La violencia en el fútbol… Infantil

¿Dónde habrá visto esto antes?

¿Dónde habrá visto esto antes?

En estas últimas semanas se ha hablado mucho de la violencia en el fútbol porque unos señores decidieron descargar sus frustraciones vitales entre ellos con resultados trágicos. A partir de ahí la liga de fútbol profesional ha empezado a multar a gente en los campos por propinar insultos a los futbolistas, sus madres y a cualquier persona con algún vínculo familiar. Lo que hasta ahora parecía normal en un estadio, ahora es punible. Lo que antes era un «tusmuertopisoteaohharbitrohijodputacabron» ahora va a ser algo así como: «¿Pero no ha visto usted vuesa merced trencilla de mis amores que el futbolista de mi equipo estaba en linea con la defensa contraria, lo cual nos hace deducir que no había fuera de juego y por lo tanto este gol en el último minuto que nos hubiera dado la Copa no es sino legal, en tanto en cuanto usted nos acaba de – presuntamente – robar en nuestra cara?». Sí, vamos a civilizar el fútbol.

Mientras nos proponemos convertir a las turbas enfurecidas en seres con calma, sosiego y savoir faire – aparte de convertir a Manolo el del Bombo en Manuel el Pianista Virtuoso – quizá deberíamos enfocar nuestros esfuerzos en ese submundo futbolístico que se llama «categorías inferiores». Y ya no solo de la segunda y tercera regional, de la que nos habla Otis B. Driftwood con mucho tino en su blog; sino en esas categorías en las que juegan niños y en la que muchos de ellos terminan traumatizados por la actuación de sus padres. Los que no los cogen como ejemplo, claro.

arbitro_infantil¿Qué les pasa a los padres que van a ver a sus hijos al fútbol? Muchos de ellos se toman todos y cada uno de los partidos de sus hijos como un enfrentamiento a vida o muerte en el que está en juego su futuro. En este país tienes tres formas de medrar en la vida y ganar dinero: 1) convertirte en político corrupto; 2) que te toque la Lotería y 3) que tu hijo se haga futbolista de Primera División. Y ahí está tu hijo atándose los cordones de las dos botas a la vez y chutando al aire con poco acierto. ¿De quién es la culpa? Del árbitro, por supuesto. ¡Villarato!

Los padres gritan como descosidos y lo puedo decir de primera mano. Cuando he ido a ver jugar a mi sobrino he visto a más de una madre – Belén Esteban wannabe – que se desgañitaba en un lenguaje que podríamos definir como barroco. O rococó. O arameo, para qué engañarnos. Y cuando fui futbolista de alevines – con nulo éxito, sino aquí estaría hablando de mi último tatuaje en la pestaña derecha – vi cosas que jamás creeríais. Vi padres atacar a otros en llamas más allá de la séptima graderia. He visto Rayos-C salir de los ojos de madres hacia el árbitro en la puerta de salida del estadio. Todos esos momentos… En serio, la gente está muy mal.

Una vez un padre, por alguna razón inexplicable, oyó con su oído de superhéroe que otro padre en la grada del otro lado del campo de tierra había insultado a su hijo. Como no pudo soportar tal afrenta, salió desde el lado donde estaba el banquillo local, atravesó el campo – mientras el partido se jugaba, cual striker loco aunque por suerte iba vestido – y saltó, literalmente saltó un muro de unos dos metros y pico, hasta llegar a la otra grada donde le esperaba atónito el otro hombre para un duelo a espada al alba. Los demás lo intentaron separar y la cosa no fue a más, pero no sería la primera vez que se forma una tangana de los mayores en un partido de fútbol de alevines. Y los niños mientras tanto intercambiando fotocopias de Dragon Ball.

Hoy día la cosa sigue igual y quizá si queremos erradicar la violencia del fútbol habría que empezar por la raíz. Al fin y al cabo estos comportamientos enseñan a los niños que lo normal en un campo de fútbol es insultarse, pelearse y faltarse el respeto. Los partidos infantiles podrían considerarse de alto riesgo, sobre todo para la salud de los pobres árbitros que deben estar hechos de una pasta especial o son sordos. Y ya no digamos los de regional donde si pusieran controles antidopaje os puedo asegurar que más de uno daría positivo por todo lo positivable: en esas ligas lo raro es que en algún partido el árbitro no tenga que salir del campo escoltado por la policía. Mientras todo esto se arregla – quién sabe, cosas más raras se han visto – una recomendación: apunta a tu hijo a tenis. En la grada te obligan a estar callado.

2 Respuestas

  1. kosty dice:

    Yo puedo decir que lo he vivido en 3D. Des del terreno de juego, de pequeño y senior, como entrenador y hasta como árbitro en un torneo del Cuatro Vientos, sólo para ayudar al club, sin ninguna mala intención, y me han llegado a decir de todo.
    De echo, en esta tan especial temporada que estoy viviendo en la que estoy viendo como mi hijo va creciendo en el vientre de su madre, me planteo: ¿Qué voy a hacer si mi hijo en un futuro me pide que quiere apuntarse a fútbol? Con lo tóxico que llega a ser.
    En fin, esperemos que den con la clave para solucionar esto pronto, personalmente, no creo q sea precisamente la que se practica en estos momentos en primera división pues los mismos jugadores solitos, como ejemplos que son para muchas personas, podrían de sobras conseguir mucho más en mucho menos tiempo.
    Un abrazo a todos.

  1. 21/12/2014

    Información Bitacoras.com

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