Tengo setenta passwords distintos y no me aclaro

passwords

“Pido el comodín del público”

Internet, los smartphones, tabletas y demás artilugios han conseguido que cada vez necesitemos menos la memoria. Puedo ir tan tranquilo por la vida sabiendo que Facebook me avisará de los cumpleaños de mis amigos. Aunque hay algunos cabroncetes que no ponen el cumple ahí para asegurarse de que les felicitan los que de verdad se lo saben. ¡Qué poca consideración por los desmemoriados! También puedo ir tranquilo sabiendo que el móvil me avisará de pagar el alquiler a tiempo. Una vez hemos liberado nuestro cerebro de la estúpida tarea de memorizar, para poder usarlo para ingeniar cosas novedosas por ejemplo, Internet y demás nos han creado una putada enorme para que no olvidemos, valga la redundancia, que tenemos memoria y que hay que ejercitarla. Para eso se crearon todas las puñeteras webs que necesitan registro y nuestra mente paranoica que nos hace crear una contraseña distinta para cada una de ellas. Y ahí llega la odisea.

Llegados a este punto tienes dos opciones:

La primera es para las personas altamente descuidadas a los que la seguridad se la repampinfla. O que directamente no son conscientes del peligro. Yo veo a las personas que ponen 1234 como contraseña para su cuenta corriente como el tío que en Jurassic Park se baja del coche para ver los dinosaurios. Que lo ves venir, a ese se lo come un Tyrannosaurus. Y se lo come. Pues lo mismo, alguien con un 1234 tan alegre corre peligro de ser timado. Aunque seguramente los hackers al verlo tan fácil puede que incluso no toquen nada por pena. Lo que sí tienen estas personas es que viven muy alegres y felices. Allá donde se hayan registrado podrán entrar a la primera y eso no lo podemos decir todos.

Tan a la primera que es muy probable que estos sean ese tipo de personas a los que algún día termináis viendo en su muro del Facebook cosas como “me gusta comer mierda y la zoofilia y me he dejado la cuenta abierta en la biblioteca”. Esto pasa cada día en España.

olvidar passwordsVayamos a la segunda opción. Estás comprometido con tu propia seguridad en Internet y decides crearte una contraseña distinta – y si tienes huevos con un correo distinto – para cada web en la que te registres. No solo eso, sigues las pautas recomendadas por los propios creadores de la página y pones mayúsculas, minúsculas y números. Así que llega un momento en el que tienes una lista de tres o cuatro contraseñas que usas aleatoriamente según la web o el servicio. Entonces llegas a otro sitio web y resulta que la contraseña ha de tener 10 carácteres mínimo, llevar signos de puntuación y un carácter ha de ser en cirílico, otro en chino y el quinto ha de ser en árabe. Que dices, vale, seguridad sí; pero hasta cierto punto eh. Que no sé si estoy registrándome en una web o haciendo un puzzle de una aventura gráfica chunga.

Pasan los meses y vuelves a entrar en esa misma web. Incluso puede haber sido el día siguiente que cada uno tiene la memoria que tiene. Yo que soy Doris de Buscando a Nemo me lo tengo que apuntar todo. Luego entra alguien a mi casa y tiene los passwords para todo en un post it. Pero todas las contraseñas son muy seguras, eso sí. Con carácteres cirílicos y todo. Al caso. Que vuelves a la web y como es evidente no te acuerdas de qué contraseña escogiste. Pruebas varias de las de tu lista y tienes suerte de que no hay un bloqueo por número de intentos fallidos. Pero el bloqueo mental puede ser mayor y el botón “recordar contraseña” te salva la vida junto a un captcha que te hace dudar de si realmente eres un robot. Te mandan una contraseña nueva con un montón de números y letras, la usas para entrar, olvidas cambiar la contraseña por una que puedas recordar y vuelve al día siguiente sin haberle dado al guardar contraseña del navegador. Eres tan seguro que ni tú mismo eres capaz de superar tus propias barreras.

Para estos casos tan extremos y donde tus datos son tremendamente sensibles se inventaron las preguntas de seguridad. Han de ser difíciles para el que pueda intentar entrar por ti, pero no para ti. Pues no, es más chungo incluso para ti mismo. Es tan rara la vez que terminas acudiendo a la pregunta de seguridad que no te acuerdas de esa respuesta tan ingeniosa que nadie acertaría. No dejaste bien el mensaje escrito para tu yo del futuro. O probad un día de olvidaros la contraseña de Paypal. No hay bemoles a volver a entrar.

Y eso que las webs nos lo ponen fácil. Que en algunas te preguntan si lo que te olvidaste fue tu nombre de usuario, tu e-mail o tu password para que pruebes de recuperarlos de distintas maneras. Se puede dar el caso de que se te haya olvidado todo. “Yo juraría que estaba registrado en esta web, pero ni recuerdo mi usuario, ni mi correo, ni mi contraseña, y puede que ni el nombre de la web, ¿podrían mandarme los datos por telepatía, por favor? Es que he perdido también la cuenta de correo” Así no se puede ir por la vida.

Yo realmente, por mucho que haya escrito todos estos párrafos, no tengo ningún problema. Entro en la web y pongo ****** y me quedo tan ancho. Por suerte aún no hay formularios inteligentes y no te dicen gilipichis cuando intentas hacerte el gracioso así.

7 dicen la suya

  1. Rocio dice:

    Tan común como que ayer me di cuenta de que olvidé el correo que uso para facebook, así como la contraseña del Paypal.

    Y justo me has recordado la desgracia del Paypal.

  1. 19/03/2013

    Problemas del primer mundo. Tengo 70 passwords y no me aclaro http://t.co/mCATstcwDK

  2. 19/03/2013

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: “Pido el comodín del público” Internet, los smartphones, tabletas y demás artilugios han conseguido que cada vez necesitemos menos la memoria. Puedo ir tan tranquilo por la vida sabiendo que Facebook me avisará de los cumplea…..

  3. 19/03/2013

    Tengo setenta passwords distintos y no me aclaro http://t.co/HjE5vIhzNC

  4. 21/03/2013

    España: El mundo está loco : Tengo setenta passwords distintos y no me aclaro http://t.co/l7AtncNbp0

  5. 13/01/2014

    […] reconozco, soy una persona muy olvidadiza. O a veces creo que lo soy. Seguramente un psicólogo lo clasificaría como manía compulsiva, pero […]

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