Barcelona

Pocas veces he contado que uno de los motores que me impulsó a abrir el blog y escribir de cara al público fueron los atentados de Madrid del 2004. El blog empezó solo dos meses después. Aunque fuera para decir en su mayor parte tonterías y chistes malos. Es posible que las tragedias, cuando nos son cercanas, nos impulsan a hacer algo. Nos recuerdan que somos vulnerables, efímeros, en cierta manera insignificantes. En mi caso me impulsó a escribir y aún sigo haciéndolo, novela en ciernes mediante, por el mero hecho de trascender. Por llegar más allá de lo que mis palabras pueden decir. Por intentar que a los demás les llegue lo que tengo que contar y que de alguna manera lo recuerden.

Hoy Barcelona, la ciudad donde vivo, me impulsa a expresar mis sentimientos por escrito. Los dedos me duelen si no lo hago. Las Ramblas – un lugar por el que he paseado cientos de veces – ha sido atacado por la barbarie y la sinrazón. La sublimación de la estupidez humana ha arrasado con personas inocentes que estaban, seguramente, conociendo la ciudad. Las cifras no importan pues una sola vida segada por la injusticia es suficiente para quebrar sentimentalmente a familias enteras. Pasa en cientos de sitios cada día, duele y jode constantemente; pero cuando te toca cerca de casa de una manera en la que podría haber sido yo o cualquiera de mis amigos y conocidos, duele más. Te hace reflexionar, te entristece e inevitablemente te hace llorar.

Porque todos somos esa madre que abraza a su hijo, todos somos ese chaval que se agacha a ayudar y dar agua a un herido, todos somos esa persona atropellada por la maldad en su estado más puro. Es inevitable sentir esa cercanía. Lloramos y nos indignamos con lo que no entendemos. Mientras unos juegan a ese ajedrez llamado geopolítica y otros buscan sentido a su vida en cruzadas decimonónicas; los demás simplemente intentamos llevar a cabo nuestros proyectos personales; disfrutar de la compañía de amigos y familiares; luchar en nuestros trabajos; saborear un buen manjar; abrazar a nuestras parejas; divertirnos con cualquier chorrada. Simplemente tratamos, en toda la extensión de la palabra, vivir.

Para colmo las redes parecen inundarse de mensajes fuera de tono, racistas sin escrúpulos, periodistuchos nauseabundos, catalonófobos sin sentimientos que nos pueden hacer dejar llevar por la desolación y la desesperanza. Pero no son la mayoría. Creedme. No lo son. No hay que darles más publicidad a esos deleznables personajes y darles visibilidad a aquellos que hacen de este un mundo mejor. Gritemos un bravo por la esperanza, por los servicios de seguridad del Estado que evitan males mayores y corren en sentido contrario al que correríamos nosotros; brindemos por las enfermeras y médicos que atienden a los heridos; por los vecinos que abren sus wifis para que los turistas puedan contactar con sus familiares; de esos señores que bajan a repartir agua entre los afectados por una retención; por los que alojan a afectados en sus casas mientras pasa lo peor; por aquellos que claman a los cuatro vientos que no tienen miedo en Plaza Catalunya. Por todos ellos aún sabemos que existe la humanidad en toda su extensión. Quedémonos con eso.

T’estimo, Barcelona.

4 dicen la suya

  1. Lopillas dice:

    Todo mi cariño Morri

  2. janejubilada dice:

    Me has emocionado, Morri. Todos en estos días hemos sido Barcelona, una de las ciudades más bellas que conozco y que no se merecía haber sido señalada por gentes sin corazón. La reacción tuya y la de los miles de personas que se han manifestado contra la barbarie reconforta y conmueve. Un abrazo muy grande.

  3. morri dice:

    Muchas gracias, Jane. Un abrazo.

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