La sombrilla que siempre vuela en la playa

¡Muy buenas! Vaya, ¿hay alguien por ahí? Sí, he estado un poco ausente durante estos últimos meses. Dos motivos fundamentales: estrés en Julio, exceso de relax en Agosto. Cosas que pasan. Pero se acaban las vacaciones y vuelvo a aparecer por aquí. ¿De qué tengo que hablar? Pues de un tema que me fascina cada año que voy a la playa: la sombrilla voladora.

sombrillas vuelan caos

Las sombrillas migratorias

Todos sabemos que poner una sombrilla en la arena parece fácil, pero igual no es apto para todos los públicos. Como por ejemplo para aquellos que no han sido agraciados con la lógica y el sentido común. Por eso escribí en su momento un manual para domingueros – ahora que me he convertido yo en uno me viene fantástico – en el que os explicaba cómo poner una sombrilla. Bien, está claro que debo ampliarlo y crear un pequeño manual real en papel porque no hay quien me haga ni puñetero caso.

Porque igual no lo sabéis, pero todos estamos en riesgo cuando vamos a la playa y la culpa no la tienen ni las medusas, ni las olas, ni siquiera los masajistas chinos que te dejan la espalda como un barco pesquero: llena de nudos. No. Los peligros reales están en las sombrillas voladoras que pueden convertirte a ti, querido playista o playero, en un magnífico pincho moruno; o por qué no decirlo, en una de esas fantásticas copas de bloody mary que hacen en chiringuitos de postín. Con tu sombrilla colgante del pecho y sangre a borbotones. No queremos eso.

El caos de la libertad

El caos de la libertad

Pero pasa. No hay día con viento que no haya algún dominguero que haya colocado la sombrilla apuntando al lado contrario del viento y no haya sido capaz de enterrarla en la arena como es debido. Así pues, la sombrilla rebelde abandona su puesto de guardia y vuela hacia otros lugares más bellos. La sombrilla es un objeto aventurero y juguetón que no se conforma con la vida que le dais. Ella quiere volar libre, abandonar la opresión del suelo y buscar nuevos parajes donde insertar su afilado palo. Como por ejemplo el hombro de un guiri despistado que jugaba a palas feliz de la vida.

He descubierto en estos días que las sombrillas son versos libres, antisistema, que luchan por cambiar por completo su triste vida de tapar el sol a domingueros. ¿Qué haríais vosotros si os comierais el sol de mediodía con lo que aprieta y quema? Pues aprovechar cualquier ráfaga de viento para escapar, qué menos. La sombrilla que vuela es un reducto de rebelión, que demuestra que el sistema tiene pequeños fallos y los guiris son el daño colateral desgraciadamente necesario para la conquista de la libertad. Eso, o que alguien les diga a esos señores que aprieten fuerte, ¡que no cuesta nada! ¡Al fondo, muchacho! ¡Apriete! ¡Oprima a esa sombrilla! ¡Coártele la libertad! Por el bien de los bañistas y sus hijos.

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  1. 21/08/2016

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