Las gamberradas infantiles


Cuando van pasando los años nuestra memoria empieza a olvidar todas aquellas cosas que hacíamos cuando éramos pequeños. A veces, incluso, esta memoria nos juega malas pasadas y nos hace ver con poca perspectiva lo que pasa con los niños actuales. Muchos creen que los niños son más violentos ahora que antes, cada generación dice lo mismo: “Uy, si nosotros somos malos, los que vienen detrás… ¡Son lo peor!” En realidad no es tan exagerado, a pesar de los niños actuales con el síndrome del Emperador que dicen los psicólogos y a los que yo llamo sencillamente “pequeños dictadores”; los niños de antes también se hinchaban a hacer gamberradas infantiles.


Empezaremos con una de las gamberradas más inocuas de todas, pero que curiosamente a los niños les hacía una gracia inexplicable: picar timbres. La gamberrada consistía en ir caminando por el pueblo, picar un timbre cualquiera… Y salir corriendo. Y ya está, y esta es la noticia. Eso resultaba la mar de gracioso. Supongo que ya el acabose debía ser cuando podías hacerte pasar por espía y conseguir entrar en un portal gritando la contraseña mágica: “Correo comercial”. ¿Algún grupo de espías ha usado alguna vez esa contraseña secreta? Si lo ha hecho, ha tenido que ser la CIA de Lepe, sin duda.


Algún niño, eso sí, con más mala leche de la cuenta, usaba algún palillo de dientes u objeto similar para dejar el timbre enganchado y que no dejara de sonar. Eran la pesadilla de los serenos, nunca mejor dicho.


Otra gamberrada infantil muy típica era la de llenar globos de agua y lanzarlos desde algún lugar alto a los transeúntes. Los globos de agua normalmente suelen ser pequeños, pero en una gamberrada infantil es como en una orgía a la fresca: vale todo. Así que los niños cogían globos normales y los llenaba de agua igual. Y a bombardear a los peatones cuales francotiradores apostados en un tejado. Normalmente no podían estar tirando globos mucho rato porque era fácil detectar de dónde salían los artefactos: la curiosidad de un niño es mucho mayor que su maldad, con lo cual al lanzarlos necesitaban ver cuál era su obra. Un señor con traje, una abuela con un pastel en la mano, un policía local de servicio… Todos empapados y mirando hacia arriba. ¿Y qué veían? Unas risas infantiles asomándose por un balcón que salían corriendo para dentro para que no les pillaran.


Pero dentro de lo que cabe estas gamberradas eran bastante suavecitas. Que te caiga un globo encima, a no ser que sea uno aerostático con su cesto y sus personas, no hace mucho daño. Que te piquen el timbre fastidia, pero tampoco hace daño. ¿Pero una piedra lanzada con tirachinas? Eso ya es otro cantar. El tirachinas, para el que no lo conozca, no es un actor porno chino. Es un palo, metálico o de madera, en forma de Y al que se le une una goma elástica a ambos lados. Se coloca una piedra en la goma, se tira para atrás para que coja impulso y zusssf, se suelta y tenemos a alguien sangrando en el hospital. O una paloma seriamente herida. No se sabe quién empezó antes, si los niños o las palomas, pero hay una guerra abierta sin duda entre ambos colectivos. Puede que las palomas algún día dejen de cagarse en las cabezas de la gente, pero no será antes de que firmen una tregua.


Para acabar queda por comentar otra de las gamberradas infantiles violentas. Estas, más que gamberradas eran juegos violentos. Eran los llamados barullos. Un barullo según la RAE es una confusión, un desorden y una mezcla de gentes. Un barullo era eso, pero solo para el que recibía. Una confusión de no saber de donde vienen los palos. Era básicamente pegar a alguien porque sí entre un chorro de niños. Para no hacerlo de forma tan evidente existía el juego caño-barullo que quería decir, si te hacían un caño jugando a fútbol: pillabas. La estrategia para no pillar si no eras bueno jugando a fútbol tenía que ser la de no jugar (evidente), o bien la de no abrir las piernas bajo ningún concepto (más evidente aún). Cualquier otra opción significaba recibir un barullo sí o sí.


Pero gamberradas infantiles seguro que hay muchas más. He definido lo que vendrían a ser las más típicas o aplicables a casi cualquier niño en cualquier lugar, pero en realidad estoy seguro que muchos de vosotros hicisteis o visteis algún tipo de gamberrada infantil que no he mencionado y seguramente es mucho más malvadamente ingeniosa. Y es que los niños, aunque a alguna gente le pueda parecer algo nuevo, siempre han tenido sus maldades.


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5 dicen la suya

  1. lopillas dice:

    Jajajja qué recuerdos leñe! Lo del timbre debe ser universal. Tengo tantas yo. A ver una tonta como la de los globos pero en versión niñas. Mi vecina vivía en un bajo que daba a las ramblas donde había mogollón. Asomábamos los pies descalzos por la ventana y saludábamos ¬¬ Pues nos partíamos el culo! :D ay la pardillez, si todos sabían que eran las del 2º izq jajjaja.
    Y después estaban los retos: ¿a qué no eres capaz de? Pedir peta zetas en el kiosco haciéndote pasar por sordomuda. Hacerte la niña perdida buscando la calle en la que te encontrabas y terminar diciendo que era para un programa de vídeos. Aquí las que se descojonciaban eran las que miraban, claro! Que más de una vez salía el kiosquero a darte un cholazo jajja.
    La verdad es que todavía seguimos siendo unas gansas ;)

    He pasado un buen ratillo leyendo tu entrada y recordando buenos tiempos como el abuelete jejej. Gracias mil
    Besotes

  2. Juan L. dice:

    Al "caño-barullo" acá se lo llamaba "Tuli-patada", recuerdo que una vez un amigo (imaginate si era enemigo) me propició una patada "made in van damme" y así obtuve el primer esguince en uno de los dedos de la mano. No fue el último, unos cuántos años después una broma cruel (que disfruté muchísimo haciendo) me costaría otro esguince producto de un pelotazo que intenté bloquear xD.

    Y lo del timbre acá denominado "timbre-raje" lo hice no hace demasiado tiempo, estaba deambulando (con un grupo considerable) y ligeramente ebrio, entonces los agarré a todos desprevenidos, toqué y sali a correr. La reacción y reflejos de los ebrios son dignos de filmarse siempre.

  3. dra jomeini dice:

    Mi padre siempre me dice que se alegra mucho de que , por lo menos, me haya salido un hijo tan gamberro como lo era yo.
    Creo que la mayor que hice fue dejarles una nota diciendo que estaba harta y que me iba de casa. Después, me escondí en un armario y me quedé tan ricamente dormida. Cuando salí, mis padres habían llamado a la policía.
    No te puedo contar la bronca que me cayó encima…

  4. morri dice:

    lopillas: Gracias a ti por tus anécdotas. Lo de pedir algo haciéndose el sordomudo jamás lo había oído, nunca mejor dicho. Vaya piezas :P

    Juan L: Cuando se va borracho es una forma curiosa de volver a la niñez. Se terminan haciendo este tipo de cosas… Yo he visto cada cosa hacerse con borrachera… He visto mearse DENTRO de un asiento de una moto. Con eso te lo digo todo y no creo que sea una broma especialmente graciosa para el que abrió el asiento al día siguiente… XD

    dra. jomeini: Me imagino, me imagino. Con lo que sufren los padres, simular una escapada tiene que ser bastante chungo. Los pobres estarían despesperados buscándote, aish qué juventú :P

  5. EC-JPR dice:

    @dra jomeini:
    JAJAJAJA Por curiosidad… ¿qué años tenías cuando se la hiciste? Desde luego, ¡les acortaste la esperanza de vida en varios años!

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