Quedarse dormido en hombros desconocidos
Tengo un hombro de eficacia contrastada que permite sueños profundos a toda aquella persona que se pose sobre él. Hubo una vez que se me posó un loro y en vez de cagárseme encima como cualquier pájaro que se precie, se quedó grogui en un abrir y cerrar de ojos. Lo que no sabía es que además, mi hombro, está imantado con algún tipo de hormona especial que atrae a toda persona sobada que se siente a mi lado en el tren. Cual imán atrae a los metales, mi hombro atrae a las cabezas durmientes de forma que se balancean forcejeando en pleno sueño intentando evitar la colisión final. Y lo evitan, por ahora.
Qué situación esa de quedarse dormido en el tren. Es inevitable cuando hay sueño, pero es ridículo de por sí. Esas babas cayéndose como cataratas del Niágara y esas bocas abiertas de par en par. Más de uno se ha despertado en el tren como si le hubiera matado a besos un rebaño de vacas. Cuánta baba. Y cuánta mala baba la del que se sienta delante y observa el espectáculo con una risa burlona. «Maldita sea, tendría que haber traido la camara de fotos» piensan. El problema es que dormirse de pie o sin apoyo alguno es altamente complicado. Ni siquiera Michael Jordan puede por mucho pie que tenga. Así pues, la gravedad hace su efecto y la cabeza cae lentamente…

Porque tal y como hay un imán que atrae a los durmientes, hay una especie de fuerza sueñeril que ejerce una fuerza contraria para evitar el choque final. Si los físicos buscan la fórmula que unifique las leyes gravitatorias y cuánticas, que aprovechen para unificar la ley del sueño profundo en transporte público a ver si es la clave de todo. ¡Nunca se caen! Es la extraña fuerza que crea las cabezadas, esos golpecitos de cabeza que da la gente cuando se duerme y que parece que todos estén soñando que están en la final de un mundial y están rematando un corner.

Yo os doy varias opciones:
1. Pagarle a los músicos del tren a que le pongan su mega-altavoz en el oido y le canten una serenata.
2. Darle una colleja con el último libro de Ken Follet. Seguro que duele mucho.
3. Ponerle una cinta con ronquidos de morsa para que sepa lo que se siente.
4. Hacerle fotos y colgarlas en Internet. Así en general, Internet.
5. Comprarse una almohada para hombros Terapy Pillow Shoulders Plus, o algo así tendría que existir.
Si todo esto no funciona siempre te puedes levantar, dejarle el sitio y que soben agusto, una mantita y a disfrutar. Aunque también puedes enseñarle que los japoneses en esto también nos llevan ventaja y que sus situaciones durmiendo en lugares públicos son de lo más inverosímil. Para muestra, un botón:
[Japos durmiendo la mona]
[Japos como troncos]
[Japos fritos]
Un marrón, dormirte en un sitio público, encima de quien sea, es un marronazo.
Un abrazo
jajaja otra solución darle un trompetazo en el oido y ver como salta del susto!! jajaja y claro.. grabarlo xa ponerlo en internet!! jaja no creo q se vuelva a dormir…
Nosotras mismas: Sobre todo si hay manguis cerca…
Mary: Sí, o gritar fuego a viva voz. ¡Fuego! ¡Fuego! A ver qué hace.
Esto me recuerda a hace un par de años, estando yo en un bar heavy, sentada en un banco descansando un poco y un tio k se debia haber metido de todo lo habido y por haber, empezaba poco a poco a tumbarse sobre, hasta que al final paso, y yo ahi sin poder moverme y el otro no se despertaba ni de koña, con la cantidad de ruido que habia en ese bar …….
Eniasua: ajajaja, qué situación. En esos casos el cubo de agua helada funciona a las mil maravillas
Me he sido entretenido y muy gratificante leer esta entrada, por lo menos, ya se que no soy el único al que le ocurre.
Gracias por publicar algo tan entretenido.
SALU2.
Gracias a ti Kile XY ^^
Yo como no viajo en tren.. a mi solo me ha ocurrido una cosa.. se que va circulando por ahí una foto mía sobando en el bus con la boca abierta como un lagarto al sol…
Saludets!
Yo quiero dormir en tu hombro.