Cómo evitar hablar del monotema

Cuánto tiempo, ¿verdad? ¡Pues he vuelto! He andado algo desconectado – aunque si miráis mi Twitter veréis que no tanto – y en mi tiempo libre dedicado a la escritura estuve creando un relato para un concurso que no fue ganador. Ooooh. Tengo pensado ampliarlo y hacer algo con él, así que quizá un día de estos ve la luz en forma de minicuento. El caso es que aquí estoy, de vuelta. No he sido abducido por el monotema del que os vengo a no-hablar hoy, aunque poco ha faltado.

Si no habéis estado debajo de una piedra de siete toneladas en los últimos dos meses ya no existe en la vida política y social española otro tema que no sea EL TEMA. Las cuestiones banales como el paro, la corrupción o los servicios públicos han pasado por fin a un segundo plano y lo que más importa en este país es qué bandera de colores rojos y amarillos te gusta más: ¿la que tiene más barras o la que tiene menos? Así pues, es prácticamente imposible mantener una conversación con algún conocido, amigo o allegado sin que el sempiterno tema salga a colación. ¿Imposible? ¡No! Una serie de irreductibles equidistantes trata de salvar sus amistades y relaciones familiares obviando el tema de formas variopintas. Veamos, pues.

La mejor manera de evitar sacar el asunto es tener algún tema de conversación en común con nuestros interlocutores. Principalmente porque la falta de ideas lleva inevitablemente al monotema que nos ocupa. Por ejemplo, te encuentras a algún conocido por la calle y le saludas efusivamente. Qué tal la vida, muá, muá, muy bien, todo bien, ¿y tú?, bien, etcétera. Entonces, por alguna razón no te vas de allí diciendo adiós y pretendes seguir la conversación. “Vaya tela lo del ciento cincuenta y…” “¡Lo siento pierdo el bus!” Usad vuestras mejores técnicas para evitar a muchachos de las ONG y huid sin mirar atrás.

Así que es importante tener temas de conversación con quién os paráis porque parece ser que el comodín es EL MONOTEMA. Es como el hablar del tiempo en el ascensor, pero a escala masiva. Lo bueno del tiempo es que es difícilmente discutible, pero con el MONOTEMA no sabes por donde te van a salir. ¿Por qué arriesgarse? Las señales que os deben hacer huir con mucha más velocidad es si no sabe pronunciar Puigdemont y dice Puchdemón, Puchi o Pokemón; si suelta como el que no quiere la cosa la palabra adoctrinar; o si habla de dictadura y franquismo seis o siete veces en la misma frase. Ante esto solo queda la opción de correr, no hay opción a cambiar de tema. Salvaos.

La huida es más complicada si nos encontramos en una comida familiar. ¿Quién no teme a la Navidad de este año? Va a ser el paraíso cuñado con unas elecciones tan solo unos días antes. La clave aquí puede estar en dos opciones: tener mucha comida a mano y llenar las bocas como si fuéramos a hacer foie de nuestros compañeros de mesa; o bien tratar de desviar el tema en cualquier momento. Si tu cuñado se prepara para dar su discurso de Nochebuena creyéndose el rey por un momento, pon la tele a todo volumen. Con un poco de suerte no sale Ferreras y aparece algún tema polémico y banal al que prestar atención.

Si no funciona, ya sea porque no hay nada interesante o porque Ferreras no desaparece de la pantalla ni con la tele apagada, hay que buscar alternativas: hacer que la abuela se atragante para crear un enemigo común. De repente la protagonista será ella y a nadie le importará si hay una DUI o si tu cuñada se ha puesto el DIU para no darte más sobrinos. La abuela es lo primero, así que métele sin pudor un trozo de albóndiga hasta la gargantilla y que empiece la fiesta de la espuma. Hay un riesgo inherente, pero tú querías evitar el monotema y ¡tachán! ¡Lo has conseguido!

La cosa se pone más complicada en el Whatsapp. Ya sabemos todos que los grupos del Whatsapp son el décimo círculo del infierno que Dante Alighieri olvidó mencionar, pero con el monotema se convierten en un castigo inimaginable. A cualquier hora del día te pueden poner de los nervios por un mensaje en cadena de dudosa procedencia y relación con la realidad. Y dos minutos después en otro grupo te puede llegar una fascistada que jamás creerías que leerías en un grupo al que tú perteneces. Por norma general, las peores cosas son las que recibes de grupos que no puedes abandonar para no quedar mal, así que lo más probable es explotar por un exceso de bilis. Recomendamos encarecidamente silenciar todos los grupos y marcar los mensajes como vistos sin mirar. A lo Ronaldinho. Ojos que no ven, úlcera que te ahorras.

El tema, como podéis ver, está complicado. La mejor manera que se me ha ocurrido para evitar este tema es irme a Honolulu sin conexión a Internet. El problema es que luego me empezaré a preocupar por la situación política y buscaré Wifi como un sediento en el desierto. Es la terrible contradicción del monotema. No queremos, pero no lo podemos evitar. ¡Que empiece la discusión! ¡Fight!

2 dicen la suya

  1. Patri O. dice:

    ¡Bienvenido de nuevo! Yo con los pacientes he hablado del tema mogollón de veces, pero en general son bastante sensatos (¿o equidistantes? jaja), bueno, que no se arma polémica, que es lo que importa. Yo de tantas opiniones que he oído creo que ya no tengo ni la mía propia, aunque tengo claro cuales no comparto xD. En fin, al menos has conseguido sacarle algo de gracia al tema, porque la verdad es que cada día da más rabia y tristeza todo esto.

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