Ponerse alcohol en las piernas


«Hijodemialmademividaydemicorasoonn, ¡ponte alcohó!»

Las madres suelen tener costumbres bastante extrañas. Ninguna sigue una lógica, o por lo menos ellas no la saben; sin embargo todas repiten las tradiciones tal cual sin pararse a pensar por qué lo hacen. Una de ellas era la de poner alcohol en las piernas cuando llegaba el verano y nos empezábamos a poner pantalones cortos. Y no queridos lectores, no me refiero a echar whisky encima de las piernas escanciando alegremente, no. Que no estaba la cosa para malgastar el whisky. Luego te paraban por la calle los borrachos del barrio a lamerte las piernas. «¡Fuera malditos pederastas!» «Pero si es por el whisky… Slurp, slurp» En realidad lo que te ponían era alcohol puro, de 96º para más señas. Aunque a los borrachos del barrio ya no les venía de ahí.


Así pues, al empezar el veranito ibas a buscar tus pantaloncillos cortos para salir a la calle a jugar con tus amigos. Y de repente al ir a abrir la puerta aparecía tu madre corriendo con un bote de alcohol en la mano. Imaginaosla a cámara lenta y con voz distorsionada: «Niiiñooouuuuuu, el alcooohhhooouuuooollll» Y tú: «¿Qué pasa? ¿Me he hecho una herida y no me he enterao?» Y no, te cogía, abría el bote y empezaba a restregarte con el alcohol -que todo sea dicho, estaba frío- y te dejaba las piernas brillantes. Que como a alguien se le ocurriera fumar a tres metros tuyos salían ardiendo. Que pasa alguien al lado por la calle y piensa: «Pues va a ser verdad lo del cambio climático, cuánto calor que hace que hasta a los niños les arden las piernas».


No sé hasta qué punto estará extendida esta tradición, pero en mi entorno cercano era algo habitual. ¿La razón? Pues ninguna. He intentado documentarme sobre el tema, pero no hay absolutamente nada. Le he preguntado a mi madre, la experta en frotaciones alcohólicas pierniles, y no lo tiene claro. Los posibles motivos:


«Poner las piernas más fuertes». Ya se sabe, el alcohol no sólo te desinhibe, sino que te hace creer más macho. Por lo visto el de 96º aplicado a las piernas te convierte en una especie de Hulk de poder supremo que al pisar la calle en verano evita que te hagas heridas. Un niño sin costras en las rodillas es un niño sano (y raro de ver), y con el alcohol: adiós costras. Y si te las haces, imposible que se infecten ya que ya vienen impregnadas de nuestro querido producto etílico. Todo son ventajas.


El otro motivo era el de «evitar resfriados». Que como todo el mundo sabe los resfriados se producen por los poros de las piernas. Sobre todo los que tienen que ver con dolores de garganta. Por todos es conocida la famosa angina de pantorrilla, de alta virulencia en verano.


Por suerte llega la adolescencia y te crecen los pelos en las piernas. Y las madres, por no hacer un mejunje extraño, dejan de ponerte alcohol. Supongo que siguiendo la misma lógica chamánica de las madres, los pelos de las piernas pueden ser una alta protección contra las famosas infecciones de garganta veraniegas. Si os depiláis, queridos metrosexuales y ciclistas, debéis saber que vuestras piernas no estarán suficientemente a salvo hasta que no os las frotéis con alcohol.


Así pues, a partir de ciertas edades la única manera en la que puedas ver a un chaval con alcohol en las piernas es porque alguien le haya tirado el cubata encima. Quién le iba a decir, mientras se limpiaba sus pantalones piratas, que su amigo el borracho estaba haciéndole un favor y evitándole un resfriado asegurado. O transformando sus gemelos en cocoteros.

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