Excusas que se ponen a las madres tras una borrachera descomunal

Domingo por la mañana. Casa de cualquier adolescente. 13:00. El chaval se levanta de la cama tambaleándose a duras penas. Su cabeza es una noria desbocada a punto de perder el control. Sus piernas no responden a las señales cerebrales como deberían. En su mente sólo existe un único objetivo: llegar al lavabo antes de que sus padres se den cuenta de su lamentable estado. Alcanza el lavabo, se acerca a la taza del water, dobla las rodillas, se agacha y empieza el espectáculo. Lo echa todo por la boca, la nariz y hasta por las orejas. Que viene un experto en analizar sustancias y es capaz de detectar hasta el potito Nutriben de cuando tenía cuatro años. Todo está ahí. Cuando consigue terminar, un ligero reguero de vómito se desliza por la comisura de los labios y su sabor le hace gritar hacia sus adentros: “¡Juro que jamás volveré a beber!” Levanta la cabeza y detrás suyo está su madre, en bata y despeinada, que le comenta preocupada: “¿Qué estás malito hijo mío?”.

Las madres son ingenuas. Son así. Cualquier persona que haya pisado la calle un sábado por la noche sabe que lo del domingo por la mañana no es una gastroenteritis. Pero las madres no, las madres creen que algo malo le ha pasado a su hijo. No se sabe si es porque de verdad su alma naif se activa justo después de dar a luz, o porque se hacen las tontas por voluntad propia, pero el caso es que los chavales aprovechan esa ingenuidad maternal para colocar las excusas más banales que se puedan dar. Como por regla general, a esas horas y con el alcohol aún haciendo estragos, el cerebro no está para muchos trotes; la mayoría de la gente suelta las mismas excusas para explicar por qué sin motivo aparente están vomitando como si hubiera estado en la atracción de la Rana Alegre en la peli Este chico es un demonio 2. Toma con las referencias.

Así pues, vamos allá con las excusas más peregrinas que se han soltado y se soltarán a las madres para justificar una resaca peor que una de Ortega Cano un día cualquiera entre semana.

“Es que me sentó mal la cena”. Por lo visto en los restaurantes a donde va la gente se pasan los controles de sanidad por el forro y los pobres chavales inocentes comen por ahí sin miedo. Luego pasa lo que pasa, que se tiran por la mañana de vomitera. “Debía ser el pescado, que estaba en mal estado o algo. Yo no iba a comer, pero tenía hambre y…” La madre se escandaliza. Es suficiente. Pero a alguno la mentira se le va de las manos, como a un amigo mío: “Fuimos a un chino y ya sabes, fijo que pusieron ratas” La madre era abogada, fue a denunciar… El chaval no fue capaz de negar su mentira así que fueron a juicio. Resultaba que no, que en el chino no ponían ratas. Ponían gatos. Cerraron el chino, luego resultaba que eran de una mafia y mataron a su perro en venganza… Las mentiras sabes como empiezan, no como acaban.

“Me tomé un cubata y como no estoy acostumbrao…”. Claro hombre, no estás acostumbrado a tomarte SÓLO uno. Normalmente te tomas seis o siete. Como esa precisa noche. Las madres que nunca han visto al niño beber, se lo creen porque una vez cuando tenían 7 años le dio por probar en Navidad cava del vaso de su padre y lo escupió todo dejando la cara de la abuela como un estucado. “Ay sí, me acuerdo, el niño cogió el vaso y desde entonces le da asco, ¡si es que para qué bebes! Si tú no sabes de eso”. Y él promete no hacerlo más. “Ya no beberé más, mamá” Y en sus adentros un pequeño demonio le susurra en su oreja: “Hasta el próximo sábado, hasta el proooóooximo saaáaábado” Y a buscarse una excusa nueva para el domingo siguiente. Como la que sigue.

“Me echaron algo raro en la Fanta”. Ginebra hijo, te echaron ginebra. Como hubo una época en la que corría la leyenda urbana de que habían seres malvados que echaban droga en los cubatas de la discoteca, y también en el Colacao de José Tojeiro, estas cosas cuelan. “Así que es verdad eh… Lo vi en lo de Ana Rosa el otro día y temía por ti, aayyy mi niño”. Alguno que otro no ha usado esta excusa y su madre le ha tenido que poner en alerta: “Ten mucho cuidao donde vas, que la gente mete droga en las bebidas de los demás” Y él: “¿Y dónde se ponen? ¿DONDE SE PONEN? ¡Dímelo mamá! ¡Tú lo sabías y no me decías nada! ¡Que estoy muy loco!” Mientras la mandíbula se desencaja por momentos. Y claro, la madre lo termina llevando a Proyecto Hombre.

“Ya me encontraba un poco mal ayer, ya estaba apuntando…”. Apuntando… En plan ayer me tiré dos pedos seguidos, es que me voy a poner malo de la barriga. La madre empieza a recordar: “Es verdad… Ahora que lo dices…” Y lo recuerda porque quiere hacerlo, no porque hubiera pasado de verdad. Pero todo le empieza a cuadrar en su mente y se come con patatas la excusa de su hijo. “Mañana vamos al médico. Y no sólo se ha creído la excusa, sino que encima le hará faltar al instituto o universidad el lunes. Todo son ventajas. Luego se le echa la culpa a que hay una “pasa” y listos.

Estas excusas solo valen si las madres creen fervientemente que sus hijos no beben nada. Si las madres ya saben que beben alcohol, al menos un poco, quedan las otras excusas que sorprendentemente también se usan con los amigos. Son excusas que incluso uno mismo se las cree como dogma, o porque el cerebro ha quedado tan tocado que cualquier idea parece buena:

“Es que mezclé”. Me harté de mezclar, querrás decir. Mezclar no es bueno de por sí ya que beber distintos tipos de alcohol en la misma noche no es una buena idea para el estómago. Pero si te bebes un gintonic y un chupito de licor de manzana no te pones a vomitar como un loco a la mañana siguiente. Como mucho alguien te recriminará que qué coño haces bebiendo un chupito de licor de manzana. Sin embargo es una excusa que ha quedado muy arraigada, como la siguiente.

“El último cubata no debí bebérmelo”. La culpa es siempre del último cubata. De los otros ocho anteriores no dices nada. Como si el hecho de haberte bebido siete en vez de ocho hubiera cambiado la resaca del día siguiente y todo el espectáculo de fluidos corporales que deja tras de sí. El último como suele ser en la discoteca, se suele achacar al garrafón que es otra excusa que jamás ha sido verificada. Si toda la gente que dice que ha bebido garrafón lo hubiera bebido de verdad estaríamos ante una alarma sanitaria de dimensiones planetarias.

Todo esto es un resumen de las excusas baratas más utilizadas, NO es bajo ningún concepto una guía de ideas para que chavales de hoy que empiezan a salir y a conquistar las calles con su botellón tengan algo que decirle a sus madres al día siguiente. Así que chavales, no lo hagáis: ¡buscaros otras excusas! Que estas están muy vistas. Pensad que si lo estáis leyendo vosotros también lo puede estar leyendo vuestra madre. O incluso la mía.

7 dicen la suya

  1. 29/01/2012

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Domingo por la mañana. Casa de cualquier adolescente. 13:00. El chaval se levanta de la cama tambaleándose a duras penas. Su cabeza es una noria desbocada a punto de perder el control. Sus piernas no responden a las señales c…..

  2. 08/02/2012

    […] acabar nos queda la CoctelCao, un objeto dedicado a que los niños se entregaran a la bebida de bien pequeños. De ahí que empezara la gente a animarse a beber cubatas como el Licor 43 con […]

  3. 12/06/2013

    […] una y otra vez lo que hacen cada uno de los transeúntes. Señoras con vasijas bastante torpes, borrachos que te ahostian y te hacen sacar el cuchillito y mujeres que piden. Mientras lo jugaba tenía el […]

  4. 28/07/2013

    […] es una buena idea. Yo he bebido alguna vez que otra, no mucho, eh, lo justo, el puntillo y eso, fue la cena mamá que me sentó mal ayer; y nunca jamás se me ha ocurrido lanzarme desde un balcón hasta una […]

  5. 09/01/2014

    […] no te gustan, te vuelven a dar cartas y practicas la cara que le ponías a tu madre cuando llegabas perjudicado un sábado por la noche. “¿Bebido yo? Nogghhh” Y corrías al lavabo. Pero con la […]

  6. 09/01/2014

    […] alcohol y sobredosis de droga. Que es lo más normal cuando tienes una pulmonía, ponerte morado de todo. De todas formas, por si había alguna duda nuestro buen amigo Bruce ya se había encargado […]

  7. 10/01/2014

    […] una resaca te puede durar como mucho un día, las más gordas dos… Bueno, las de Pocholo tres semanas, […]