El calcetín que se pierde en la lavadora

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Hoy os traigo una historia desgarradora. Una historia de una tragedia familiar que sucede constantemente en casas de todo el mundo: la separación de una pareja. Las separaciones son duras y dolorosas porque cuesta cambiar los hábitos que has generado durante años y años de convivencia. Por eso cuando un calcetín decide abandonar el calor del hogar y desaparecer sin dejar rastro, hay otro calcetín que sufre por dentro el vacío del abandono. No hay pie que pueda rellenar ese hueco. Está solo. Abandonado. Saltando de cesto de la ropa en cesto de la ropa. Buscando su pareja por algún lugar.

A veces hay esperanza y el calcetín simplemente rondaba por el suelo de alguna habitación. Se había lanzado a la aventura desde el canasto de la ropa sucia y aparecía tres días después, escondido tras una puerta en el hueco ese que no miras porque no la mueves ni para barrer. Condenado a vagar solo entre pelotillas de polvo. Pero por fin vuelve al cajón con su pareja. Bueno, o con otro calcetín. El que fuera. Ya que cuando un calcetín se pierde, los demás convierten esa tragedia en una orgía: ahora van todos con todos y nadie es de nadie. Excepto el calcetín que sí sabe quién era su pareja y llora en su interior porque el nuevo tiene unos ribetes que no le gustan nada. Pobrecito.

Pero podría haber sido peor. Podría no haber aparecido nunca más. Y al final hay que poner carteles como el que ilustra este texto. El calcetín desaparece sin más. Ni siquiera deja una nota de despedida en plan: “Quiero cumplir mi sueño de convertirme en calcetín de Papá Noel. Que ahora todo el mundo está en el plan de cumplir sus sueños. O un simple aviso en plan me voy a por tabaco y ya volveré si eso. No, desaparece y no vuelve nunca más al calor del hogar dejando a pequeños calcetincitos huérfanos de padre. ¿Por qué lo hacen? ¿Hay una mano negra detrás de estas desapariciones misteriosas? ¿Existe el espíritu comedor de calcetines del hogar? Todo puede ser, hay gustos para todo en esta vida.

Porque ni siquiera ha dejado rastro. Podría imaginarse que la lavadora, en su ansia voraz devoradora de pequeños complementos del pie, se lo haya zampado sin mediar palabra. Ni siquiera con un pequeño eructo de hebra, nada. Ni se deshace el hilo ni hay pistas. El calcetín abandona el mundo físico esperemos que sin dolor. Aún algunos tenemos esperanza y queremos recuperar ese calcetín que un día entró en la lavadora y no volvió nunca jamás. Please RT #savethesock.

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  1. 03/09/2016

    Información Bitacoras.com

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