Manual para domingueros: Cómo poner una sombrilla

Bella estampa dominguera

Querido dominguero. Usted, que aparca por unos días el mundanal ruido de la ciudad (el ruido de la ciudad: o es mundanal, o no es nada) para acceder a nuestras playas paradisíacas, déjeme que le ayude en la ardua tarea de cada domingo cuando acceda a territorio hostil. Los pueblos costeros, señor dominguero, pueden tener una enorme cantidad de trampas que podrían acabar con su reputación. Si es que algún día la tuvo. Así que, para evitar males mayores entre la población que acoge con cariño sus posaderas y las de toda su fabulosa familia, aquí tiene un estupendo manual para saber cómo comportarse en sus domingos más preciados.

Así pues, cojan sus gorritos de playa, la suegra, la niña, el hijo, la madre, el perro, la cuñada, la pelota de playa, el rastrillo, el cubo, el cocodrilo-colchoneta gigante, el neceser, la nevera, la lavadora, una farola que pasaba por allí y el tanque militar, todas esas pequeñas cosas que el dominguero necesita para disfrutar de un día de playa; y preparense, porque hoy empezamos con ese objeto del demonio llamado sombrilla.

La sombrilla es ese palo largo, divisible por dos, que contiene algo parecido a lo que vendría a ser un paraguas. No se confundan con las sombrillitas que vienen pinchadas en los helados de las terrazas de postín. Si utilizan esas para hacerse sombra en la playa, a no ser que sean ustedes David el Gnomo, dudo mucho que sean de utilidad. Pueden probar, si lo que ustedes desean es ser un dominguero cualquiera y acabar como una gamba a la plancha. Pero si están leyendo esto es porque desean ser un dominguero de calidad. Como debe de ser.

La sombrilla dispone de sofisticados mecanismos que la permiten abrirse y cerrarse. A usted, que es un dominguero que sabe lo que hace, le parecerá una chorrada; pero no se confíe. Cuando a uno de sus compañeros que no haya leído el manual, el viento se lleve su sombrilla volando cual hoja suelta de árbol caducifolio; recuérdele con la cabeza bien alta, que hay un botoncito que permite cerrar la sombrilla y evitar el pánico entre la población. A poder ser, que lo haga antes de que algún bañista se convierta en un pincho moruno.


A lo que íbamos, ¿cómo se pone una sombrilla? Pues es muy sencillo, aunque no lo parezca. Lo único que tiene que hacer usted es coger la parte inferior de la sombrilla. Sí, esa que tiene la forma puntiaguda en uno de sus extremos y la debe introducir en la arena. Le recuerdo que no debe introducirla como si estuviera pinchando una cucaracha ni tampoco hace falta que haga mayonesa con ella. La arena tiene muy mal sabor, se lo puede asegurar cualquier señora mayor oronda que haya sido revolcada por una ola sorpresa. El palo se debe meter con fuerza, y con maña, hacia abajo procurando que haya sido introducida una buena parte de él. No es necesario poder estar de pie debajo de la sombrilla, se supone que usted ha de estar tumbado, así que meta el palo con fruición. Su señora se lo agradecerá.

Puede usted poner el palo ligeramente inclinado si así lo desea, pero no olvide que ha de hacerlo contra el viento. Para saber para dónde va el viento solo debe chuparse el dedo, saborear el regusto que le ha quedado de los calamares a la romana del chiringuito, y levantarlo hacia arriba. No sabrá para dónde cojones se dirige el aire, pero un dominguero debe hacer eso o no es un dominguero que valga la pena. Es importante porque sino le pasará como al dominguero clásico que ve volar su sombrilla grácilmente sin hacer nada por pararla. Eso no le debe pasar a usted. Y no me venga con rollos raros de: “Si quieres a alguien déjalo volar, si vuelve te quiere de verdad, y sino nunca te quiso”. Eso solo vale para manuales de autoayuda, pero no para las sombrillas.

Una vez hecho todo esto debe poner el palo superior, el que contiene la sombrilla propiamente dicha, y colocarlo dentro del otro palo. Apriete y alehop, ya tiene su sombrilla colocada. Ahora sólo deberá abrirla dándole al magnífico botoncito de abrir y cerrar y tendrá preparado su pequeño espacio para goce y disfrute de cuántos le rodean. Es importante hacerlo todo en este orden, si intentan abrir la sombrilla, meterla en el palo y después clavarla en el suelo podrán tener enormes dificultades. Sí, ya sé que es lo que hacen sus habituales compañeros de batallas, pero no es así como debe hacerse. Ustedes sigan estos consejos y su piel lo agradecerá, así como las personas que les rodean que no quieren transformarse en pinchos morunos…

Siguiente capítulo en el manual para domingueros… Aparcar el coche.

3 dicen la suya

  1. 11/03/2013

    […] tu mantel de picnic, en el suelo. Muy importante, a no ser que no te importe la gente: ojo con los domingueros de las barbacoas. No quiera nadie enchufarle una butifarra a tu novia o a ti misma. Segundo, las […]

  2. 03/07/2014

    […] a todos los domingueros que podía para dejarles la marca en la espalda por no poner bien la sombrilla. Como no se conformaba con eso – y para confirmar que no padecía de la rabia – se lanzó al […]

  3. 21/08/2016

    […] – ahora que me he convertido yo en uno me viene fantástico – en el que os explicaba cómo poner una sombrilla. Bien, está claro que debo ampliarlo y crear un pequeño manual real en papel porque no hay quien […]

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