El escaqueo, ese arte tan nuestro

Nuestro país está lleno de grandes inventos, todos con palo, como la fregona, el futbolín o el chupa-chups; pero si de algo podemos estar orgullosos de haber exportado al mundo entero es de la siesta y… Del escaqueo. Son dos deportes nacionales que no dicen gran cosa de nuestro país, cierto es; pero sí que dice mucho de lo que gusta aquí descansar, hasta el punto de haberlo convertido en prácticamente un arte. No todo el mundo sabe hacer una buena siesta y encontrarse bien luego, ni tampoco escaquearse decentemente sin ser pillado por el jefe. Eh, Martínez, mire detrás, su jefe le está observando. Sí, AHORA.
Pero como en todo hay clases. No todo el mundo se escaquea de la misma forma, supongo que va según la personalidad del, es un decir, trabajador. Tampoco se escaquea igual un oficinista que un reponedor; o un camionero que una prostituta, no es lo mismo. Que por cierto, ¿cómo se debe escaquear una prostituta? ¿Yéndose al lavabo en mitad del polvo? ¿Navegando por Menéame mientras realiza una masturbación? (Sin desconectar del todo, claro) Misterios.
Así que, como no podía ser de otra forma, tenía que clasificar los escaqueadores según su comportamiento en el trabajo. Seguro que a más de uno lo habréis reconocido rápido en vuestro lugar de trabajo, y quién sabe, a lo mejor vosotros mismos sois uno de ellos…
El jeta: Este es el escaqueador más mamoncete de todos. Normalmente una persona que se escaquea es prácticamente inocua para los compañeros a no ser que se acumule faena para los demás. Pero este no sólo hace que se acumule, te la encaloma directamente. El jefe le manda algo y seguidamente se acerca a ti y te dice: «Ey, que me ha dicho el jefe que limpies los lavabos» Y tú: «Pero si… Tengo muchas cosas que hacer, ¡estoy apurado ya lo sabe!» «Ah, no sé, es lo que me ha dicho» Y se va y te deja con el marrón. Fue el inventor de la llamada subcontratación, también deporte nacional en el país y causa de las mayores chapuzas que se hayan cometido. Mientras tanto, el jeta, se toca los huevos a dos manos y tan feliz.

El Internetero: Si no fuera porque existe Internet en el trabajo la gente que nos dedicamos a escribir en blogs no tendríamos ni una sola visita. O casi. Solo hay que ver las estadísticas de cualquier web en Agosto o en un fin de semana… Bajan una barbaridad. Estos son los usuarios más activos de Internet, los que menean noticias, comentan en Escolar, envían mails en cadena con PowerPoints o llenan el Facebook de notas y videos.


El caminante no hay camino: Es el trabajador con los gemelos más fuertes, pero no porque no pare de currar, sino porque no para de caminar hacia algún lugar indefinido. Siempre que lo ves va de un lado para otro, pero nunca lo ves hacer algo concreto. Si le dices algo te dice que va con mucha prisa. «Perdona, perdona, que voy apurao» Pero no hace absolutamente nada. Va al trabajo para hacer piernas, y ya está. Muchas veces adorna su coartada con un montón de papeles dentro de una carpeta que jamás verás lo que son. Seguro que si un día se le caen al suelo son un montón de papeles de periódico recortados. O folios en blanco de la oficina. Eso sí, requiere una alta dosis de morro y cierta velocidad en los movimientos o serán cazados.
Y hasta aquí hemos llegado con los currantes menos currantes de los trabajos. Eso sí, yo estaré eternamente agradecido a aquellos que se conectan a Internet en horas de trabajo. Es más, ojalá todos fueran así y no hubiera fumadores compulsivos, jetas, caminantes y diarreas. Hay que barrer para casa, oye.