Renovar el carnet de conducir

renovar carnet de conducir

¡Una ganga!

Una de las cosas que empiezan a hacerte sentir que te estás haciendo mayor es renovar el carnet de conducir. Eso sólo pasa diez años después de habértelo sacado con sudor, esfuerzo y varias caladas de motor. Si te llamas Dani Pedrosa y te estás sacando el carnet de yate esto no va por ti. Con un pinganillo en la oreja también os podéis sacar el permiso de conducir, pero procurad ser disimulados y no uséis cascos gigantes u os pillarán. De nada. Como todos sabréis, sino sois unos jovencitos en plena pubertad, el carnet cuesta un cojón, un riñón y un trocito de hígado. Y a alguna le ha costado la virginidad. No conformes con darnos el sablazo con los precios, antes de poder examinarnos nos hacen un chequeo médico. Para ver si estamos capacitados para conducir. Aunque después de sodomizarnos con la factura, será difícil sentarse al volante.

Como el Estado vela por nuestra salud como nadie, COF COF, qué tos más tonta. Como el Estado vela, COOOFFGH COOOFFHGH. Perdón. Como el Estado no sabe cómo sacarnos los cuartos, ay mira, qué pronto se me ha quitado la tos diciendo así la frase. Como decía, el Estado nos hace pasar por una revisión cada diez años para comprobar que seguimos estando bien para conducir y que no representamos un peligro en la carretera. Eso sí, cada diez años. Si tú al día siguiente te quedas manco, la revisión la tienes pasada y total, si un taxista puede conducir con un brazo, tú también.

permiso carnet de conducir

El mío aún era este clásico

Y tampoco quiero dar ideas, porque a lo mejor me lee el ministro de Interior y decide poner la revisión anual y hasta ahora no lo he dicho, pero la broma son 90 euros. Todo esto no sería tan grave si nos hicieran un chequeo médico de verdad. Nunca viene mal pasar por los doctores, revisarte todo lo revisable y ponerte al día en salud. Pero resulta que no. El chequeo se podría resumir en: “¿Fumas?” “No” “¿Bebes?” “Los findes” “¿Tienes alguna enfermedad mental?” “Eso de ahí son dragones, ¿no?” “Bien, está usted capacitado, son 90 euros, ñam ñam, bbassfhhh, gggg” Lo de salivar es cierto como la vida misma.

Pero no me voy a quedar en ese resumen, que en la revisión médica nos comprueban muchas cosas. Sería injusto con los médicos que trabajan allí decir que lo único que nos hacen son un par de preguntitas y una factura. Así que veamos las tres pruebas: jugar a videojuegos, adivinar letritas y levantar el bracito. Voy a ser un poco más explícito:

La primera prueba consiste en ver como estás de reflejos y de coordinación. Así pues te ponen una Atari 2600 de los años 80 y dos mandos. Uno para cada brazo. Si tienes tres brazos puedes sacarte los mocos mientras. Son unas palanquitas que al girarlas mueven unas palas con píxeles como culos de Chenoa. Digamos que los videojuegos HD no han llegado a las revisiones médicas. El caso es que tienes que mantener las dos palas (¿son coches?) por una carretera marrón y si te sales un poco del circuito suena un pitido altamente estridente. Jugabilidad regulín. Gráficos retro. Duración muy limitada. No tiene modo online ni puntuaciones. Le pongo un 5/10.

carnet de conducir videojuego

"Quiero uno pa' mi nieto"

Casi conseguí un perfect, pero la doctora no quiso darme la puntuación ni decirme si había ganado. Sólo me dijo que pasara a la siguiente sala y que me callara, so friki. Agaché la cabeza y me fui, pensando como podría tener una máquina como esa en mi casa. Cuando me saqué el carnet pasé la misma prueba y detrás mío entró uno que creo que no consiguió poner el coche pixelado por la carretera ni una sola vez dejando a la doctora sorda de tanto pitido. Ese chaval pasó la revisión. Y está por ahí, conduciendo, como si tal cosa. Y bajando la media de puntuaciones en cualquier videojuego online. Un desastre.

La segunda prueba es la de la vista. Sinceramente, me la podrían haber hecho antes, porque si estás cegato perdido no ves nada en la prueba del videojuego, pero bueno. El caso es que te hacen mirar por una especie de microscopio y aparecen al fondo unas letras. Voy diciendo lo que voy viendo intentando descifrar el mensaje que están queriendo mandarme. “Llame a Robert Langdon – le dije a la doctora. “No entiendo absolutamente nada, podría ser un mensaje en clave del Santo Grial”. “Limítese a decir las letras y cállese de una puñetera vez señor graciosillo” – me contestó. Acerté todas las letras una por una. Tampoco me dieron premio ni caramelo. Y después de hacerlo, DESPUÉS, me preguntó si llevaba lentillas. Si las hubiera llevado tampoco hubiera importado lo más mínimo, seguía teniendo la tarjeta de crédito en la cartera.

La tercera y última prueba era la de las legendarias preguntas sobre mis hábitos y/o vicios. Fumar, beber, el rollo de siempre, parafraseando a Extremoduro. Te toman la tensión que viste mucho y luego te hacen la prueba auditiva. Que debe de ser nueva porque no recuerdo haberla hecho en mi época de yogurín. Ahí te tienes que meter en un pequeño habitáculo, te pones unos cascos y has de levantar el brazo si oyes el sonido que te ponen. Hubo uno que tenía una tendinitis en los hombros y le dijeron que era sordo. Un lío. “¡Que no puedo levantar los brazos, que me duelen!” Indignado el hombre. Y nada, le compraron un sonotone y pagó 90 euros igual.

Total, que terminas la pruebas, pagas religiosamente cumpliendo con tu deber como ciudadano y te vas a tu casa feliz, con la sensación del trabajo bien hecho y sabiendo que estás bien sanote. Qué tranquilo que te deja una revisión de estas. Pero no puedo evitar dejar una pregunta en el aire: ¿estas cosas que se han de pasar obligatoriamente no deberían ser gratuitas? ¿Qué oigo de fondo? ¿No se qué de ITV? Oh, claro.

5 dicen la suya

  1. Hace poco me tocó a mí, y en la sala de al lado había un hombre de 91 años renovando el permiso de armas. Pues bien, el hombre no atinó ni una en la prueba visual (que lo estaba oyendo yo con estas orejas que Dios me ha dado) pero aun así, ¡¡se lo renovaron!! Luego se cargará a medio pueblo pensando que eran jabalíes y todo el mundo se llevará las manos a la cabeza.

  2. jane dice:

    Mi padre estaba sordo como una tapia y en la prueba auditiva él miraba al que se la hacía. Si levantaba la vista, él levantaba el brazo. Siempre le dieron el carnet. Fuimos nosotros los que lo convencimos de que era un peligro público.

  3. morri dice:

    Minnie Mousse: Hombre, casi que mejor si no atina ni una estando como un topo y no mata a nadie, lo malo es que tire a no dar y le de a alguien viendo el nivel… A ciertas edades hay cosas que no deberían permitirse, igual que cuando tienes 8 años no te dejan conducir, pues lo mismo con 90.

    jane: Vaya truco que tenía tu padre ;) Si es que las revisiones estas son de todo menos revisiones. Un desastre.

  4. Ro dice:

    Jane, los sordos pueden conducir. El mío no es que lo esté como una tapia, es que tiene papeles y tó (y yo una segunda lengua materna). A lo único a lo que le obligan es a llevar el exterior derecho y un mega-espejo retrovisor interior que adoro porque puedo hasta contarle los pelos de las piernas a los peatones.

  1. 14/04/2012

    Información Bitacoras.com…

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