El palo de los selfies

palo selfies avión
No lo intenten en sus casas

Hubo un tiempo, allá por los años… Vamos, hace un par de años o tres, que lo normal a la hora de hacerte una foto en algún lugar emblemático era coger a alguien al azar y pedirle, por favor, que si te podía hacer una foto. Bueno, al azar, al azar… Lo normal era primero plantearse si es un mangui que va a salir corriendo con la cámara de fotos a la mínima que os despistéis: “Sí, sí, tirad para atrás, más, más, que no se ve todo, más… Ahora daros la vuelta” “¿La vuelta? Bueno, si tú lo… EHHIJOPUTAAA”. Y corre. Corre tras él si puedes. Son todos mediofondistas. De verdad, que las becas para deportistas están muy jodidas.

Puede pasar, aunque no es muy probable. En general uno puede tener un buen ojo a la hora de escoger al fotógrafo. A mí me piden muchas veces que les haga fotos y no sé si es que me ven cara de buen fotógrafo, de buena persona o directamente es que me ven fondón y dicen: “Yo a este le gano”. Muchas veces lo que pasa es que escoges a alguien al azar, solo por no ser un ladrón en potencia, y cuando miras la foto que te ha hecho te dice:

– Mírala, a ver qué te parece. ¿Está bien? ¿Está bien? – mientras inclina la cabeza enseñándote la cámara.
– Sí, sí. Está muy bien.

palo selfies fregona
El caso es salir con un palo
Y le sonríes porque qué menos, te ha hecho el favor de la foto pero menuda mierda. ¡Menuda mierda de foto! Borrosa, se ve más cielo que monumento, te ha cortado los pies, los ojos te salen medio cerrados, la cara de bobo mientras le dices: “sí, es ese el botón, el de la izquierda no, el otro sí… Ese… Aaaahí” y para colmo se ha cruzado un señor en bicicleta enseñando el culo. ¡No puede ser peor! Bueno sí, puede ser un torpe y tirarte la cámara al suelo mientras te la devuelve.

Tengo una amiga que tiene una teoría, sin demostrar ni nada, pero ahí la suelto; que dice que si sabes hacer una foto bien es que eres buen follador. Es su teoría, ahora todas como locas a dejar los calendarios de bomberos y liarse con el fotógrafo que hizo las fotos. Esto no se basa ni siquiera en alguna prueba empírica que haya hecho ella, es simple intuición femenina por lo que cuenta. Y una manera de meter presión a todo aquel al que le pida una foto. Ya sabéis, haced las fotos bien o mi amiga pensará que sois unos pichafloja.

Para evitar todos estos problemas o si directamente te da vergüenza ir por ahí cazando desconocidos al tuntún para que te hagan la superfoto de la puesta de Sol se inventaron los selfies. Se coge el móvil por la cámara frontal, se enfocan las caras de la parejita o grupo de amigos en cuestión y ahí va: autofoto. Esto tiene un ligero problema, si tú te haces un álbum de fotos con tu novia viajando por el mundo y para que salgáis los dos os basáis en selfies, al cabo de los años veréis esto en vuestro álbum de fotos:

Ahí están los dos en la Torre Eiffel, es ese punto metálico del fondo tras sus dos cabezones; ahí la Sagrada Familia, es la grúa de ahí y un cachito; esto otro las cataratas del Niágara, pero podría ser un salto de agua del Ebro que no notarías la diferencia. Y así sucesivamente una retahíla de fotos con un punto en común: sus cabezones y unos fondos variados que pasan del azul al verde y poco más. Así que teníamos un nuevo problema del primer mundo que solucionar. ¿Cómo lo podríamos solventar?

¡Pues con el palo de selfies! ¡Vaya! ¡Por fin menciono el título del post! ¡En el sexto párrafo! Me van a suspender en SEO. El palo de selfies, para el que no conozca el concepto, es un invento que tiene en su propio nombre la explicación de para qué sirve. Pongamos por ejemplo esta conversación:

palo selfies ninja
Este palo de selfies viene con ninja incluído
- Mira, me he comprao un palo de selfih.
– Y eho pá qué é
– Pué pa qué va a sé, pá loh selfih.

Ahí lo tenéis. Autoexplicativo. Un palo que sirve para hacerse autofotos desde lejos. Un invento que curiosamente no es español. Con la afición que tenemos nosotros a los inventos con palo: futbolín, fregona, chupachup o gente que no da ni un palo al agua como Paquirrín o Pocholo; va y un tío extranjero inventa un palo para los selfies. Menuda marca España tenemos.

Esto se ha criticado mucho en Twitter y demás redes sociales. Cuando algo se pone de moda hay que adaptar la pose moderna, pero alejada del mainstream y criticar a los palos de selfie desde el punto de vista de un señor de setenta años que se sienta en un banco delante de la casa del pueblo y se pone a criticar a todo el que pasa. Algunos deberían ponerse boina y un palillo de dientes en la comisura de los labios antes de entrar al Twitter. El palo de selfies es el progreso, el progreso en forma de palo. Ahora puedes hacerte una autofoto de lejos, enfocar al paisaje y no dar por culo a los viandantes que no tienen ganas de hacerte fotos y te hacen la primera mierda que les sale.

Pero esos nunca ligarán con mi amiga, mirad lo que me contó: “Ay, yo conocí a un chico que hacía las fotos tan bien que su polla era un palo de selfie. Un pollón y un savoir fair, en las fotos digo, yatusabeh” La polla de selfies, amigos; la polla bluetooth. Ahí os dejo el concepto. Para que lo meditéis. Ya no veréis a los selfies de la misma manera a partir de ahora.

Un masaje con final feliz

masaje final feliz

Tiburcio entró como de costumbre en el Bar Vero; no solo por el ingenio del dueño del bar que constantemente decía a los nuevos clientes: “¿Lo cogéis? ¿Lo cogéis?” y servía todos los cafés con tijeras, sino porque allí podía encontrar a sus mejores amigos con los que disfrutaba de unas frenéticas partidas de dominó. Cada tarde se oían los clic clic de las piezas golpear en la mesa y los palillos de dientes zarandearse en las bocas de los habituales jubilados del lugar mientras soltaban algún improperio.

– ¡Hombre Tibur! Por fin llegas, ¡vaya cara, chacho! Cada día estás más muhtio.
– Ay, yo qué sé. La vida Eleuterio, la vida. Nos hacemos mayores.
– Enga ya, chaacho. No me seah cenizo, únete a la partía que tenemoh sitio.
– No sé, no me motiva. ¡Un agua Ambrosio, por favor!
– ¿Un agua Tibur? ¡Pero hombre! – saltaron todos los amigos, cada uno de ellos con un buen vaso de vino turbio bien lleno.

Los amigos de Tiburcio estaban consternados por el cambio que habían visto en los últimos meses, pero hoy venía especialmente jodido.

– Yo sé lo que te pasa, chacho. Necesitas una munhé que te dé de lo tuyo, JA JA JA – saltó Ermenegildo -. Desde que te dejó la Ataulfa no eres el mismo.
– Pueh yo tengo lo que necesitah tú – dijo Eleuterio -. Mira etto que me pasaron por wasá. Mira qué mozas, aquí tienes putas de lujo pa’ que te desfogues bien desfogao JA JA JA – rieron todos al unísono.
– No sé, eso é mu caro, no hé yo. No me da pa’ tanto la pensión.
– Pues qué sé yo, un masaje con final feliz de esos. Mira a vé en Gugle si hay alguno por aquí cerca, ponle el gepé ese. Mira, estos están baraticoh, dié euroh chacho.

Ante esa oferta y las ganas que aún le quedaban a Tiburcio de que le manosearan un poquito decidió lanzarse y fue al lugar donde ofrecían esos masajes con final feliz de los que tanto había oído hablar. Querría encontrar el lujo, el descanso y relax que proporcionaba una sesión donde una señorita ligerita de ropa le diera a Tibur lo que llevaba aguantándose tanto tiempo. Al ritmo que le ofrecía el bastón llegó a la casa donde ofrecían esos servicios. Le atendió una muchacha en bata, con medio hombro al descubierto y la cintura abrochada con poca fuerza. Tibur se encontraba más tenso de lo que había estado en su vida.

– Ven aquí, que te voy a quitar esos nudos, marinero, jiji – dijo la muchacha, Tiburcio no supo ni qué decir de los nervios y se dejó llevar.

Cinco segundos después estaba tumbado sobre la camilla, completamente desnudo. La muchacha le colocó una toalla sobre su culo para tapar sus vergüenzas y, por qué no decirlo, también sus almorranas. La chica se embadurnó las manos de aceite y se acercó a la espalda del jubilado para darle su masaje. Suavemente acariciaba su espalda con sus manos y masajeaba sus hombros con sumo cuidado. De repente la muchacha empezó a hablar: “Había una vez, en un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, una Caperucita Roja que viajaba con tres cerditos en busca de unas judías mágicas que les harían llegar al cielo”. La cara de estupefacción de Tibur mientras recibía el masaje y el rollo de la chica era de foto, pero seguía relajándose notando en su entrepierna un cosquilleo que hacía años que no notaba sin necesidad de pastillitas azules.

La muchacha continuó removiendo los músculos del anciano arriba y abajo, constantemente, sin dejar ni un solo centímetro de la piel del hombro sin masajear. Tenía la espalda más manoseada que el culo de una concursante de Hombres, Mujeres, biceps y berzas; pero seguía sin recibir lo que él estaba esperando. La masajista, sin embargo, mantenía su retahila: “… Y así fue como llegaron al reino de Nunca Jamás cabalgando en un pony alado de color rosa. Caperucita dijo entonces: Lobito, lobito, ¿por qué me miras con esos ojos tan rojos? Y el lobo contestó: Porque me acabo de fumar un porro. El pony sonrió y contestó…” Tiburcio se empezaba a quedar dormido.

Tras media hora de masaje y chapa, la chica anunció: “Bien, ya hemos terminado” y la consternación de Tiburcio estaba presente en su boca abierta de par en par y sus ojos de cordero degollado. Media hora aguantando una historia que ni le va ni le viene y un masaje que ni fú ni fa, que tampoco era lo que venía buscando, que él esperaba otra cosa. Así que no se pudo cortar, se dio la vuelta apartando la toalla y le dijo:

– ¡Oiga! ¿Y mi final feliz? ¡Lo que quería era eso!
– Ah, sí. Disculpe. Y fueron felices y comieron perdices. Buenas tardes.

¿Miras el papel de water tras limpiarte? (Encuesta acabada)

¡Hola a todos! ¡Feliz año, eh! Cuánto tiempo. Porque aún se felicita el año a mediados de enero. Aunque ya estemos bien entrados en el nuevo año, si no te he visto te puedo seguir felicitando. Hay gente que llevo años sin ver y cuando me los encuentro le felicito el año 2011, 2012, 2013 y 2014 seguidos. Esto se hace, sí. Nunca sabes hasta cuando has de felicitar, pero de eso hablaremos otro día porque hoy os traigo fresquitos los resultados de una de las encuestas más escatológicas de la historia del blog: ¿Miráis el papel después de limpiaros el culete? Pues 107 personas habéis votado y la mayoría decís que sí.

Para no enrollarme mucho más os dejo una infografía que he creado con los datos (usando Piktochart) y luego la comentamos. Es muy marroncita y eso, cosas de la caca y la marranería que llevo dentro. Ahí tenéis:

mirar_papel_de_water_tras_limpiarse

Dejemos de lado por un momento los fríos datos del sí y el no para pararnos por unos segundos en el escalofríante último porcentaje. Atención que un 15% de los votantes de esta web aseguran no preocuparse lo más mínimo por la cantidad de tifa que han dejado en el papel de water porque se limpian directamente ¡en las cortinas! Espero que ninguno de ellos sea mi amigo Pepe porque en su casa tienen mampara. Que ya te puedes imaginar el espectáculo restregando el culo contra el cristalillo. Arte abstracto, amigos. Que por cierto, ¿por qué cuando vemos una empastifada de mierda pensamos inmediatamente en un cuadro abstracto? ¿No deja eso en muy mal lugar al arte moderno?

Por otra parte tenemos a los que han votado que sí o que no con sus propias razones. Los que sí tienen razonamientos muy simples y lógicos: saber si han terminado o no o porque no se fían del tacto del culo y prefieren comprobar bien qué hay ahí. Otros van más lejos ahondando en la curiosidad humana y además huelen el papel. ¿Asquerosito? Sí, pero después de imaginar a Pepe en la mampara seguro que os parece una tontería.

Los del no tienen razones peregrinas, pero qué le vamos a hacer: hay gente pa’ tó. Son pocos, pero valientes. Los hay que le gusta el riesgo y prefieren no mirar. Y si luego les pica el culo, se rascan. Ya ves tú. A otros les da asco mirar y supongo que se guiarán por el reojo o el tacto para decidir cuando han de tirar de la cadena y salir del water. Y ojo que hay dos personas que leen esta web que aseguran no ensuciar jamás el papel. Que cagan limpio. Cagan sin rozar. El sueño de todo aficionado al senderismo.

En definitiva, estos han sido los resultados y espero que hayáis llegado hasta este último párrafo sin ni una mueca de asco en vuestra cara. Sería raro, pero todo puede pasar. Ahora os dejo con una encuesta más costumbrista y menos asquerosilla: ¿Saludáis a los conocidos de vista? ¿U os hacéis los longuis mirando hacia otro lado? ¡Ale! ¡A votar que es año nuevo!

Los villancicos navideños

¿Modernizando el villancico en la tele o (mas)turbando a Orlando Bloom?
¿Modernizando el villancico en la tele o (mas)turbando a Orlando Bloom?

La Navidad ya está aquí y con ella llegan sus entrañables e inamobibles villancicos. ¿Alguien canta hoy en día villancicos en sus casas? En los centros comerciales ya sabemos que sí, ahí están los altavoces a todo volumen con esos coros infantiles cantando a viva voz el repertorio entero de las cintas de cassette de nuestra infancia navideña. ¿Pero y en sus casas? No sé si es una mayoría la que canta en sus casas o es algo ya pasado de moda. A lo mejor preferimos el Spotify a la pandereta, el Youporn a la zambomba… Qué sé yo, Internet lo ha cambiado todo.

El origen del villancico está poco claro como todo aquello que provenga de la tradición popular. En principio su origen data del siglo XV donde había un señor que compuso todos los villancicos de la historia y ahí se quedaron. El hombre lo dejó en lo más alto y dijo: “¡Ya no los podréis superar! ¡Peces que beben en el río! MUAHAHA ¡A nadie se le ocurrirá nada mejor!” Y murió llevándose con él el secreto que entrañan todas esas canciones religiosas. ¿Por qué cuando a Belén va una burra RIN RIN? Jamás lo sabremos.

A mí las letras de los villancicos me dejan ciertamente fascinado. Son letras que llevan a una burra que va a Belén llamando por teléfono; o esos peces que nadie se había planteado si bebían agua del río o no, o si con la contaminación actual beben agua embotellada; o ese ande ande ande la marimorena que no sé si es un ánimo para que la Mari morena camine mucho o termine haciéndose runner. No entiendo nada e igual casi que tampoco hace falta.

Todos se basan en la creencia de que los pastores que vieron nacer al niño Jesús ya sabían que iba a ser un mesías y que era el nuevo Rey. Lo dice la de los tamborileros que cuenta que el camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve cubrió (aunque no sé si en Belén nevaba mucho) y los pastorcillos quieren ver a su Rey. ¿Cómo lo podían saber? Si aún no había hecho nada. ¿Eran un poco como los que oyen a un niño dar patadas a la madre y dicen: “uy, eso es que va a ser futbolista? ¡Si lo dices de todos, alguno será! Aunque solo sea por descarte.

La cuestión es: ¿ya no se hacen villancicos nuevos? No ha salido un compositor moderno rollo Leonardo Dantés a sacar nuevas canciones navideñas que cambien un poco el panorama. Solo está Juanpa y la Raja, pero hace pichancicos y no villancicos y eso a los niños no se los podemos poner. ¿No está el Papa preocupado por esto? A mí me preocuparía. Igual es por eso que la Iglesia pierde fieles, ¡se están hartando de las canciones! Están viviendo de éxitos pasados como los Rolling Stones y ya huele. A lo mejor es que el mercado no está preparado para villancicos disruptivos. Quién sabe, un dubstep navideño. Cosas más raras se han visto.

Porque no me diréis si no es rara la zambomba. ¿Qué instrumento es este? Cuando yo era pequeño tocábamos con tapas de cacerolas, botellas de anís y la mítica zambomba. Que las hacía un vecino de forma casera, ojo. Probablemente es el instrumento más fácil de tocar por un hombre, sobre todo en la adolescencia. Y el más antiestético de todos. Yo lo veía y no sabía que pensar: escupía en una mano, escupía en la otra y venga a darle a la manivela. Un sonido… No sé como David Guetta no lo adapta para sus sesiones. Zambomba session in Pachá. En Magaluf seguro que triunfa para substituir el mamading.

En definitiva, necesitamos renovar los villancicos porque ya empiezan a estar desfasados. No han salido compositores nuevos desde Ataulfo el juglar y ya están un poco desgastados. Aún así, este año no os vais a librar y si en vuestra casa aún se cantan los terminaréis tarareando. Aunque disimuleis. Así pues, ¡feliz Navidad a todos desde El mundo está loco! ¡Y ánimo! ¡Que tengáis muy muy feliz 2015!

La violencia en el fútbol… Infantil

¿Dónde habrá visto esto antes?
¿Dónde habrá visto esto antes?

En estas últimas semanas se ha hablado mucho de la violencia en el fútbol porque unos señores decidieron descargar sus frustraciones vitales entre ellos con resultados trágicos. A partir de ahí la liga de fútbol profesional ha empezado a multar a gente en los campos por propinar insultos a los futbolistas, sus madres y a cualquier persona con algún vínculo familiar. Lo que hasta ahora parecía normal en un estadio, ahora es punible. Lo que antes era un “tusmuertopisoteaohharbitrohijodputacabron” ahora va a ser algo así como: “¿Pero no ha visto usted vuesa merced trencilla de mis amores que el futbolista de mi equipo estaba en linea con la defensa contraria, lo cual nos hace deducir que no había fuera de juego y por lo tanto este gol en el último minuto que nos hubiera dado la Copa no es sino legal, en tanto en cuanto usted nos acaba de – presuntamente – robar en nuestra cara?”. Sí, vamos a civilizar el fútbol.

Mientras nos proponemos convertir a las turbas enfurecidas en seres con calma, sosiego y savoir faire – aparte de convertir a Manolo el del Bombo en Manuel el Pianista Virtuoso – quizá deberíamos enfocar nuestros esfuerzos en ese submundo futbolístico que se llama “categorías inferiores”. Y ya no solo de la segunda y tercera regional, de la que nos habla Otis B. Driftwood con mucho tino en su blog; sino en esas categorías en las que juegan niños y en la que muchos de ellos terminan traumatizados por la actuación de sus padres. Los que no los cogen como ejemplo, claro.

arbitro_infantil¿Qué les pasa a los padres que van a ver a sus hijos al fútbol? Muchos de ellos se toman todos y cada uno de los partidos de sus hijos como un enfrentamiento a vida o muerte en el que está en juego su futuro. En este país tienes tres formas de medrar en la vida y ganar dinero: 1) convertirte en político corrupto; 2) que te toque la Lotería y 3) que tu hijo se haga futbolista de Primera División. Y ahí está tu hijo atándose los cordones de las dos botas a la vez y chutando al aire con poco acierto. ¿De quién es la culpa? Del árbitro, por supuesto. ¡Villarato!

Los padres gritan como descosidos y lo puedo decir de primera mano. Cuando he ido a ver jugar a mi sobrino he visto a más de una madre – Belén Esteban wannabe – que se desgañitaba en un lenguaje que podríamos definir como barroco. O rococó. O arameo, para qué engañarnos. Y cuando fui futbolista de alevines – con nulo éxito, sino aquí estaría hablando de mi último tatuaje en la pestaña derecha – vi cosas que jamás creeríais. Vi padres atacar a otros en llamas más allá de la séptima graderia. He visto Rayos-C salir de los ojos de madres hacia el árbitro en la puerta de salida del estadio. Todos esos momentos… En serio, la gente está muy mal.

Una vez un padre, por alguna razón inexplicable, oyó con su oído de superhéroe que otro padre en la grada del otro lado del campo de tierra había insultado a su hijo. Como no pudo soportar tal afrenta, salió desde el lado donde estaba el banquillo local, atravesó el campo – mientras el partido se jugaba, cual striker loco aunque por suerte iba vestido – y saltó, literalmente saltó un muro de unos dos metros y pico, hasta llegar a la otra grada donde le esperaba atónito el otro hombre para un duelo a espada al alba. Los demás lo intentaron separar y la cosa no fue a más, pero no sería la primera vez que se forma una tangana de los mayores en un partido de fútbol de alevines. Y los niños mientras tanto intercambiando fotocopias de Dragon Ball.

Hoy día la cosa sigue igual y quizá si queremos erradicar la violencia del fútbol habría que empezar por la raíz. Al fin y al cabo estos comportamientos enseñan a los niños que lo normal en un campo de fútbol es insultarse, pelearse y faltarse el respeto. Los partidos infantiles podrían considerarse de alto riesgo, sobre todo para la salud de los pobres árbitros que deben estar hechos de una pasta especial o son sordos. Y ya no digamos los de regional donde si pusieran controles antidopaje os puedo asegurar que más de uno daría positivo por todo lo positivable: en esas ligas lo raro es que en algún partido el árbitro no tenga que salir del campo escoltado por la policía. Mientras todo esto se arregla – quién sabe, cosas más raras se han visto – una recomendación: apunta a tu hijo a tenis. En la grada te obligan a estar callado.

Los perros y los gatos dominan el mundo

Miradlos, con esa carita tan cuca están pensando en cómo someter vuestra voluntad
Miradlos, con esa carita tan cuca están pensando en cómo someter vuestra voluntad

Va siendo hora de que aceptemos que no somos la especie animal más inteligente sobre la faz de la tierra. Aceptémoslo como cura de humildad. Los seres más inteligentes que existen en este planeta son los perros y los gatos, porque a ver: ¿Quién recoge la mierda a quien? ¿Eh? Cómo podemos creernos superiores intelectual y físicamente a los perros si cada vez que sueltan popó por esos culetes allá que vamos, nos agachamos con una bolsita y lo recogemos tapándonos la nariz, ¡como si tal cosa! Que la recoja él, ¿no? Ya es mayorcito. Yo a su edad ya me limpiaba el culo solo.

Los perros son tremendamente inteligentes, y ya no digamos los gatos. Estas dos especies animales dicen que se llevan mal porque forman parte de una especie de bipartidismo animal en el que hacen ver que son diferentes, pero en realidad son lo mismo. Su método de supervivencia en este planeta se ha basado en hacer solo una cosa, pero hacerla muy bien: ser cucos. Viven en una simbiosis con el ser humano en el que ellos se dejan hacer mimitos y carantaños y dejan que suban vídeos a Youtube haciendo monadas y mientras tanto el ser humano solo les ofrece vivienda, comida y seguridad. Y a vivir del cuento.

La esperanza de vida de gatos y perros no es muy alta en comparación con otros animales, ¡pero vaya vidorra! ¿Habéis contado cuantas horas tenéis al día de auténtico asueto en el que sois completamente libres? Ya no hablo de las horas que dormís o trabajáis, qué sé yo obligaciones como tener deberes, limpiar la casa o SACAR A PASEAR AL PERRO. Ellos no tienen ninguna: tienen 24 horas al día durante unos 15 años en los que se tocan – y lamen – los huevos con total tranquilidad. Si eso no es ser una especie superior, no sé qué puede serlo.

Hay excepciones claro, dentro de los perros los hay que son esquiroles y trabajan. Como el San Bernardo o alguna otra raza canina con peor adaptación al medio, ¿pero me dirás tú lo que aporta un chihuahua? Si encima no paran de ladrar y dar por culo. Son el Borbón de los perros, malcriados y vividores. Los gatos sí que no tienen ninguna raza que se dedique a trabajar y dedican toda su completa vida a ser Youtubers. ¿Te crees un Youtuber famoso? ¡Los gatos lo inventaron! Y no necesitaban ni hacerse un guión. Como Salvador Raya, pero en rebonicos.

Por todo esto está claro que los gatos y los perros hace mucho que nos superaron como especie y disfrutan la vida sin preocupaciones de ningún tipo mucho mejor que los humanos. Pensadlo cada vez que os agachéis a recoger esa caquita de la acera: él no lo haría. Y en el fondo se está partiendo por dentro.

Un señor inventa una píldora que hace que tus pedos huelan a chocolate

El hermano hippie de Papá Noel es el inventor
El hermano hippie de Papá Noel es el inventor

Hace unos meses, dada mi tendencia natural a escribir sobre temas escatológicos, os expliqué grosso modo como sería el mundo y la humanidad si nuestras deposiciones olieran y supieran bien. Pues hay un hombre que ha llegado más allá y se ha puesto manos a la obra: ha hecho una pastilla que permite que tus pedos huelan bien. Y no solo bien, además a chocolate. Para confundirnos aún más al comernos un chocolate caliente.

El inventor es un señor francés que responde al nombre de Christian Poincheval que decidió buscar una manera de que sus pedos olieran mejor porque estaba teniendo problemas. Por lo visto le costaba contenerse en público y solía apretar el culo contra la silla para que no sonaran, aún así el tufo salía a la luz en forma de horrible y apestoso mensaje. Para colmo él y sus amigos son vegetarianos y ya saben ustedes como son los pedos verduleros. Así que después de que le echaran de varios restaurantes y le obligaran a tirarse en paracaidas de un avión en pleno vuelo – saltaron las mascarillas de seguridad y todo – decidió encontrar una solución.

Y no solo eso, ¡las vende! En su propia página web “pilulepet.com” el hombre vende sus píldoras de olor a chocolate, rosas y violetas al módico precio de 10 euros. Lo que no se sabe es cuán seguras son esas pastillas y si la OMS tiene alguna opinión sobre el tema. Ni tampoco se sabe la duración del efecto, igual te tomas varias de golpe y tus pedos huelen a chocolate de por vida. Imaginad que todo el mundo toma eso, ya no sabrás si has entrado en una pastelería o en un lavabo público.

Ahora que se acercan las fiestas navideñas es una compra recomendable, eso sí. Cuando estéis de comida familiar en casa de suegros, cuñados y demás podréis peeros a gusto a la hora de los postres. Alguno olerá el turrón de Suchard mucho antes de que llegue a la mesa…

[Noticia original]

Las madres que se van de fiesta con sus hijas y visten igual

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Hay muchas madres que consideran que sus hijos deben verlas ante todo y sobre todo como si fueran “su mejor amiga”. Y esto puede dar lugar a muchas interpretaciones porque algunas madres se han convertido exactamente en eso, en su mejor amiga: En la Vane.

Yo no sé si son madres que no superaron la adolescencia, que tuvieron sus hijos demasiado jóvenes o que de repente han tenido una regresión irreversible a la edad del pavo. Porque una vez pasas la edad del pavo, ¿cómo madurar de nuevo si vuelves a ella? El caso es que hay un tipo de madre que se convierte en uña y carne de su hija hasta tal punto de vestir igual y salir de fiesta con ella. Y ahí las veis, madre cuarentona e hija adolescente, en la barra del bar. De ligoteo. Dando grima.

Porque ahí dan grima las dos, la madre y la hija. La madre por vestirse con minifaldas de colores cantosos y más cortas que un cinturón que consiguen dejar entrever hasta el hilo del tampón. Que igual es para demostrar que siguen siendo fértiles. Por no hablar de esos tops con transparencias y mallas sacados de un anuncio de Campofrío. Y por otro lado van maquilladas como puertas, cual adolescente poligonera entremezclando las incipientes arrugas y el exceso de maquillaje hasta tal punto que cuando asoma alguna, parece una grieta de masilla mal puesta de coche tuning. Pero ahí está, con pose altiva y sexy guiñando el ojo a veinteañeros expectantes de emociones fuertes.

Y ahí está también la hija vistiendo exactamente igual que la madre, y cuando digo igual digo con la misma talla exacta. Aunque una tenga tres tallas más que la otra. Y permite que su madre le espante los ligues, o lo hace expresamente por eso. Excepto entre aquellos que se acercan porque les da morbo aquello de liarse con madre e hija. La mezcla de la experiencia y el furor uterino pre-menopáusico sumado a las bondades sexuales de la juventud llaman a muchos machos alfa ávidos de nuevas experiencias. Aunque eso solo está en sus mentes, madre e hija no salen para ligar ni hacer tríos, si fuera así hubieran dejado el bote de Titanlux en el balcón antes de echárselo por la cara.

Desde El mundo está loco recomendamos encarecidamente la huída como única salida ante un encuentro fortuito con estos seres de la noche. De otro modo podrá encontrarse por equivocación y seguramente por culpa de algún efluvio etílico en una relación bicéfala siendo amante y yerno ideal a la vez, yendo de compras con su suegra y caminando de la mano de ambas mozas. Vayan con cuidado cuando salgan por ahí.