Las máquinas de aperitivos

Hay hambre, no es hora de mirar las kilocalorías de los aperitivos

Hay hambre, no es hora de mirar las kilocalorías

Las máquinas de aperitivos, diréis. Quizá penséis de mí que escribo sobre cualquier cosa que existe en el mundo por nimia que sea. Bueno, no seré yo quien os diga que no. ¿Quién os iba a decir que hoy, precisamente hoy, que no tiene nada de especial, leeríais un post sobre esos dispensadores de tentenpies que nos salvan la vida de vez en cuando? Pues fíjate tú que os habéis encontrado con ello. Este post es, pues, un homenaje a esas máquinas de snacks que consiguen que podamos comer fuera de horas antes de que el hambre nos invada y no nos deje pensar.

Que a mí me pasa. A mí me pillas en esas horas muertas entre el desayuno y la comida, me preguntas como me llamo y te contesto “calamares a la romana”. No puedo pensar en otra cosa. Es en esos momentos donde una máquina de aperitivos se la juega. Aunque según qué máquina no es excesivamente variada y todo lo que tiene no es apto para dietas ni operaciones bikini. Absolutamente todo lo que puedas encontrar ahí engorda. Bueno, técnicamente como se suele decir: la comida no engorda, engordas tú. Pero ese es otro tema.

No hay absolutamente nada sano ahí, incluso las cosas que ponen “integral” son hipercalóricas. Chocolatinas, patatas fritas, chocolatinas con crema, crema, patatas con crema, que dices, ¿cómo es posible? Pues también. Bollería industrial, bollería con crema, palmeras de chocolate, palitos y… Bocadillos. De esos que tienen pinta de caminar solos si les das un empujoncito. Eso es lo que se suele encontrar. No, no hay verduritas, lo siento.

Algunas tienen hasta condones. No se comen, como mucho se chupan.

Algunas tienen hasta condones. No se comen, como mucho se chupan.

Pero a mí lo que me fascina de estas máquinas no son sus alimentos, sino la forma de colocarlos. Pongámonos en situación, para aquellos que no habéis visto nunca una máquina de estas. Los alimentos se colocan en unas repisas que a su vez tienen unos separadores de forma circular. Estos separadores se mueven hacia delante para dejar caer el producto y quedarse parados justo antes de que caiga el siguiente. O no. Que a más de uno se le ha quedado enganchado justo antes de caer y los golpes a la máquina se han escuchado hasta en China. Que una vez en mi trabajo, uno se mosqueó tanto con la máquina que montaron un ring y se pelearon. En cinco asaltos ganó la máquina. Por agotamiento del contrincante.

Que yo paso miedo, ojo. Que ves moverse lentamente el separador hacia ti y no puedes evitar pensar: “A que se para antes el hijoputa, a que se para antes” Y sufres. Por ochenta céntimos. Pero sufres. Aunque lo mejor es aprovechar aquel snack que se quedó clavado al pringado del párrafo anterior escogiendo justo el que estaba arriba para que caigan los dos a la vez y ganes un 2×1 por tu cara bonita. O bien se quede enganchado junto al otro y termines perdiendo contra la máquina en cuatro asaltos que ya viene calentita de la anterior pelea. Un desastre.

Eso sí, cuando lo consigues es una victoria sin precedentes. Es más, luego vas y se lo cuentas a todo el mundo. “Eh, que he conseguido dos por uno en la máquina, mola eh” Y todo el mundo. “Sí hombre sí, cállate un rato y siéntate eh, siéntate. Tranquilo, ves. Ya está” Mientras te acarician el pelo suavemente. Aunque si lo que ha pasado es que has encontrado la máquina de Coca-Colas de al lado con el Free mode activado y dispensa bebidas gratis… Todo el mundo que va a por una. ¡Latas gratis! Marca España, el país de la honradez, claro que sí.

Ahora que ya estamos en situación de cómo son las máquinas y cómo es la humanidad, veamos cómo son los colocadores de snacks. Unos seres malvados, todo sea dicho. Por una razón fundamental: ¿por qué los productos más frágiles siempre son los que están más arriba? ¿No sería lo normal ponerlos abajo del todo? Pues no. Te encuentras con que un día escoges una palmera de chocolate y lo que te encuentras es una salsa de migajas. Lo que ha venido a llamarse una palmera deconstruída. Que la idea de Ferran Adrià vino de ahí. Fijo.

Pero aún así te importa tres bledos. Aún es pronto para comer, o estás en plena hora de la merienda y para la cena queda un cojón. Tienes hambre y no sólo te comes la palmera deconstruída sino que lames el papel si hace falta. Cuando el hambre apremia, el dispensador estará ahí para salvarte. Y cuando apremie mucho… Ponte los guantes y prepárate para el combate. La máquina lo dejará a medio caer. Ley de Murphy.

8 dicen la suya

  1. Patri O. dice:

    Por no hablar de la horrible indecisión que te causan las máquinas expendedoras con el “qué me cojo, qué me cojo”, y ya si estás ahí dudando y ves que se acerca alguien la presión es tremenda xD

    • morri dice:

      Pues que se esperen :P A mí me da miedo equivocarme y en vez de cogerme la chocolatina que toca, cogerme una light por equivocación. Un desastre.

  2. Rodolfo dice:

    En verdad el separador no va hacia delante simplemente gira! ;)

  3. Lalaith dice:

    A mí una vez me pasó algo muy curioso. Fui a una de estas máquinas, introduje el dinero y apreté el botón de lo que quería (creo que era una chocolatina). El precio era 1€. El separador empezó a girar, la chocolatina cayó, REBOTÓ en la parte de abajo de la máquina y se metió otra vez dentro del separador, pero en una hilera en la que el precio era de 1’20€. Juro que sucedió así. Osea que no sólo me robó a mí 1€ sino que al que finalmente la sacara se la vendió 20 céntimos más cara. Mi cara de gilipollas seguro que fue épica, menos mal que no había nadie más alló para verla.

    Saludos!

    • morri dice:

      Ostras, pues es el primer caso que veo de chocolatina con resorte. Es un caso especial sin duda. O eso o la chocolatina había hecho vida propia en la máquina durante los siglos que llevaba allí esperando un comprador. Quizá te quedaste sin chocolatina y salvaste tu salud :P

  1. 27/02/2013

    Las máquinas de aperitivos http://t.co/DzopkK4UuG

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