¿De dónde viene la pelusilla del ombligo?

Graham, el coleccionista de pelusas.

Cae la noche en Villa Morri. Llega la hora de ponerse el pijama tras un duro día de trabajo. Empiezo a desnudarme – oigo silbidos libidinosos, parad – y dejo al aire libre mi hermoso torso, ejem. Miro hacia abajo allí donde está mi tableta de chocolate en forma de huevo de Pascua y del hueco que tengo desde el día que nací surge un monstruo azulado. Por un momento temo por mi vida – hace nada vi Alien: El octavo pasajero -, pero enseguida me doy cuenta de que no es un extraterrestre con mala leche y mandíbula poderosa: es simplemente la pelusa de mi ombligo. ¿Cómo ha llegado eso ahí?

Juro que cuando me duché por la mañana allí no había nada. Simplemente el ombligo, usando algún tipo de magia ancestral, ha fabricado una bola peluda tan perfecta que ni el más experto de los escarabajos peloteros. Es como si mi cuerpo tuviera una máquina que solo funciona si yo no miro. Como si hubiera pequeños seres liliputienses que usaran mi ombligo como uno de esos aparatos que hay en la feria para hacer algodón de azúcar. Me imagino a los pequeños seres entregando con un palo ese sabroso manjar dulce y – en este caso – azulado. “Tenga, señora, pase un buen día” “¡Gracias! ¡Hoy viene con extra de, pfrt, prft, vello! ¡Fantástico y sabroso al mismo tiempo!” Sí, a esto es a lo que llaman tener una gran vida interior.

Pero por lo visto la cosa no va exactamente así. No soy la única persona del mundo a la que le preocupa la pelusa del ombligo. Hay varios científicos repartidos por el mundo que han dedicado investigaciones completas a descubrir la composición de la pelusilla. Es el caso de Karl Kruszelnicki de la Universidad de Sidney que en 2001 descubrió que las pelusillas eran una mezcla de fibras sobrantes de la ropa, vello y piel muerta. Descubrieron también que su color es debido a que hay más fibras de color azul en la ropa y que las mujeres tienen menos porque también tienen menos vello en el ombligo. Es decir, si me depilo el ombligo se acabó la fiesta del algodón de azúcar liliputiense.

Ahí no se quedó la cosa, pues otro científico en 2009 se dedicó a acumular pelusillas de su propia fábrica hasta las 503, ojo, para terminar concluyendo que además contenían células muertas, grasa y proteínas. ¡El alimento de los campeones! También terminó descubriendo que la ropa nueva generaba más pelusilla que la vieja, pues ésta está más desgastada y le quedan menos fibras nuevas con las que fabricar pelotillas. Además, confirmó que no es nociva para la salud, aunque tampoco recomienda basar la dieta únicamente en la pelusilla del ombligo a no ser que estés haciendo alguna dieta extrema paleolítica.

Así pues, ahora ya sabemos de dónde viene este misterioso monstruo que aparece de vez en cuando en mis pesadillas. No hay nada que temer. Las pelusillas son inocuas e indoloras. El sabor no lo podemos saber, pero ya os digo yo que no las voy a probar. Por muchas proteínas que contenga. Eso lo dejo para los liliputienses hambrientos, algo tendrán que comer cuando van a la feria.

Fuentes de los datos que doy, que no me invento estas cosas:
[Wikipedia] (Sí, hay una entrada de la Wikipedia con esto: ¿es para donar o no es para donar?)
[Xataka]

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