Los perros y los gatos dominan el mundo

Miradlos, con esa carita tan cuca están pensando en cómo someter vuestra voluntad
Miradlos, con esa carita tan cuca están pensando en cómo someter vuestra voluntad

Va siendo hora de que aceptemos que no somos la especie animal más inteligente sobre la faz de la tierra. Aceptémoslo como cura de humildad. Los seres más inteligentes que existen en este planeta son los perros y los gatos, porque a ver: ¿Quién recoge la mierda a quien? ¿Eh? Cómo podemos creernos superiores intelectual y físicamente a los perros si cada vez que sueltan popó por esos culetes allá que vamos, nos agachamos con una bolsita y lo recogemos tapándonos la nariz, ¡como si tal cosa! Que la recoja él, ¿no? Ya es mayorcito. Yo a su edad ya me limpiaba el culo solo.

Los perros son tremendamente inteligentes, y ya no digamos los gatos. Estas dos especies animales dicen que se llevan mal porque forman parte de una especie de bipartidismo animal en el que hacen ver que son diferentes, pero en realidad son lo mismo. Su método de supervivencia en este planeta se ha basado en hacer solo una cosa, pero hacerla muy bien: ser cucos. Viven en una simbiosis con el ser humano en el que ellos se dejan hacer mimitos y carantaños y dejan que suban vídeos a Youtube haciendo monadas y mientras tanto el ser humano solo les ofrece vivienda, comida y seguridad. Y a vivir del cuento.

La esperanza de vida de gatos y perros no es muy alta en comparación con otros animales, ¡pero vaya vidorra! ¿Habéis contado cuantas horas tenéis al día de auténtico asueto en el que sois completamente libres? Ya no hablo de las horas que dormís o trabajáis, qué sé yo obligaciones como tener deberes, limpiar la casa o SACAR A PASEAR AL PERRO. Ellos no tienen ninguna: tienen 24 horas al día durante unos 15 años en los que se tocan – y lamen – los huevos con total tranquilidad. Si eso no es ser una especie superior, no sé qué puede serlo.

Hay excepciones claro, dentro de los perros los hay que son esquiroles y trabajan. Como el San Bernardo o alguna otra raza canina con peor adaptación al medio, ¿pero me dirás tú lo que aporta un chihuahua? Si encima no paran de ladrar y dar por culo. Son el Borbón de los perros, malcriados y vividores. Los gatos sí que no tienen ninguna raza que se dedique a trabajar y dedican toda su completa vida a ser Youtubers. ¿Te crees un Youtuber famoso? ¡Los gatos lo inventaron! Y no necesitaban ni hacerse un guión. Como Salvador Raya, pero en rebonicos.

Por todo esto está claro que los gatos y los perros hace mucho que nos superaron como especie y disfrutan la vida sin preocupaciones de ningún tipo mucho mejor que los humanos. Pensadlo cada vez que os agachéis a recoger esa caquita de la acera: él no lo haría. Y en el fondo se está partiendo por dentro.

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Un señor inventa una píldora que hace que tus pedos huelan a chocolate

El hermano hippie de Papá Noel es el inventor
El hermano hippie de Papá Noel es el inventor

Hace unos meses, dada mi tendencia natural a escribir sobre temas escatológicos, os expliqué grosso modo como sería el mundo y la humanidad si nuestras deposiciones olieran y supieran bien. Pues hay un hombre que ha llegado más allá y se ha puesto manos a la obra: ha hecho una pastilla que permite que tus pedos huelan bien. Y no solo bien, además a chocolate. Para confundirnos aún más al comernos un chocolate caliente.

El inventor es un señor francés que responde al nombre de Christian Poincheval que decidió buscar una manera de que sus pedos olieran mejor porque estaba teniendo problemas. Por lo visto le costaba contenerse en público y solía apretar el culo contra la silla para que no sonaran, aún así el tufo salía a la luz en forma de horrible y apestoso mensaje. Para colmo él y sus amigos son vegetarianos y ya saben ustedes como son los pedos verduleros. Así que después de que le echaran de varios restaurantes y le obligaran a tirarse en paracaidas de un avión en pleno vuelo – saltaron las mascarillas de seguridad y todo – decidió encontrar una solución.

Y no solo eso, ¡las vende! En su propia página web “pilulepet.com” el hombre vende sus píldoras de olor a chocolate, rosas y violetas al módico precio de 10 euros. Lo que no se sabe es cuán seguras son esas pastillas y si la OMS tiene alguna opinión sobre el tema. Ni tampoco se sabe la duración del efecto, igual te tomas varias de golpe y tus pedos huelen a chocolate de por vida. Imaginad que todo el mundo toma eso, ya no sabrás si has entrado en una pastelería o en un lavabo público.

Ahora que se acercan las fiestas navideñas es una compra recomendable, eso sí. Cuando estéis de comida familiar en casa de suegros, cuñados y demás podréis peeros a gusto a la hora de los postres. Alguno olerá el turrón de Suchard mucho antes de que llegue a la mesa…

[Noticia original]

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Las madres que se van de fiesta con sus hijas y visten igual

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Hay muchas madres que consideran que sus hijos deben verlas ante todo y sobre todo como si fueran “su mejor amiga”. Y esto puede dar lugar a muchas interpretaciones porque algunas madres se han convertido exactamente en eso, en su mejor amiga: En la Vane.

Yo no sé si son madres que no superaron la adolescencia, que tuvieron sus hijos demasiado jóvenes o que de repente han tenido una regresión irreversible a la edad del pavo. Porque una vez pasas la edad del pavo, ¿cómo madurar de nuevo si vuelves a ella? El caso es que hay un tipo de madre que se convierte en uña y carne de su hija hasta tal punto de vestir igual y salir de fiesta con ella. Y ahí las veis, madre cuarentona e hija adolescente, en la barra del bar. De ligoteo. Dando grima.

Porque ahí dan grima las dos, la madre y la hija. La madre por vestirse con minifaldas de colores cantosos y más cortas que un cinturón que consiguen dejar entrever hasta el hilo del tampón. Que igual es para demostrar que siguen siendo fértiles. Por no hablar de esos tops con transparencias y mallas sacados de un anuncio de Campofrío. Y por otro lado van maquilladas como puertas, cual adolescente poligonera entremezclando las incipientes arrugas y el exceso de maquillaje hasta tal punto que cuando asoma alguna, parece una grieta de masilla mal puesta de coche tuning. Pero ahí está, con pose altiva y sexy guiñando el ojo a veinteañeros expectantes de emociones fuertes.

Y ahí está también la hija vistiendo exactamente igual que la madre, y cuando digo igual digo con la misma talla exacta. Aunque una tenga tres tallas más que la otra. Y permite que su madre le espante los ligues, o lo hace expresamente por eso. Excepto entre aquellos que se acercan porque les da morbo aquello de liarse con madre e hija. La mezcla de la experiencia y el furor uterino pre-menopáusico sumado a las bondades sexuales de la juventud llaman a muchos machos alfa ávidos de nuevas experiencias. Aunque eso solo está en sus mentes, madre e hija no salen para ligar ni hacer tríos, si fuera así hubieran dejado el bote de Titanlux en el balcón antes de echárselo por la cara.

Desde El mundo está loco recomendamos encarecidamente la huída como única salida ante un encuentro fortuito con estos seres de la noche. De otro modo podrá encontrarse por equivocación y seguramente por culpa de algún efluvio etílico en una relación bicéfala siendo amante y yerno ideal a la vez, yendo de compras con su suegra y caminando de la mano de ambas mozas. Vayan con cuidado cuando salgan por ahí.

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Un estudio revela que los lavabos con luz automática acumulan más gotas en la tapa del water

Dramatización
Dramatización

Un estudio de la universidad de Vancouver, a cargo de los profesores Jaime Adita y Joseph Inda Sec, ha revelado que los lavabos que disponen de luces con detección automática de movimiento terminan conteniendo más gotas en la tapa del water que los lavabos con luz con interruptor convencional. Al parecer, el hecho de que la luz se apague en un momento indeterminado del chorro hace que los hombres terminen desviando su punto de mira y dejen la taza del water pintada de gotelé amarillo.

El estudio ha sido llevado a cabo por dos prestigiosos urólogos canadienses tras encontrarse múltiples inodoros públicos de aquí y allá detectando a simple vista esta anomalía. Tras arduos meses de estudio con chimpancés se acercaron a su conclusión. “Primero entrenamos a unos cincuenta chimpancés a mear de pie y dentro de la taza del water, lo que nos costó unos tres años de trabajo y un divorcio muy costoso” – comentó el doctor Adita.

solucion_mear_fuera“Seguidamente metimos a la mitad de chimpancés en lavabos con luz de interruptor y a la otra mitad en los de luz automática, pudimos observar como los simios empezaban a ponerse nerviosos en cuanto se iba la luz y meneaban su cuerpo al ritmo de San Vito como locos por temor a la oscuridad. Al encenderse la luz aquello parecía un cuadro abstracto del MACBA – prosiguió el doctor, no dejando muy bien de paso a los cuadros abstractos del MACBA.

Después de los estudios con chimpancés, pasaron a los humanos y constataron que no había mucha diferencia de comportamiento. Los humanos hacían el baile de San Vito no por miedo; sino por intentar volver a activar la luz. Tras esos espasmódicos movimientos las gotas del pipí volaban libres por el aire del lavabo hasta alcanzar cualquier lugar excepto el hueco dando lugar a un water impracticable para el arte de defecar. Tras este estudio los doctores han lanzado una campaña en Change.org para que la gente mee sentada en los lavabos con luz automática para evitar males mayores.

Su tarea no acaba aquí, actualmente están inmersos en un nuevo estudio en el que pretenden demostrar que los lavabos de los trenes son una auténtica porquería porque el traqueteo hace imposible acertar en la taza. Seguiremos informando. O no. Seguramente no.

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Ir a un paintball

paintball fail
“Debí mirar las instrucciones”

Últimamente es bastante habitual que cuando vas a celebrar una despedida de soltero o un cumpleaños termines con un “morao”. O varios. Porque no hablo del típico “morao” como sinónimo de ir “ciego”, sino literalmente morado por todo el cuerpo. Es una señal clara que en la celebración habéis pasado por un paintballa guerrear como buenos soldados de la pintura, como por ejemplo.

Hace un tiempo fui a un cumpleaños así. El cumpleañero nos invitó a un campo de paintball para que nos hicieran un cuadro abstracto sobre los monos que te prestan allí. Lo primero que aprendí en cuanto nos parapetamos con el mono, la pistolita y las gafas de buceo es que si alguna vez tengo que ir a la guerra, seré el típico que enseña la foto de la novia y muere a los dos segundos de empezar la batalla. Porque igual que en el paintball, si tú eres inexperto en batallas no puedes ir al enemigo a pedirle que olvide lo aprendido en todas las anteriores que lleve a cuestas. No me dejaron ser “azúcar”.

Parece fácil, pero no. Apuntar, disparar y no ser visto no se hace sin entrenar. De ahí que no manden a nadie a una batalla sin al menos haber tocado un fusil primero. Pero tú vas al paintball de novato y es muy probable que pilles por todos lados. Así que en la siguiente partida, para al menos aguantar un poco más: ¿qué mejor que parapetarse en zona segura y hacer de francotirador? ¿Y si te vas moviendo entre la maleza e intentas acabar detrás de las líneas enemigas en plan infiltrado? Yo lo intenté, asomé la cabeza un poquito y de repente todo lo vi de color azul. Mis gafas estaban pintadas. Así no “jubo”.

Por suerte para mí había varios campos de combate porque esperar fuera y ver cómo los demás se disparaban entre sí no es muy divertido, así que para el siguiente intenté ser más precavido. Y aguanté hasta casi el final. Incluso atrapé a un osado que intentó rodearnos por detrás alcanzándole con el sexto o séptimo tiro que lancé. Sí, no juego a shooters por lo mismo: mi puntería es muy parecida a la de El Dioni borracho. Al final terminé con morados en las piernas tras una incursión a lo loco bajo las líneas enemigas. En una guerra no me lo verán hacer, como mucho me encontrarán en enfermería alegando ansiedad. Que se maten los demás.

La experiencia eso sí es frenética y divertida. Y cansada. Las pistolitas pesan aunque no lo parezca y te hartas de correr. Haces unos cuantos paintballs al mes y te pones fuerte y todo. Ni running ni leches. A pegarte tiros de mentirijilla que pican, pero no duelen. O no mucho. Bueno, depende.

Y si os pilla en Madrid, aquí tenéis un paintball.

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Los ritos de la buena suerte al hacer un brindis

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No falla, cada vez que intento brindar con alguien por cualquier motivo aparecen ante mí los famosos ritos de la buena suerte. Si no los haces a rajatabla tendrás mala suerte en el amor, no querrá fornicar contigo ni Carmen de Mairena borracha o tu salud se resentirá y vendrá a curarte Ana Mato en persona. Todas un drama absoluto, sobre todo si te hacía ilusión lo de tirarte a Carmen de Mairena borracha. Así que cada vez que voy a brindar siento ante mí una presión enorme. ¿Y si no brindo bien, QUÉ?

Porque hay muchas maneras de fallar con el rito adecuado. Hemos hecho trabajo de campo con mi equipo de investigación formado por un ornitorrinco punky con sombrero mexicano y un señor de un pueblo de Soria que se sentaba en la puerta de su casa a ver la gente pasar. Que lo vi y me dije: “Yo a este lo ficho, que este se fija”. Y sí, gracias a este estudio concienzudo he podido saber todo esto:

– Que quien no apoya no folla. Tenéis que apoyar el vaso en la mesa antes de beber y después de brindar. Con cuidado de no apoyar y beber a la vez o brindar apoyado o cosas así. Fácil y sencillo y para toda la familia. Lo curioso es que lo único que pretende asegurarte este rito es la parte negativa: si no apoyo no follo, ¡pero nadie me asegura que si apoyo el vaso luego follaré!

brindis- Que hay que mirar a los ojos mientras se brinda y se bebe. Y si no miras… Tampoco fornicas. Todo va por ahí, no os preocupéis. Si sois curas os da igual todo y brindáis mirando para otro lado, a lo Laudrup. “¡Me la suda todo! ¡No follaré igual!” Por eso brindan al aire con la sangre de Cristo. Están de vuelta de todo.

– Que hay que dar un sorbo a la copa después de brindar. Es decir, si brindas y apoyas la copa, pero luego no bebes ahí la has cagado. Hay que beber. Aunque sea mojar los labios. Sino da mala suerte, pero sin especificar en qué.

– Que hay que brindar con la izquierda para tener buen sexo y con la derecha para tener salud. Yo brindo con las dos a la vez, por si acaso. Y ya en este punto me empiezo a estresar.

– Que no hay que brindar jamás con agua, ni con vasos de plástico ni con el vaso vacío. Y ahí no me pillan. El agua para regar las plantas bien, para beber en una noche de juerga no tanto.

– Que las mujeres solteras tienen que brindar primero con los hombres si quieren abandonar la soltería. Ojo que esto me ha dejado bastante picueto porque me imagino a un grupo de amigas solteras que cuando salen de fiesta no brindan entre ellas nunca, por si acaso. O si brindan van detrás de los hombres como locas: “¡Brinda conmigo mocetóooóón!” Métodos de ligar extraños, pero existen.

Mirando a los ojos. Todos menos Lily...
Mirando a los ojos. Todos menos Lily…
- Y atención la más interesante la que dice que hay que brindar con las copas viejas, tirarlas al suelo y luego brindar con copas nuevas. A mí cuando me dijeron esta fui a casa de un colega y le pregunté después de brindar: “¿Las copas son nuevas o viejas?” Y me contesta: “Viejas”. Cogí y la tiré al suelo justo después del último sorbo. Él perdió una copa, yo perdí un amigo. ¡Pero si era para tener buena suerte!

Claro, llega un momento en que si los juntas todos terminas haciéndote (o metiéndote en) un lío considerable. Imagínate que eres mujer soltera y has de buscar un hombre con un vaso con el que poder brindar, que no sea de plástico, que lleve alcohol, darle un sorbo después de brindar pero tener un sitio para apoyar el vaso primero y mirarle a los ojos fíjamente mientras brindas con las dos manos por lo que pueda pasar y terminas haciendo aquello de arriba-abajo-palcentro-y-padentro dando lugar a graciosos equívocos. ¡Un lío!

Los ritos se ponen tan complicados que es imposible seguirlos. Y quizá ahí está el truco: siempre es culpa tuya de que el rito no funcione. El rito da buena suerte, si tú no eres capaz de hacerlo es problema tuyo. Por ejemplo, para que tengas buena suerte en la vida tienes que brindar con el pie derecho haciendo el pino mirando al nordeste cuando el sol se pone, con una ramita de romero en la mano derecha mientras te hace cosquillas el de la izquierda y te tiras un pedete que no huela. ¡Si no lo haces bien no follarás en 20 años! Igual te miran raro cuando brindes con tus amigos, ¡pero son 20 años! ¡Hazlo!

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Ir a un restaurante japonés

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Muchos dicen que no saben diferenciar por los rasgos a un chino de un japonés. Es más, tu cuñado va a llamar chino a cualquier japonés que vea por la calle. O a un vietnamita. Le da igual, ojos rasgados igual a chino. Aunque haya nacido en Albacete. Chino y punto. Pero eso sí, para diferenciar un restaurante chino de uno japonés no hay confusión que valga. Simplemente te asomas un momento, miras la parte derecha de la carta y enseguida te darás cuenta de que has ido a parar a un japonés.

Son caros, sí. Su fama se la han ganado. No es lo mismo tener atún y salmón de alta calidad para ponerlo crudito que animales de procedencia desconocida. No seré yo quien ponga en entredicho a los restaurantes chinos que yo he comido mucho en ellos. Es más, ya sé como detectar uno de buena calidad. Si hay gatos merodeando por las manzanas de alrededor es que ese chino no es de fiar. No es bueno.

La cruda realidad
La cruda realidad
Lo que sí tienen en común los japoneses con los chinos es su afición a comer con palillos. Es una tradición que no han abandonado desde tiempos inmemoriales y me parece muy bien porque son perfectos para hacer dieta. Está la dieta de la alcachofa, la del cucurucho, la del Dukan y luego la de los palillos. Tú ponte a comer con palillos cada día. Un bistec, por ejemplo. Acabas tan hasta la po, que lo dejas todo y no comes. Y adelgazas. Y te mueres por inanición y eso, ¡pero no se puede tener todo en esta vida! ¡Lo queréis todo! ¡Insaciables!

Pero por lo visto comer con palillos la gente lo hace. Y sabe. Que comen hasta arroz. Si caben tres granitos entre los palillos, ¿cómo es posible? Pues se lo comen. Y tú llegas al restaurante con tu cara de novato, coges los palillos con miedo como si tuvieras en las manos un arma de destrucción masiva y los intentas coger como puedes. Parece fácil, pero la primera vez es dura. Os recomiendo una cosa: si vais a comer en grupo a un japonés con gente que ya sabe comer con palillos, ¡pedid tenedor! ¡O los palillos atados como si fuera una pinza! O no comeréis nada. La dieta y eso está muy bien, pero pagaréis a escote. No digo nada y lo digo todo.

A mí me pasó. Yo intentaba comer con los palillos y no se respetaban los turnos ni las piezas que tocaban a cada uno. Tonto el último. Por eso dice la gente que en los japos pasa hambre, ¡pues depende de con quien vayas! Yo os recomiendo ir con vuestras parejas que es mucho más llevadero. Contáis las piezas, tantas para cada uno y si se te deshace el sushi por el camino, se te cae el pescado entero en la salsa de soja o los camareros te piden que por favor no coma el sashimi encima de los zapatos de los vecinos comensales; no pasa absolutamente nada. La próxima pieza estará ahí para ti, esperándote encima de la mesa. E igual tu novia está comiendo su otra bolita de arroz entre las patas de la mesa mientras tanto.

restaurante japonés kibukaEl otro problema grave que te puedes encontrar si vas a un restaurante japonés sin experiencia previa ni un acompañante que sepa es que te pierdas en su carta. Llegas allí y lees cosas como Yakisoba, Sashimi, Maki, Tataki, Nigiri, Uramaki, Tempura de Songoku… Que yo a veces no sé si estoy leyendo una carta de un restaurante o la alineación completa de un partido de Oliver y Benji. En algunos te explican un poco qué es lo que lleva para que se entienda, pero hasta que no lo tienes encima de la mesa no sabes lo que has pedido. Luego está todo que te cagas de bueno, pero es un poco Sorpresa, Sorpresa. “¡Y tenemos aquí a Ricky Martin!” “Oiga que esto no es lo que yo había pedido” “Sí, sí, usted ha pedido Sukulito Sakayama; qué aproveche” Y no te puedes quejar.

A pesar de las vicisitudes luego disfrutas realmente de la comida. A veces da hasta cosa comerla de lo bien preparada que está. Hay gente que se tira toda la noche allí mirando el plato. Que viene el camarero preocupado y todo: “¿No le gusta?” “No, sí, sí, espere que no he encontrado el enfoque perfecto para Instagram” “Vamos a cerrar” “¡Un segundo! ¡Estoy creando!” En serio, se nos va de las manos lo de hacer fotos a las comidas. Pero si no os importa gastaros un poquito más – con cuidado, eso sí, que si se os va la olla el ticket se puede disparar – es totalmente recomendable ir a uno. Eso sí, llevad los zapatos limpios por si voy yo y tengo que comer el arroz en la lengüeta. Gracias.

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¿Por qué se “tocan” los hombres y las mujeres? (Encuesta acabada)

Muchos diréis: “¡Por fin! ¡Se termina la encuesta eterna!” Y sí. Llevaba desde el año pasado con esta encuesta en la que os preguntaba por qué os masturbáis, dando por hecho que todo el mundo lo hace. Después de 451 votos he pensado, ¿qué menos que hacer algo especial? ¿Y si en vez de desglosar los votos tal cual, os presentara los datos en una infografía? Pues aquí los traigo, separaditos entre sexos, ¿por qué se masturban los hombres? ¿Por qué se masturban las mujeres? Pues principalmente porque os ponéis cachondos. Veamos los resultados:

masturbación hombres

Sí, oh sorpresa. Se masturba todo quisqui y cualquier momento es bueno para ello. Excepto esos diez hombres que afirman no tocarse y me llaman cochino. De ahí se deduce que estos hombres no tienen internet y a su vez poca imaginación. O quien sabe, ¿y si son del Opus y por las noches se fustigan con el cilicio? Aunque si eres masoquista quizá eso es una forma de masturbarte, así que no cuenta. Por otro lado hay que tener en cuenta que muchos hombres se masturban simplemente porque no tienen con quien fornicar, ¿eso significa que cuando se echan novia ya no se la menean? ¿Seguro?

Y las mujeres, ¿se comportan igual? Pues casi.

masturbación mujeres

Resulta que hay un porcentaje mucho más alto que me llama guarro y niega masturbarse. Que no hace esas cosas. Que sus dedos son vírgenes y puros. Y el dildo gigante de la esquina también. Lo juran. Sin embargo un enorme 40% se masturba porque simplemente se pone cachonda. Sí, las mujeres no necesitan excusas, un 15% se masturba porque sí y un 40% por estar cachonda. Les da igual si están solas o no, lo hacen por gusto. Da la sensación de que al final en la masturbación masculina hay más sentimiento de culpa y de derrota que en el de la mujer que lo hacen por simple y puro disfrute.

Y así quedan los resultados y os dejo una nueva encuesta que no sé hasta cuando durará. Dure lo que dure, espero vuestros votos ante una de las preguntas más escatológicas que he hecho en esta web: ¿Miráis el papel de water justo después de limpiaros? ¡Ale! ¡A votar!

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