La ardua tarea de vender un coche tuning de segunda mano

¿Otro post de segunda mano? Diréis, queridos lectores. Pues sí. Cuando escribí el anterior, se me ocurrió este y también lo escribí seguidamente. Lo quería dejar para más adelante, pero como estoy de mudanza – sí, otra vez – y no he tenido tiempo de escribir nada nuevo os dejo este que también es inédito y ya que estaba escrito era tontería dejarlo ahí escondido, al pobre.

En el sentido estricto es coche tuning. En el sentido estético querrías que te arrancaran los ojos con aceite hirviendo.

En el sentido estricto es tuning. En el sentido estético querrías que te arrancaran los ojos con aceite hirviendo.

Años atrás cuando el dinero brotaba de los sobaquillos de los obreros de la construcción proliferó un tipo de afición que a algunos fascinaba y a otros les parecía la sublimación de lo hortera: el tuning. Se podría decir que gran parte del dinero que surgía del mundo de la construcción terminaba en manos de chapistas y mecánicos que vivieron el descubrimiento de El Dorado Ado Ado. Retumba. Por el subwoofer. Pero oh, que llegó la crisis y hace falta el dinero. ¿Qué hacemos con el coche que tiene un perfil de rueda más fino que las cejas de una actriz de Hollywood y no tira ni para atrás? Toca venderlo, ¿pero cómo?

Tuning de andar por casa

Tuning de andar por casa

Cosa complicada teniendo en cuenta que está personalizado a tu gusto. Que puede ser bueno o malo, pero es tu gusto. A lo mejor te parecía bien tapizarlo de piel de cebra porque a tu novia la estilista le gustaba mucho. O ponerle Jenny y Jonhatan de piloto y copiloto podía parecer muy romántico, pero ahora Jenny ya no está desde que os peleasteis en mitad de la calle. Y te ha dejado su impronta en tu magnífico coche tuning. Por no hablar de ese alerón trasero de tres piezas que pegaba el coche literalmente al suelo. A lo mejor el nuevo dueño quiere poder coger un badén de la ciudad sin rascar o sin tener que pasarse media hora sorteándolo de lado. No todo el mundo disfruta creando retenciones.

Así que tienes dos opciones. La primera es mancillar tu obra de arte personalizada y empezar a quitarle todos los accesorios que le fuiste acumulando durante la época de MaxiTunning a tope y las concentraciones de los domingos. Cualquier cosa que creas que pueda no gustar al nuevo dueño debe irse fuera. ¿Alerón? Fuera. ¿Pegote de masilla en el lado? Limpiada. ¿Sobres de profilácticos en el cenicero? Un poco de por favor Jonhy, leches, ¿cuánto tiempo llevan ahí? Y así sucesivamente hasta dejarlo impoluto y por qué no decirlo, desangelao.

Usarlo de quitanieves es otra opción

Usarlo de quitanieves es otra opción

La segunda opción es dejarlo tal y como está e intentar venderlo tal cual. Y al que no le guste no se merece poner sus zarpas en tu volante con pelo de cebra. Suave y sedoso. Quizá el target dispuesto a comprar un coche tan, digamos, personal es limitado. Las posibilidades de venderlo se reducen a mínimos aunque siempre te queda la opción de rebajar el precio a lo loco. Y a unas malas si pones el anuncio en una web pones la foto del retrovisor, que te llamen y te quedas tan ancho. Entonces saldrá tu vena comercial y le convencerás de que no importa poder meter las maletas mientras puedas tener tres etapas de potencia, un subwoofer y setenta altavoces en el maletero.

Todo queda en tus manos. Nadie dijo que fuera fácil. El mundo del arte es un mundo duro e incomprendido.

2 dicen la suya

  1. 24/06/2013

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: ¿Otro post de segunda mano? Diréis, queridos lectores. Pues sí. Cuando escribí el anterior, se me ocurrió este y también lo escribí seguidamente. Lo quería dejar para más adelante, pero como estoy de mudanza – sí, otra vez – …..

  2. 29/11/2014

    […] de maquillaje hasta tal punto que cuando asoma alguna, parece una grieta de masilla mal puesta de coche tuning. Pero ahí está, con pose altiva y sexy guiñando el ojo a veinteañeros expectantes de emociones […]