¿Por qué al entrar al lavabo siempre entra otra persona?


Siempre te pillan en el peor momento

El lavabo es el lugar de la casa donde más leyes de Murphy convergen y convierten una tarea habitual en algo que cada día te puede sorprender de una forma distinta. Durante el camino que lleva desde tu habitación o la sala de estar hasta el lavabo pueden ocurrir múltiples cosas. Como por ejemplo: se te cruza alguien en mitad del camino con más prisa que tú por mear y zas. Se coló. Entras al lavabo tranquilamente, vas a ponerte en el ajo y patapam, alguien abre la puerta. Y cuando consigues por fin sentarte a hacer de vientre, puedes hacerlo, te sientes realizado y con el deber cumplido… Zasca. No hay papel. Así es el lavabo.


La cuestión que nos ocupa es preguntarnos por qué pasa esto. ¿Estamos conectados con nuestros familiares con una suerte de wifi lavabil que nos une? ¿Son nuestros esfínteres los nodos de una red única? ¿Tenemos un cromosoma del padre, otro de la madre y otro de ir al lavabo en el mismo momento? Quién sabe. Es posible que sea porque todos comemos a la misma hora y nuestro aparato digestivo trabaja a la misma velocidad, o que simplemente el propio lavabo emita unos ultrasonidos desde la puerta que nos llame: “Meeaaaaa, meeeeaaa” con voz de ultratumba resonando en nuestro cerebro. Y cuando llegamos allí y vemos que está ocupado el mismísimo lavabo se ríe por lo bajini “jijijiji”. Y lo bien que se lo pasa, no tiene otra cosa que hacer…


Esto provoca dos posibles respuestas del que está dentro intentando sacar sus toxinas. La primera de ellas es al oir la puerta. Se oye desde dentro: “Ocuppaaaaaaaoo”. Eso también pasa a veces en lavabos públicos sin pestillo, que seguido con el ocupado lleva incorporado un portazo en los morros que ha dejado a más de uno chato de por vida. La otra posible reacción es la de quedarse con la mano en el cimbel, meando, mientras miras al ocupante diciendo: “Mira que eres oportuno”. Como si uno lo hiciese queriendo. Como si quisiera mear acompañado de tu padre y hacer peleas de chorros. “Que te gano, que te gano” “No, gano yoo”. Y tu madre de fondo: “La que gano soy yo cuando tenga que limpiar todo el estropicio que habéis armado. Tomad un estropajo que esto parece un cuadro moderno”.


Para evitar estas situaciones se inventó el pestillo del lavabo. Que no es que uno se tire un pedo muy gordo en la entrada y que nadie pueda entrar por los gases tóxicos, sino por dejar bien cerrada la puerta. Porque cuando a uno le pasa con un familiar, no pasa nada. Molesta, pero se acepta. Pero si pasa con una visita… No te vas a poner a hacer peleas de chorros. Ni a ofrecerle la escupidera para que proceda en una habitación contigua. Que no te imaginas a unos familiares de visita y al pasar por una habitación te encuentras a tu tía sentada en la escupidera en la habitación de tus padres: “El lavabo… Que… Esto… Estaba ocupado” mientras te mira con cara de cordero degollado y de “quiero que la tierra me trague ahora mismo”.


En muchas casas esto lo intentan solucionar teniendo dos lavabos. ¿El problema? Que la Ley de Murphy, el microchip en el cerebro y los ultrasonidos del lavabo son mucho más fuertes que todo lo demás y cuando alguien ocupa un lavabo, la otra persona que quiere ir le da por escoger precisamente el que está siendo usado. O peor aún, cuando te entran ganas de ir hay dos personas de la casa usando ambos lavabos. Con lo cual, no hay manera humana de encontrarse el lavabo vacío. Ni siquiera cuando estás solo en casa, entras a mear y te encuentras a un ladrón, con el pasamontañas y todo. “Me estaba meando tío, ahora desvalijo la casa y te dejo entrar”. No hay manera.


Lo que sí tenemos que tener claro, es que hasta que no lo estudie una universidad canadiense nos quedaremos con estas dudas en el aire. Y con una única realidad palpable, parafraseando a la afición del Liverpool: nunca cagarás solo.

2 dicen la suya

  1. 09/09/2013

    […] empezar nunca jamás se hubieran inventado los lavabos. Al menos no para ir de vientre. No mearíamos en las tazas, sino que escanciaríamos grácilmente […]

  2. 10/01/2014

    […] “nuestra ubicación” y algunos desarrolladores saben hasta cuando estamos en el lavabo haciendo de vientre. Pronto una aplicación que te avise de abrir la ventana antes de que el lavabo empiece a ser […]

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