el ojo, saca la lengua, levanta la ceja a lo Carlos Sobera y haz que sintonizas la radio con tus propios pezones. Si sigue mirando hazlo todo a la vez muy rápido.


3. Levántate y enséñale el culo mientras dices: «Si te gustan mis ojos que me miras tanto, qué tal si me miras el ojo que te falta, tengo las pestañas rizaditas y todo». Ahora tendrás miraditas por doquier con las que puedes probar las dos primeras durante todo el viaje.


4. Levántate el jersey por encima de la cabeza, tapándotela, como el que anda horrorizado. Deja que los ojos puedan entrever por el cuello del jersey. Y mira a la otra persona a ráfagas. De golpe gira la cabeza hacia la ventana y vuelve a girarla hacia ella. Así durante cincuenta veces. Ventana. Chica. Ventana. Ch… Ventana. Chica. Vent… Chica. Ventana… Chica. Observa qué pasa. Ponte el jersey bien y sigue tu viaje como si no hubiera pasado nada.


5. Ponte a gritar como un loco: «¡¡Me está mirando!! ¡¡Me está mirando!! ¡¡He ligado!! ¡¡He ligado!! ¡¡Repito las cosas dos veces!! ¡¡Repito las cosas dos veces!!» Luego acércate e intenta darle un morreo a la persona en cuestión. Los seguratas siguen queriendo diversión a raudales.


6. Ponte a hacer guarradas de golpe. Sácate un moco de la nariz. Haz una pelotilla y lánzala al aire, abre la boca y cómetela. Ráscate el culo y huélete la mano. Saca la cera de las orejas y haz cerámica con ellas. Ráscate el pelo y los sobacos como un chimpancé. Todo con naturalidad, como si los humanos no hubiesen evolucionado jamás. Si aún hay alguien alrededor tuyo será todo un logro. O el tren va demasiado lleno como para moverse.


7. La última. Cuchichea con la persona que tengas al lado, la conozcas o no, mientras miras de reojo a la persona de las miraditas. Ríete a carcajadas. Sigue mirándola y cuchichea más. Ríete y señala a esa persona con el dedo descaradamente. Al cabo de cinco minutos deja de reirte, ponte a leer un libro y haz de golpe las seis opciones anteriores. Si consigues llegar a tu parada sin que nadie te eche del transporte, enhorabuena.


El mundo está loco no se hace responsable de los daños ocasionados a todos aquellos que intenten hacer alguna de estas opciones para entretenerse en el transporte público. Eso sí, mirad sin miedo a vuestros compañeros de viaje, pero pensad que en algún momento pueden saltar y hacer una de estas. ¡Nunca se sabe!

1 respuesta

  1. 21/01/2013

    […] Igual que cuando de pequeño nos tapábamos con las manos los ojos para escondernos jugando al escondite, estos hacen lo mismo: si no miro, no hay crisis. Y luego aconsejan a los demás de esta manera: Lo […]

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