Comer frutos secos en el bar

Generan hambre sin tenerla
Cuando acudimos a un bar – si ya hemos superado la fase adolescente de ponernos ciegos diez minutos después de pasar la puerta – nos bebemos una copa o dos según las ganas y la economía de cada uno. Si mientras hacemos eso, nos quedamos ocupando una mesa durante dos horas, al dueño del bar se le hinchan los cojones. A veces hasta literalmente. Y explotan y lo ponen todo perdido, un desastre. Cuando lo aguantan con resignación, mientras ven como los clientes nuevos se van porque el bar está lleno, usan una táctica ancestral: Poner frutos secos encima de la mesa. Porque pegar garrotazos dejó de estar bien visto en el siglo XIX.
Aprovechando que somos golosos por naturaleza en cuanto nos ponen por delante algo gratis, nos colocan unos cuantos frutos secos en un cuenco pequeño para que vayamos zampando. Todo esto forma parte de un plan maquiavélico minuciosamente preparado basado en una premisa fundamental: los frutos secos dan sed. Oh. Un pensamiento brillante. Así pues no ponen los frutos secos justo al pedir la primera copa, no. Los barman más avispados colocan “el Bol de la Sed” cuando la copa está llegando a su fin. Y me estoy volviendo pureta porque digo “copa” en vez de “cubata”.
Eso sí, no contaban con la astucia de los más tacaños de la ciudad. Esos que se están muriendo de sed porque el sabor de los kikos y cacahuetes les está abrasando la garganta, pero en vez de pedir una nueva copa… ¡Se beben el hielo derretido del vaso! Los ves ahí apurando una gota más… Solo les falta coger una pajita y sorber haciendo el ruidito brrsssgbbbrr que tan agradable es para el oído. Deberían hacer una canción del sorbo. Georgie Dann en sus mejores épocas lo hubiera hecho: “¡El sor-bito! ¡El sor-bito! ¡Como me gusta! ¡Tan sorbidito!” El caso es que para este tipo de clientes tacaños los camareros lo tienen todo pensado: frutos secos picantes. Ya tiene que ser tacaño para que deje que su garganta se le ponga en carne viva antes de pedir ni tan siquiera un agua. “Frutos secos con wasabi camuflado, nunca falla” Que dirá algun barman experimentado.

La mayoría de la gente sucumbe y pide la segunda copa. Haciendo del ofrecimiento gratuito de frutos secos un negocio la mar de rentable. La cuestión es que muchas veces metemos las manos en esos frutos secos sin saber de donde vienen. ¿Cuántos de vosotros habéis comido de un cuenco de frutos secos que estaba ya antes en la mesa? Que vienen los quicos ya resobaos y pegajosos de las distintas manos que han pasado por ahí. Como la de ese amigo que tiene la manía de coger un puñado, guardárselos en la mano y cuando se le termina el hambre abre la mano y te dice: “No quiero más, los dejo ahí para vosotros”. Ala, el cacahuete sudado. Más saladito que nunca. En sus mejores supermercados.

No sólo hay cacahuetes y kikos, eso sí. Hay algunos kikos que sufren de gigantismo y están enormes. Hacen que cuando mastiques uno retumben las paredes. Y también hay garbanzos. Sí, aunque la gente los ignora y los deja ahí, muriéndose de asco los pobrecicos. Que algunas veces, en un claro caso de desesperación, los propios garbanzos han levantado un posavasos y han escrito: “Nacimos para ser comidos, ¡racistas!” Pero en realidad solo sirven para ser lanzados de mesa a mesa cuando el aburrimiento hace acto de presencia. Y luego está el fruto seco misterioso. Que es alargado, plano y la gente lo mira con desprecio. “¿Esto qué es?” “No sé, déjalo ahí con los garbanzos, alguien se lo comerá, alguien con mucha hambre” Y ahí que quedan abandonados.
Y ahí se quedan, en el Bol de la Sed, junto a esos cubatas con el hielo deshecho, excepto del de los amigos tacaños, acompañados al cerrar el bar. Siempre y cuando no aparezca alguien tiquis miquis y le dé igual comerse unos garbanzos abandonados. Pero si la gente no se come los garbanzos es por lo que voy a decir ahora. Aparece el camarero y… ¿Tirará los garbanzos a la basura? Seguramente sí, porque… ¿No los irá a poner en la bolsa con los demás frutos secos, no? ¿Verdad que no? ¿Verdad? No creo, ¿no? Pensadlo mientras os coméis uno de esos cuencos. O mejor no.

5 dicen la suya

  1. Opendoor dice:

    Excelente artículo, Morri!
    Quedé con pesar de los pobres garbanzos abandonados… Pobres, nadie los quiere (Buen ejemplo de discriminación).
    Al parecer el barman es un estratega fantástico a la hora de ganar dinero.
    Te sigo leyendo. Bye bye!

  2. fossie dice:

    jo tio, hace poco me encontré en una situación similar. El barman nos puso un cuenco de esos y la verdad es que no pensé que sería una estrategia pero veo que si que lo fue.

    Nos pusieron pipas saladas!!!

    jejejejej

    muy buen artículo

  3. morri dice:

    Opendoor: Muchas gracias! :D Tendremos que hacer una asociación contra la discriminación de garbanzos. La ACDG.

    fossie: Muchas gracias ^^ Pipas saladas sí que no lo había visto nunca. Pero es muy evidente. Si ya te lo enseñaban en el Theme Park, el juego de Pc de hace años, si ponías patatas fritas con mucha sal luego la gente compraba más refrescos :P

  4. fossie dice:

    Así es Morri, si al final todo esta inventado. Yo vi un documental hace ya algún tiempo sobre "snacks" y donde los comerciantes decían que para vender más patatas fritas o cualquier otro tipo de snack tenían que ponerle cierta cantidad de sal. Cuanta más sal más adicción.

    La verdad es que lo de las pipas era un poco peñazo por eso de tener que estar pelandolas pero vamos que parece ser que eran más baratas que el resto de aperitivos.

  5. Nuria dice:

    Joder no escribas tanto q hay que leer demasiado!
    Bueno, te mando un besito, con 6 años de retraso xd

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