Las conversaciones de bar entre parejas

JAJAJA me río, pero me cae fatal el novio de tu amiga JAJJAJA

JAJAJA me río, pero me cae fatal el novio de tu amiga JAJJAJA

Una tarde apacible un sábado cualquiera. Tú y tu pareja quedáis con amigos en común que vienen a su vez con sus respectivas parejas. Os sentáis, pedís unas tapas para compartir, unas cervecitas y empezáis a charlar sobre la extraña levedad del ser, el sentido de la vida y el origen del Universo. Ay perdón, eso fue el otro día que llamaron los testigos de Jehova y les di conversación; no, vosotros os ponéis a hablar – por típico que suene, pero termina pasando – de coches y zapatos.

Hoy en día esto no tiene porque ser así, ojo, que he escuchado más de una vez en el gimnasio a muchachos postadolescentes hablar del último potingue que recomiendan para realzar su tupé (algún día hablaremos del retorno del tupé) o lo tersa que tiene la piel del capDe todo. Pero sigue pasando. Los hombres se ponen a hablar de sus intereses y las mujeres de los suyos. En la misma mesa. Bajo el mismo aire. Y las conversaciones, por arte de magia, ¡no se entrecruzan! ¿Cómo es posible? Es increíble como aunque tus palabras floten en el aire por el mismo camino por el que van las palabras de tu novia, los machos de la manada son capaces de filtrar los tonos y escuchar solo lo que dices tú. Excepto en una ocasión: tetas.

Probadlo chicas. Probad un día que os encontréis en esta situación de múltiples parejas y conversaciones cruzadas a decir de forma aleatoria e inconcreta: tetas. O mejor aún. Por un casual, mencionad de pasada que “uy, pues últimamente he notado que me están creciendo las tetas”. Ese filtro especial que solo dejaba pasar las ondas auditivas que emitían los machos, de repente acaba de sufrir una perturbación en la fuerza, una distorsión del espacio-tiempo y una activación de las feromonas que hace que la conversación masculina termine abruptamente y se oiga un sonoro: “¿QUÉ?” Y claro, los ojos del novio de la susodicha como platos o como melones. La charla ya no será lo mismo en toda la tarde y los hombres desearán más detalles: “CAPASAO”. Probadlo.

Eso sí, en el lado contrario no ocurre. Si a algún hombre se le ocurre mencionar la palabra pene o cimbel matutino en un momento al azar del coloquio es posible que no haya ninguna distorisión del espacio-tiempo, a no ser que a fuerza de repetirlo alguna chica salte y diga: “Qué marranos” Y sigan con lo suyo manteniendo el filtro de voz intacto. ¿Pero cómo funciona ese filtro? ¿Cómo somos capaces de distinguir la conversación que nos interesa de la que no? ¿Hay alguna universidad canadiense en la sala que lo pueda explicar? ¿Qué pasa si aplicamos una nueva variable y ponemos una canción pegadiza de fondo? ¿Podrían mantener la conversación con Camela sonando por los altavoces?

Preguntas que brotan de mi mente que seguramente quedarán sin respuesta y no me dejarán dormir. Pero lo más complicado de todo es cuando te “toca” hablar con los de tu sexo porque tu pareja está muy enfrascada en ese ghetto conversacional que se ha formado y tú intentas evadirte de ese filtro y meter baza en el otro lado. Te sientes fuera de lugar, como un paria intentando escapar de su destino. Porque por mucho que quieras opinar sobre el color de zapatos que mejor le queda a tu novia, como sueltes un “pues ese gris no te favorecía nada” te mandarán a tu sitio ipsofacto: “¿Pero tú no estabas hablando de fútbol, eh? Pues hala”. Y a lo mejor la conversación, por mucho que sea un tema que te guste, está yendo por derroteros de cuñadismo. Ojo ahí.

Porque quedar en pareja puede ser peligroso: los novios/as de los amigos/as de tus parejas son cuñaos en potencia. No serán tus cuñados, pero tienen los mismos dejes. No hay la misma confianza que con un amigo si dice una burrada. Un amigo tuyo puede ser un cuñadazo del copón que le das una colleja y se acaba la historia. Pero con las parejas de las parejas etcétera puedes no alcanzar ese mismo nivel de confianza y un día te suelta que Messi no puede ser el mejor del mundo porque es bajito, feo y salta poco y claro: “Cariño, esos botines no te quedaban nada bien”. Antes de que nos den las bravas. Pasa en las mejores familias.

3 dicen la suya

  1. 30/03/2015

    Información Bitacoras.com

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  2. 09/01/2016

    […] las palabras. Podemos hacerlo, ¿por qué no? Así que lanzo una pregunta, ¿cómo llamáis a una pareja que viven juntos pero no están […]

  3. 07/10/2016

    […] es, como podéis observar en los resultados el NO ha ganado a los que sí espían a sus parejas. Hay que decir que hay algunos noes que lo son porque no pueden físicamente. O bien sus novios/as […]