Especial Elecciones 2008 (III): Los debates


Esta noche los dos candidatos principales a la presidencia del Gobierno volverán a verse cara a cara en un debate televisado en el que previsiblemente se tirarán los trastos a la cabeza el uno al otro. El problema es que la sangre nunca llega al río y no veremos a los dos candidatos saltar por encima de la mesa y lanzarle el vaso de agua o tirarse de los pelillos de la nariz. Total, la audiencia es alta a pesar de que sean unos sosos y sea una sucesión de monólogos de uno y de otro. Y sus monólogos no son los de Raúl Cimas o Joaquín Reyes. Por desgracia.


Porque lo más gracioso de estos debates es que todo está pactado de antemano. El color de fondo, la posición de las mesas, los tiempos, los temas, quién entra antes, quien habla primero, incluso el tipo de calzoncillos. «Si Zapatero se pone unos boxers yo no voy al debate, si no es con Abanderado slip blanco de español de toda la vida, no hay debate». Y Zapatero aceptó aunque Sónsoles se mosqueó. Porque costó que se hicieran estos debates, cada uno reclamaba alguna cosa que por supuesto les favorecía a ellos. Que si yo quiero en Antena 3, que si yo quiero en TVE, que si patatín que si patatán. Al final se hizo el primer debate y ambos hablaban de lo que le interesa a los españoles. Que es una frase que mola mucho decir ultimamente: «Esto es lo que le interesa de verdad a los españoles» Y nunca aciertan.


Sí, porque lo que les interesa a los españoles es que ellos se suelten reproches sobre cosas del año de la pera. ¡Si lo que en realidad interesa es que haya sangre! Con lo divertido que hubiera sido escuchar a Manuel Campo Vidal imitando al de Pressing Catch: «¡Luuuusha el Reeyy Misteeeriooo Rajoooyy contraa John Zapatero Cena! Le hase un suplex, ojo se saaafaaaa, aquí estoy porque he venido porque he venido aquí estoy, si no le gusta mi canto… ¡Como he venido! ¡Me voy! ¡Gracias!» Y lo divertido que hubiera sido lanzándose el uno al otro contra el tatami o contra las cuerdas. Zas zas. Pero nada, siguieron sentados cada uno en su sitio.


Luego está el papel del moderador. No sé qué leches va a moderar si está todo pactado. Sólo está allí para contar el tiempo, que va contando con los dedos, uno, dos, tres… Lo único que hace es poner la mano en forma de bandeja y decir: «Su turno Zapatero» «Su turno Rajoy». Y con eso ya tiene. De vez en cuando explica el bloque de temas del que se va a hablar y poco más. Ni pregunta a los debatientes ni nada de nada. Para el próximo debate propongo que para simbolizar mejor la labor de los periodistas en la campaña se les deje con una camiseta imperio y unos gallumbos, atados en el suelo con una soga y una mordaza mientras dicen: «MMmmmm, mmmm». Total, cuando hablan es para defender a sus partidos preferidos. Al día siguiente miras los diarios afines a la izquierda y Zapatero gana el debate, ves los de la derecha y Rajoy es la hostia en verso. Por aquello de los obispos.


Porque la gracia de los debates no es ver las propuestas, sino ver quién es el ganador. Y para fijar el ganador no se fijan en la claridad de la exposición de sus argumentos y del sentido que tienen. No. Lo importante era el color de la corbata, la posición de la espalda y para donde fijaban la mirada. No quiero ni pensar en un debate con Pujol cuando tuvieran que definir los trucos. Bueno, no me quiero imaginar a Pujol en una partida de mus. «¡Está marcando jugada! ¡Mira sus ojos!» Así que los debates al final no dan ninguna razón para votar a uno u otro partido, el que iba a votar al PSOE sigue pensando igual, y lo mismo con el del PP. ¿Los indecisos? Algún día tienen que poner alguna de ese montón de películas bajadas del emule…

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