Historias para contar: El viaje a Roma

Aviso: El post es largo, pero juro que no es el típico post que se podría resumir en “es todo muy bonito tenéis que ir jeje”. De todas formas el libro de reclamaciones está ahí abajo. Y no os haré sufrir enseñando más de 500 fotos. De verdad.
Viajeros del tiempo al lado del Coliseo
No lo había dicho por aquí, así que lo digo ahora: he estado unos días de viaje en Roma. Y lo primero que hice es hablar del rey de Roma, a ver si por la puerta asoma. Pero por más que miré puertas no lo encontré, ahí, asomándose con cara de susto. Marché el miércoles por la tarde y estuve de vuelta ayer, volando en plan low-cost con RyanAir. Fueron muy eficientes y aunque los asientos no son especialmente espaciosos, al menos al pedir ventanilla no te ponen por fuera, aguantándote con unos mosquetones en el ala. “Hace fresco aquí fuera, ¡pero es barato!” Todo esto son leyendas, uno va muy bien en el low-cost y encima tienes teletiendazafata durante el vuelo, que siempre es curioso. Venden de todo. Un día en vez de explicar como colocarse el chaleco salvavidas, pondrán explicaciones de como ponerse el Jes Extender que venderán a buen precio. Que ahí está todo carísimo; claro, los precios están por las nubes… Ja, ja, ja. Ejem. 
Llegamos puntuales a Roma y lo primero que vi, al coger el bus, es que todo el mundo hablaba italiano. Curioso, ¿no? Bueno, no. No era eso. Además, uno no se siente tan raro al escuchar hablar por todos lados italiano si antes ha estado en Lloret en Agosto. Lo primero en lo que me fijé es que allí la conducción es una selva. Coches que se meten por cualquier hueco, adelantamientos locos, entradas a la autovía saltadas a la torera… Si los policías de tráfico en Italia se pusieran en serio a vigilar, tendrían tanto dinero en multas que Italia sería la primera potencia económica mundial. Luego cuando eres peatón la cosa no mejora. Los pasos de cebra son unos bonitos adornos modernos y ningún coche se para. Las motos te esquivan mientras estás cruzando. Sólo se paran para evitar atropellarte, por cortesía. Un día un coche se paró y una calle entera en un kilómetro a la redonda aplaudió en masa. Lo sacaron del coche, le hicieron fotos, le dieron besos, vino Ramón García con una cinta del Qué Apostamos… Un delirio.
Esto es una leyenda de una foto
bajo una leyenda
Como he dicho, los pasos de peatones son un adorno porque todo en la ciudad es arte. Pasear por las calles de Roma es encontrarte un monumento en cada esquina. Y no es que hayan muchas prostitutas. Estoy hablando de monumentos arquitectónicos, mal pensados. El centro de Roma es absolutamente fascinante y todo el que tenga la oportunidad de ir no debería dejarla escapar. Puedes pasearte por la ciudad y encontrarte con la Fontana Di Trevi. Que es fácil de encontrar porque sólo tienes que seguir al mogollón de turistas. O bien seguir la linea marcada de los pakistaníes que venden cosas de colores que no sirven para nada. Los pakistaníes vendedores ambulantes es para hacerles un post aparte. No sé de dónde sacan sus mercancías, son productos globales – da igual en Barcelona que en Roma, venden lo mismo -, y si llueve… ¡Aparecen con paraguas! ¿De dónde los sacan? ¿Cómo lo hacen? Qué maravilla de logística. 
Hablando de turistas. Allí la mitad éramos españoles. Por no decir las tres cuartas partes. Allá donde ibas escuchabas a algún español. Y nosotros los españoles tenemos tendencia a pensar que el italiano y el castellano se parecen mucho y que es fácil entenderse. Luego un camarero te dice un par de cosas en italiano y tu primera respuesta es “¿EH? No entiendi italiani”. No es tan fácil, era mucho mejor usar el inglés que intentar hacerse entender en italiano. Y eso que yo aprendí en Padre de Familia que con ponerse bigote y decir parapapipo ya podías hablar en italiano. Resulta que no. Tampoco basta con terminar las palabras en i, juntar los dedos hacia arriba y poner acento. Si lo haces, corres el riesgo de comer spaghetti al escupitaji. Ojo.
La razón por la que en el
antiguo Imperio
las mujeres no llevaban tacones
Comer allí es fantástico, todo sea dicho. Pasta, carnes, ensaladas, pizzas… Todo está bueno. Lo único malo es que hay algunos nombres que pueden llevar a confusión. Fui a un restaurante pensando en pedir macarrones y me dijo el camarero: “Macarrones son penne” Y yo: “Pues mejor póngame espirales. Una confusión la tiene cualquiera. Los restaurantes, eso sí, son carillos. Siempre y cuando comas en el centro. Por el Trastevere la cosa es más barata, y encima se come genial. Si comes en el centro, o tomas algo en una plaza céntrica, has de estar atento. Primero porque en la carta conviven cosas muy baratas con platos de treinta euros. Así que la carta no se mira por el lado de los nombres de los platos, sino por el de los precios. Para evitar sustos. Y segundo que si te pides un helado en la plaza de Venecia hay que llevar una cota de malla. Para el sablazo.
Pero lo que importa de verdad es la ciudad. Como he dicho antes, Roma está repleta de monumentos, estatuas, columnas, palacios… Hay tantas cosas bonitas para ver que no es que haga falta un guía para ver un monumento o un museo en concreto, es que hace falta un guía para caminar por las calles. Ves tantas cosas bonitas que terminas haciendo fotos al tuntún y “ya miraremos en la Wikipedia que es”. Así, claro, terminan saliéndote un chorro de fotos que nadie en su sano juicio quiere mirar. Ni siquiera tus padres. Y tú las tienes para recordar donde has estado, tu falta de pulso y la gente anónima que aparece de fondo en todas las fotos de los lugares más masificados. O esa calva en primer plano que te fastidia una foto, siempre hay una. Hay gente que sube sus fotos de viajes y empieza a buscar a todas las personas que aparecen porque es que “tenía que etiquetarlos”. Media vida buscando gente por Facebook que se tiran.
Cogimos la costumbre de
subirnos a los sitios
más altos. Adiós vértigo.
Los sitios más bonitos que vi fueron posiblemente el Vaticano y su Capilla Sixtina. El Vaticano es en sí un monumento a la opulencia. Es muy bonito, pero mejor no plantearse lo que uno ve en términos morales porque realmente es inmoral la cantidad de dinero que hay ahí en arte. Estatuas, pinturas, frescos… Alucinante. Por otro lado, el Coliseo, el Panteón, el monumento a Vittorio Emmanuelle y la Fontana di Trevi se llevan la palma. En la Fontana di Trevi está la tradición de tirar monedas de espalda y con la mano cambiada. Según dicen, es indicativo de que uno va a volver a la ciudad. También puedes pedir un deseo y todo eso. Pero nadie ha contado que todas las chicas de la mansión Playboy aparecieron en la habitación de su hotel por arte de magia. Así que no se sabe si funciona demasiado. 
Además, al que le guste la Iglesia o sea un gran católico allí puede tener un orgasmo. Santo, pero orgasmo al fin y al cabo. Hay una iglesia a cada esquina y a cada cual más espectacular. Son preciosas por dentro. No dejan ni un espacio en blanco en las paredes ni en el techo. Sanefas, dibujos, columnas, estatuas, pinturas, frescos, oleos… Una barbaridad. Eso sí, uno no pisa una iglesia en todo el año y te vas de viaje y entras en todas. Hasta te quedas a las misas. Que la verdad, allí las montan la mar de bien. Llegan allí los curas con un montón de monaguillos y otros curas, obispos o yo qué sé en fila india. Y cantan. Estuvimos en una que había un montón de mujeres rezando, pero cantando. Que ahí la que cante mal no puede rezar. Hacen casting como en Operación Triunfo. “Estás nominada, a cantar salmos en tu casa, que tienes un oído en frente del otro, tú sí que harías bien la misa del gallo”. Además tienen a esos guardias que miran a tu cámara de fotos con cara de malas pulgas por si se te ocurre poner el flash. Que digo yo, que no hagan las iglesias tan bonitas si luego les molesta que hagan fotos.
En definitiva pasear por Roma es una maravilla. Hay que tener cuidado con el suelo, sobre todo si llueve. Ya que la mayoría de sitios están empedrados. Con piedras un poco más modernas que las de la época del Imperio Romano, claro. Que uno ve trozos de la vía Appia e imagina que en la época las legiones romanas tenían más bajas por esguinces que por arma blanca. Tiraban ahí las piedras a suertes en el suelo y tal cual. Así que hay que ir con ojo con los tropezones. Por lo demás, es una ciudad fantástica, arte en estado puro y nuevamente lo digo, el que tenga la oportunidad de ir que no se lo piense ni un momento. Sobre todo, hay que hacerse el centro andando, sin transporte alguno, o te pierdes la mitad de lo que hay para ver. Así que si alguien quiere ir que entrene las piernas. Le hará falta.

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  1. 01/09/2015

    […] da igual, el efecto es milagroso a lo Lázaro: Levántate y anda. Todos los caminos llevan a Roma, todas las arterias terminan en la polla. La sangre va para allí, así que cuela. Luego resulta […]

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