Mami qué será lo que tiene el 40 Latino


Originalidad. Esa palabra no les debe sonar demasiado a los bares de mi pueblo. Bueno, a los de mi pueblo y a los de, creo, la inmensa mayoría de los locales de ocio del país. No abunda. Aparte de lo que es ser original el simple hecho de montar un bar. Que hay un local nuevo y lo más probable es que sea un bar o una inmobiliaria, y en mi barrio tenemos de sobras de ambas cosas. Los bares nuevos, en vez de innovar y hacer algo nuevo para destacar entre el montón que te puedes encontrar en cada esquina, todos siguen el mismo patrón: terraza y 40 Latino. Y sino hay terraza, 40 Latino. ¡Que no falte!.


Y ahora no se libra uno ni de coña, que antes al menos pensabas: “Ojalá no tengan el Digital + y nos libramos del 40 Latino”. Pero ahora ni eso, que en la plataforma digital terrestre también está y así no hay manera de evitar esa plaga. Y aún suerte que no han descubierto el Canal Andalucía, que es como el 40 Latino, a todas horas que la pongas hay alguien cantando… O está el Juan y Medio, pero eso es aparte. La cuestión es que con la oferta de canales musicales que hay… ¿Por qué todos ponen siempre el 40 Latino?


Si dijeras que los videoclips son buenos… Pues vale, pero que me pongan a Camela volando en una especie de espacio sideral con su organillo danzante y las dos tías cantando. Porque sí, que Camela son dos tías, y además gemelas. Algún día sabré diferenciar quien de los dos canta a cada momento porque yo creo que no es que tengan la misma voz, es que son la misma persona doblada. El primer caso de clonación humana con bigote postizo. Luego aparece un videoclip de los Caños que ni te acordabas de su antigua existencia y detrás otra canción de un tío que no conoce ni su madre. Que por cierto, cuando se dice que a alguien no lo conoce ni su madre, se imagina uno la escena: “Señora María del Carmen Bermúdez, tengo una buena noticia y la otra mala. La buena es que su hijo es cantante y gana más dinero que pidiendo en la calle, la mala es que es cantante de ritmos latinos y baila de forma hortera”. Y la madre: “¡¡OOohh, nooo!! ¡¿Qué hicimos maaall?!”.


Pues ese tío, gallego de pura cepa (por decir algo), canta con ritmos de América del Sur, que nunca hubieras dicho que ese tío fuera a hacer de Ricky Martin cuando cantaba rianxeiras en casa, pero en fin. Lo hacen. Y seguidamente un surtido de canciones que nunca habías escuchado y que probablemente nunca querrás volver a escuchar. Lo más curioso de todo es que el maldito canal ejerce sobre los asistentes al bar una especie de atracción hipnótica que hace que todo el bar esté mirando absorto un video de reggaeton con treinta tías en bikini y tanga en la playa. ¿Por qué será?


A pesar de todo, aunque no hayan tías en tanga en el televisor, la gente se queda enganchada mirando como si esperara que de un momento ahora pusieran por fin una canción decente. Ilusos ellos. Ya se pueden dejar los ojos rojos mirando fíjamente la pantalla que lo más decente que podrán ver será un anuncio en el que ponga 40 Latino, 24 horas machacando la gente. O algo así. Un día de estos tendré que hacer una investigación de campo y preguntar en cada bar por qué leches ponen siempre el 40 Latino, no atraerán a la clientela por la tele, está claro, porque todos tienen lo mismo. Tampoco los atraerán por el precio de las bebidas, que eso es otro tema, pero bueno. Al fin y al cabo, ¿por qué vamos a los bares? Ahora que lo pienso…


En fin, que si no es mucho pedir, ya que no nos ofrecen unos precios dignos del mileurismo imperante. Que por cierto, ¿quién ha dicho que todo el mundo cobra mil euros? Aún les ha salido bien la jugada y la gente piensa que de verdad la juventud cobra mil euros, cuando la realidad es que si llega a mil euros también se puede dar gracias. Total, que me enrollo. Ya que los precios incorporan el sable incrustado de regalo podrían currarse el ambiente un poco. 40 Latino no, por favor. Piedad.

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