Fiestas de guardar: Moros y Cristianos de Lleida

Foto de la buena gente de Tuky's Travel

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Hoy os traigo un nuevo capítulo de la sección Fiestas de Guardar. Y vuelve a venir con otra fiesta popular de Lleida a la que he sido introducido – como no podría ser de otra forma y al igual que el Aplec del Cargol – por mi coscupiela, que para colmo este año era una de las protagonistas. El año pasado acudí como invitado a ver las comparsas desfilar por las calles de Lleida y después de casi vender mi alma por una espada, este año he desfilado yo mismo para poder explicaros de primera mano en qué consiste la fiesta.

Historia

Muchos os preguntaréis, ¿pero esto de Moros y Cristianos no lo hacen en Alicante? ¡Correcto! ¡Respuesta acertada! Pero 20 años atrás unos valientes leridanos decidieron recuperar una fiesta de la que la ciudad era pionera en realidad. En los pueblos alicantinos la fiesta ha perdurado hasta nuestros días sin apenas interrupciones, pero en Lleida se perdió. Después de mucho investigar descubrieron que ya hay documentos que datan las primeras fiestas de moros y cristianos en el año 1150 en la celebración de las bodas de Ramón Berenguer IV y Peronella de Aragón. En el siglo XIX se hicieron más populares, pero al entrar el siglo XX fue perdiendo fuelle hasta olvidarse completamente.

peronella_lleidaEn 1996 decidieron devolverle vida al centro histórico leridano y darle esplendor a la Seu Vella de Lleida que recientemente ha sido nombrada como Monumento Favorito de Catalunya. Poca broma. Lo curioso es que al volver después de muchos años y no tener que arrastrar dejes de sociedades arcaicas, la fiesta leridana es más inclusiva: la participación de las mujeres es muy amplia y en todos los estamentos de la fiesta; y las victorias se van alternando entre moros y cristianos dando pie a que cada año Lleida sea mora o cristiana. Esto sí que es la alianza de civilizaciones.

Como podréis imaginar, los bandos se dividen entre moros y cristianos y cada uno de los bandos consta de tres comparsas. Por el lado cristiano están los Urgellencs – a la cual tengo el honor de pertenecer -, Pallaressos y Anglesola. Y por la parte mora están los Musa, Banu-hud y Al·leridís. Cada uno con su historia, sus emblemas, su linaje, sus trajes históricos y todo lo que haga falta para representar el periodo histórico en el que los árabes y los cristianos convivían en la península y constantemente se peleaban – una forma eufemística de decirlo – por conquistar, en este caso, la capital del Segrià. Como se nota que no habían terracitas en condiciones para beberse un buen vaso de hidromiel al solecito discutiendo sobre si los templarios tienen financiación irregular o si los moros no paran de querer hacer recortes – de cabezas -.

La fiesta

Pero vayamos al meollo de la fiesta. Durante el año se hacen distintos actos que marcan lo que viene a llamarse “el any fester” (el año fiestero, traducción libre que encantaría a Kiko Rivera). Cada año se reparten las capitanías y cargos entre las comparsas que componen la fiesta. Por un lado los cristianos nombran a un capitán y a un abanderado de entre las tres comparsas – este año eran dos mujeres: Conxita y Roser (mi coscupiela) – y los moros nombran a su Saïda y su Raia, que también eran dos mujeres: María y Montse. En Moros y Cristianos, la máxima del grupo Coz a finales de los 70 es más evidente que en ningún otro sitio: las chicas son guerreras.

moros_mic2014Además, cada una de las comparsas cristianas nombra a su “Penó” y “Baró” que llevan su emblema y bandera allá donde hay algún sarao y los moros nombran a su “Alam” y “Xeic” que hacen lo mismo. Todos esos cargos duran un año de noviembre a noviembre en un acto que se llama “Mig-any fester” (Medio año fiestero, ya tú sabeh). Allí, en un acto solemne de mucho protocolo los cargos del año anterior dan paso a los que pringarán de pie más tiempo que los demás en el año venidero. Durante el año hay más actos como la boda de la Peronella – a la que aún no he asistido nunca, no me han invitado y bastantes bodas tengo ya este año (un día hablaremos de esto) – y también la “Festa del nou soci” (Fiesta del nuevo socio) donde se nos da la bienvenida a los novatos. De forma más suave de cómo me lo hicieron a mí bautizándome en plena comida de hermanamiento, en el nombre del penó, del baró y del espíritu del vermú. Amén.

Pero lo gordo está en el fin de semana que disfrutamos hace un par de semanas. Ahí está el fin de semana grande que suele caer a mediados de mayo. Si queréis ir os tendréis que informar de qué día cae exactamente el año que viene. Se reparte de la siguiente manera:

– 1) El sábado por la mañana es el vermú medieval donde se pone música de la fiesta y se come a la antigua usanza recordando los tiempos medievales donde las olivas se comían pinchando con el sable. Más incómodo, sí; pero eran otros tiempos.

– 2) El sábado por la tarde están las “ambaixadas” que no sé si se traduce como embajadas o parlamento. En él la abanderada cristiana le declara la guerra a la raia mora y se da el pistoletazo de salida a la fiesta. Como este año la protagonista tiene una relación afectiva con el que os escribe este texto, lo grabé en vídeo para la posteridad y aquí lo podéis ver. Lo subí a Youtube, pero aún no me he convertido en youtuber:

– 3) El domingo por la mañana se hace el desfile infantil, en el que todos vamos vestidos con los trajes de ir por casa de la época. Lo que se ponían en la edad media para ir a comprar el pan y la hidromiel. No digo bajar la basura porque entonces la tiraban por la ventana y sería una referencia apócrifa que diría muy poco de mi rigor histórico. En ese desfile participan los niños – cosa que no pueden hacer en el desfile de gala – y se presentan todas las comparsas en la plaza de Sant Joan tras haber paseado por toda la calle Mayor desde la calle Cavallers. Allí acabamos bailando el Ximo – es una marcha mora, no tiene nada que ver con el Bayo – todos juntos moros y cristianos en amor y compaña. La mañana termina con la comida de hermanamiento donde comemos, bailamos y cogemos fuerzas para la tarde. Que falta hace.

– 4) El desfile de gala. Las comparsas se ponen sus trajes más fastuosos y elegantes para el desfile que empieza en la Seu Vella de Lleida y termina en la estatua de Indíbil i Mandoni tras pasar y saludar al alcalde y a los cargos en el balcón de la Paeria. Entraré más en detalle en la sección “En primera persona”, quiero que sepáis cómo se siente desde dentro la fiesta y cómo se sobrevive al ataque nuclear de tus propios pies tras el desfile.

– y 5) Cuando el sol desaparece por el oeste, se desata la batalla final en la propia Seu Vella donde los vencedores del año anterior defienden – atención, spoiler – infructuosamente el castillo de los invasores. Este año le tocaba a los cristianos vencer y los moros defendieron con sus lenguas viperinas – pues la batalla es verbal – los muros de la Seu. También hay luchas de espadas, hermosas damas bailando la danza del vientre y fuegos artificiales hasta que por fin el castillo sucumbe ante la llegada de los conquistadores que deberán resistir bajo sus muros hasta el próximo año.

En primera persona

Este era mi primer año como Urgellenc de pleno derecho. El año pasado era el fotógrafo que daba por culo a las señoras que guardan sitio desde las 8 de la mañana. “Aparta mushasho que ereh mu arto y no veoh”. Aunque lo escriba así, lo decían con acento de Lleida, pero es que a mí el acento de las señoras siempre me sale en andalú. El caso es que este año no les molestaba puesto que iba concentrado y serio manteniendo el paso al ritmo de las marchas de la fantástica Ilerband. Ahí, en el centro de mi hilera, donde ponen al más alto, para meterme más presión. Si quedamos mal, el que más se ve soy yo. Y ahí estaba yo, tieso y serio. Marcando el paso. Sudando como un cabrón.

coscupielos_mic_espaldasPorque se suda. Se suda mucho. La fiesta es en Mayo, pero pareciera que la estuviéramos haciendo en Enero tras una nevada del copón. Porque vamos abrigados. Bien abrigaditos. Y es que claro, vamos a la guerra. Hay que ponerse cota de malla, hierros, espadas, escudos, casco y todo tipo de protecciones para que los moros no nos conviertan en – evidentemente – unos pinchos morunos. En mi caso, para colmo, me vistieron el primero que era el novato. Y llevaba desde las 5 de la tarde hasta las tantas de la noche vestido de caballero de los Siete Reinos de Lleida. Para estar guapo hay que sufrir, dicen.

Lo mejor de ser novato es que las botas no son tuyas. Como por lo visto suelen traer botas más pequeñas de lo normal, me recomendaron que pidiera un pie más grande que el mío; pero esta vez lo trajeron de verdad más grande. Así que era una mezcla de Jon Snow más Krusty el Payaso. Ya ni hablamos de la costurera que me hizo el traje de la mañana, que por lo visto me tomó medidas y pensaba que daría el estirón entre diciembre y mayo, así que me dejó unas mangas para que bailara una polka rusa. Pero nada importante que empañara la experiencia, las novatadas siempre existen y como uno es grande, ¡pues todo a lo grande!

El caso es que una vez armado y vestido como un buen caballero, nos fuimos a la Seu donde saldríamos en orden todas las comparsas. El desfile era precioso, había trabuquetes, arietes, caballos batidores, una ballesta gigante… Y las abanderadas y capitanas de ambos bandos iban con sus caballos majestuosos saludando a la multitud que se agolpaba en las aceras de la ciudad. Yo iba con mi hilera, sincronizándonos y marcando el paso al ritmo de la música y la sensación que te envuelve al salir de la mítica Porta del Lleó es indescriptible. Cuando lo ves desde fuera, no le das excesiva importancia; pero visto desde dentro es una vivencia muy edificante. El ritmo, los aplausos, el bullicio, la concentración, el paso, todo te entra por los poros y se dispara en los vellos. Tenían razón los festers veteranos.

batalla_2016Así pues, con el mismo paso, concentrados y bien juntitos desfilamos por las calles principales de Lleida, bajando por la empinada Cavallers, girando por la Avenida Blondel (o Avenida de Madrid, yo ya no sé, Google Maps me lía, pero es esa calle principal) y terminando como decía en el apartado de la fiesta en la estatua de Indíbil i Mandoni. Ahí es cuando mis pies cobran vida propia y esperan con impaciencia el momento en el que los libero del calcetín que se ha pegado a ellos como el papelito de una magdalena. En realidad con todo mi cuerpo se podía hacer Blutack para enganchar pósters en las paredes. Qué manera de sudar. Y eso que íbamos a paso lento. Eso sí, tendríais que haberme visto volver a casa. Como un caracol, dejando un reguero tras de mí y arrastrándome por el suelo. Pero nah, se lleva bien.

Luego participé en la batalla por cierto error de comunicación y de despiste absoluto, pero creo que cumplí mínimamente. Teníamos que salir de dos en dos y subir las escaleras como las abuelas. Izquierda-derecha-jé-jé, al ritmo de la música y con mucho cuidadito. Y luego levantar las espadas para animar a nuestra capitana a que venciera y liberara el castillo del yugo moro. El año que viene estaremos agazapados en el interior del castillo, rezando muy fuerte para que no nos profanen el juju. Pero eso es otra historia que tendrá que ser contada en años venideros. Este ha sido fantástico.

Agradecimientos y otras hierbas

Podéis encontrar más información en la web oficial de Moros y Cristianos de Lleida.
También he usado este artículo para sacar información: [Historia de Moros y Cristianos de Lleida]
Gracias a Roser por descubrirme este mundo, a Conxita Ripoll por su información de primera mano de la fiesta, y a Tuky’s Travel por la foto que encabeza el post. Si queréis ir el año que viene, montan unos viajes guiados la mar de chulos por Lleida. Son colegas, no me pagan por la publicidad pero me caen bien y son buena gente, echadle un vistazo y me contáis.
Y gracias también a los Urgellencs como Isabel, Lidia, Susana, Javier, Félix, Maite, Juanjo, Fernando, Beli, Jaume y otros muchos que me han acogido fantásticamente y me han hecho sentir parte de esta pequeña familia en muy poco tiempo.

urgellencs

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  1. 05/06/2016

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