Prev-gen (II): Thomas Was Alone

¿Os acordábais de esta sección? Sí, en Prev-Gen os hablaré de juegos que juego a destiempo, cuando ha pasado la moda y mejor aún, cuando las opiniones de los demás no deberían influenciarme. En el primer episodio de esta sección os hablé de Assassin’s Creed y he tardado un año en recuperar la sección. No está mal. Hoy toca Thomas Was Alone, uno de los juegos más sobrevalorados de esta generación. O de la anterior. O de no sé cual, porque cuando hablamos de juegos indies no sé cómo diferenciar las generaciones. Pongámonos gafas de pasta, pues, y hablemos del juego.

Míralo qué solico. ¿No te da pena? Quiérelo. Ay.

Míralo qué solico. ¿No te da pena? Quiérelo. Ay.

Tengo cierta tirria por la moda del minimalismo. Es superior a mí. Tanto en la comida, como en el arte, como en los videojuegos; me da igual. Quizá es que tengo alma barroca. O que no soy capaz de diferenciar cuando es minimalismo y cuando es una tomadura de pelo. Ya me puede decir que es comida de vanguardia, pero ese pelo de gamba no me va a saciar. O cuando es pura racanería o simple y llanamente pereza intelectual. Pero Thomas Was Alone tenía unas críticas espectaculares. El segundo advenimiento de Cristo en forma de rectangulito. Ni barba se puso para volver a la Tierra, como para detectarlo.

¡Está solo! ¡Que lo quieras, joder!

¡Está solo! ¡Que lo quieras, joder!

¿De qué va Thomas Was Alone? Os preguntaréis si jamás habéis tropezado por una web de videojuegos o habéis comprado el juego sin querer en un Humble Indie Bundle. Va sobre un rectángulo rojo de nombre Thomas que representa una IA de videojuego y pretende salir de su aburrida vida entre algoritmos y píxeles para descubrir el mundo exterior. Por el camino se va encontrando otros cuadraditos de distintas formas y tamaños que también tienen muchas inquietudes existenciales. Al encontrarse se hacen coleguis y allá que van a descubrir el más allá entre salto ortopédico y salto ortopédico.

Como hemos dicho, Thomas Was Alone es un juego minimalista con lo cual lo único que ves son unos polígonos sin gracia, carisma o empatía alguna por una razón fundamental: son unos putos rectángulos. No tienen ni ojitos amorosos de los cómics manga. Nada. Cero. Y como es imposible explicar una historia emocionante entre píxeles, plataformas rectas y fondos blancos pues hay un narrador. Un tío que de fondo te va contando que lo que ves es una historia emocionante. Eh, emociónate. Que es muy bonito. Mira ese cuadrado. Ay como sufre. Mira el rectángulo, sufre mucho también. Ámalos. Quiérelos. Sóbalos. Sólo que es imposible querer a un puñetero cuadrado. Es el Filete Conmovedor de los videojuegos.

Ahora como no lo quieres, se tira al mar. Culpa tuya.

Ahora como no lo quieres, se tira al mar. Culpa tuya.

Con lo cual al cabo de tres o cuatro narraciones empiezas a obviar al tío pesado que da el coñazo y pone letras en la pantalla que ensucian todo ese minimalismo. Déjeme jugar, tío brasas. Y ahí es donde a Thomas Was Alone se le ven todas las costuras. Bajo ese envoltorio de profundidad impostada reside un juego de plataformas y puzzles más bien flojete. Su principal virtud: es corto. Es decir, sentirás que pierdes tiempo valioso de tu vida jugándolo; pero al menos no demasiado. Thomas Was Alone es como ese yogur a punto de caducar en el fondo de la nevera: te apetece comerte la mousse de chocolate; pero mejor te acabas el yogur antes de que se ponga malo. Principalmente por eso lo terminé. En cuatro horas lo tienes listo y puedes comprobar si realmente es tan bueno como decían.

Ahora que llevo un par de días jugando a The Swapper, los defectos de Thomas Was Alone han aparecido en mi mente bien vívidos. Mientras The Swapper te engancha con su ambientación, su historia y sus puzzles desde un primer momento; Thomas Was Alone es un suplicio desde el principio. Tarda en arrancar 30 niveles. Y a pesar de que hay momentos brillantes a partir de ahí, resulta contradictorio que en un juego minimalista haya tanto relleno.

Así que si un día de estos miráis vuestra lista de juegos de Steam, esa en la que tenéis setecientos juegos comprados en rebajas de vete-tú-a-saber-cuando-y-que-no-te-acuerdas-que-tenías, y decidís darle una oportunidad que sepáis a qué ateneros. Diga lo que diga Metacritic.

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  1. 30/06/2014

    Información Bitacoras.com

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