Ir a un paintball

paintball fail

“Debí mirar las instrucciones”

Últimamente es bastante habitual que cuando vas a celebrar una despedida de soltero o un cumpleaños termines con un “morao”. O varios. Porque no hablo del típico “morao” como sinónimo de ir “ciego”, sino literalmente morado por todo el cuerpo. Es una señal clara que en la celebración habéis pasado por un paintballa guerrear como buenos soldados de la pintura, como por ejemplo.

Hace un tiempo fui a un cumpleaños así. El cumpleañero nos invitó a un campo de paintball para que nos hicieran un cuadro abstracto sobre los monos que te prestan allí. Lo primero que aprendí en cuanto nos parapetamos con el mono, la pistolita y las gafas de buceo es que si alguna vez tengo que ir a la guerra, seré el típico que enseña la foto de la novia y muere a los dos segundos de empezar la batalla. Porque igual que en el paintball, si tú eres inexperto en batallas no puedes ir al enemigo a pedirle que olvide lo aprendido en todas las anteriores que lleve a cuestas. No me dejaron ser “azúcar”.

Parece fácil, pero no. Apuntar, disparar y no ser visto no se hace sin entrenar. De ahí que no manden a nadie a una batalla sin al menos haber tocado un fusil primero. Pero tú vas al paintball de novato y es muy probable que pilles por todos lados. Así que en la siguiente partida, para al menos aguantar un poco más: ¿qué mejor que parapetarse en zona segura y hacer de francotirador? ¿Y si te vas moviendo entre la maleza e intentas acabar detrás de las líneas enemigas en plan infiltrado? Yo lo intenté, asomé la cabeza un poquito y de repente todo lo vi de color azul. Mis gafas estaban pintadas. Así no “jubo”.

Por suerte para mí había varios campos de combate porque esperar fuera y ver cómo los demás se disparaban entre sí no es muy divertido, así que para el siguiente intenté ser más precavido. Y aguanté hasta casi el final. Incluso atrapé a un osado que intentó rodearnos por detrás alcanzándole con el sexto o séptimo tiro que lancé. Sí, no juego a shooters por lo mismo: mi puntería es muy parecida a la de El Dioni borracho. Al final terminé con morados en las piernas tras una incursión a lo loco bajo las líneas enemigas. En una guerra no me lo verán hacer, como mucho me encontrarán en enfermería alegando ansiedad. Que se maten los demás.

La experiencia eso sí es frenética y divertida. Y cansada. Las pistolitas pesan aunque no lo parezca y te hartas de correr. Haces unos cuantos paintballs al mes y te pones fuerte y todo. Ni running ni leches. A pegarte tiros de mentirijilla que pican, pero no duelen. O no mucho. Bueno, depende.

Y si os pilla en Madrid, aquí tenéis un paintball.

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  1. 27/10/2014

    Información Bitacoras.com

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