Los juguetes Montessori
Hoy es un buen día para hablar de juguetes. La Navidad se acerca, hace meses que empezó en Vigo – donde instalan el aparataje navideño en bañador y chanclas – y desde hace un par de semanas todas las calles nos anuncian, con carteles luminosos dignos de varias centrales eléctricas de consumo, que no debemos olvidar sacarle humo a nuestra tarjeta de crédito.
Si sois padres modernos, de estos que están al día y revisan cuentas de Instagram de pedagogos expertos, habréis notado que en los últimos años una sección nueva de juguetería se ha ido abriendo paso ante vuestros ojos: los juguetes Montessori.
Y algunos os preguntaréis: ¿qué es esto? ¿Una nueva marca? Teníamos antes los Playmobil, los Lego, los Sylvanian Families, los Tente y ahora ¿Los Montessori? ¿Es algún tipo de muñecos nuevos o una colección de pedagogos de principios de siglo XX que el primer fascículo es un euro y los siguientes un órgano vital?
Pues no, amigos míos. Por lo que he podido entender de los catálogos de juguetes de estos días, juguetes Montessori es un cajón desastre que significa: juguete de madera.
Si esto fuera un vídeo en vez de un post, ahora nos vendría muy bien un sonido de scratch de disco y un pequeño rebobinado: ¿pero quién era Montessori? ¿Un descendiente de Pinocho? ¿Una especie de árbol perenne que crece en los montes italianos? Nada de eso, ignorantes míos.
Montessori fue, en realidad, una señora que se llamaba María Montessori, una pedagoga que nació en el siglo XIX y a principios de siglo XX definió una metodología basada en la autonomía de los críos y la experimentación a base de objetos y materiales específicos para cada etapa del crecimiento.
La pregunta que me hago es: ¿cómo hemos pasado de todo esto a un teléfono de madera con forma de elefante por 69,99 euros? ¿Qué ha pasado ahí en estas décadas de conocimiento? ¿Cuál ha sido la cronología que nos ha llevado de una señora pionera de la pedagogía con ideas novedosas a un ejecutivo de marketing usando su nombre en vano para glorificar cuatro cajas de madera que hacías tú en las extraescolares de carpintería del colegio?
La respuesta, como casi siempre, está en nuestros amigos de la publicidad. Seguramente empezó con el afán de algún padre o madre profesor e influencer que debió empezar a expandir fuera de los colegios de pago las ideas de Montessori. Recordemos que no es nuevo, viene de principios de siglo XX, y para mí, de pequeño, que alguien fuera a un cole «Montessori» es que era un pijo de cole de pago. Pero a partir de la democratización, o expansión, de la idea de esta pedagogía concreta llegó la simplificación. Como cuando los productos empezaron a ser «Premium» y lo único que era premium era el sablazo. De acero toledano, vaya.
Y la verdad es que basta una búsqueda rápida en Google para que me dé la razón. Yo pongo en la barra de búsqueda: «juguetes Montessori» y la primera respuesta es «juguetes de madera» con el apellido de la pedagoga. Y el primer enlace es este de Lidl: un puto parking de coches que bajan solos. Al menos este caso es Montessori low-cost que te puedes sentir buen padre sin tener que empeñar un riñón. Hay otros juguetes de estos que dicen que fomenta la autonomía del niño, pero luego lo primero que necesitas es un adulto con destornillador. Destornillante.
La misma búsqueda en Amazon es otra trampa para padres despistados. Da igual lo que sea que signifique «juguete Montessori», ya no sabe uno lo que leches es. De ahí pasan de juguetes de madera de lo que llaman paneles sensoriales a piezas magnéticas de construcción. Pero quedémonos con los paneles sensoriales: son una manera de tener en un solo panel lo que ya tratan de estropear por la casa: cordones de los zapatos, interruptores, enchufes… Bueno, esto último no que un panel sensorial con un simulador de electrocutación infantil estaría mal visto. Eso sí, sería Montessori que no veas pues fomentaría la autonomía del niño, sobre todo si lo que quería era un peinado a lo afro sin laca ni peluquería.
Entonces: ¿por qué tanto empeño en lo Montessori? ¿Es lo que hay que fomentar hoy en día a los críos para poder ser buen padre? ¿Están jugando con nosotros y nuestra culpa? Hay una tendencia natural a querer «lo mejor para nuestros hijos» y de eso se aprovechan en muchos sitios generando modas y simplificaciones para que ser buen padre sea algo bastante «barato«. Todo lo barato que puede ser dejarte la extra de Navidad – el que la tenga – en juguetes con apellido.
Al final esto es un poco consecuencia de los tiempos. Los padres están, estamos, cansados todo el día. Abrumados por la mezcla de rendir en el trabajo y dar a nuestros hijos la mejor educación posible. Luego le enchufas el móvil a la primera que empieza a dar por saco en el restaurante como si el niño tuviera un botón de off que se llama Youtube. Pero esto no es gratis: esto va con culpa incorporada. ¿Cómo la superas? Comprando juguetes caros. Y si encima tienen metodología incorporada mejor que mejor. Pero no se han dado cuenta que el móvil igual era el juguete Montessori definitivo: fomenta la autonomía del niño, es caro, autodidacta e interactivo. Solo le falta una cosa: ser de madera.
P.D: Aprovecho que probablemente este sea el último post del año para desearos muy feliz Navidad y… ¡que tengáis un muy muy muy muy muy feliz 2026!


