Buenos propósitos al empezar el curso

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Septiembre es un mes en el que se pueden empezar dos cosas: o un curso o una colección de figuritas de porcelana chinas en fascículos. Pero hoy en día, seamos sinceros con nosotros mismos, no hay dinero para chuminadas y lo mejor es hacer algo productivo. Mirar por el futuro y esas cosas que ahora se lleva. Antes no, antes – hijo mío – todo era Carpe Díem. Ahora es “haz un curso o algo que nunca se sabe, que está la cosa mu má”. Así que llega septiembre y un día te ves haciendo un curso de guitarra, de inglés o ¡incluso un curso de educación infantil a distancia! Que la verdad, viendo lo salvajes que son los niños yo también les educaría a distancia. “Sí, niño, ponte allí en aquel árbol a trescientos metros que ya te daré clase por el iPad”

Todo son buenas intenciones en estas fechas. Es como si fuera un segundo fin de año. Aunque a final de año las propuestas son mucho más locas debido a los altos efluvios etílicos que se desprenden. A la gente en septiembre le da por pensar en hacer cosas mucho más factibles: cursos de cocina, macramé, punto de cruz o cupcakes (un día hablaremos de esto); sin embargo en fin de año la gente se propone cosas tan salvajes como dejar de fumar o ir al gimnasio. ¿Es que no aprenden? La mejor manera de cumplir uno de esos propósitos es decir que no lo harás: “Este año no iré al gimnasio”. Y cómo los propósitos de año nuevo no se cumplen, ¡magia! Irás. No, no irás. No te engañes.

Sin embargo el curso escolar nos anima y nos motiva. Ver a esos niños felices y contentos de abandonar esos dos meses y medio largos en los que se han tocado los huevos a dos manos para llegar al colegio a ver a sus amiguitos, a que les pongan deberes y a darse de leches en el patio. Tan felices que luego cuando es la hora de salir todos salen corriendo como si les estuviera persiguiendo un monstruo de tres cabezas. Pues eso nos motiva a hacer cursos y formarnos: entramos igual de felices y salimos a la misma velocidad. ¡Un poco de voluntad! ¡Los cursos están para terminarlos! Esto no sé si os lo digo a vosotros o es una especie de recordatorio mental.

A mí se me ocurren siempre ideas locas cuando empiezan estas fechas y justo es cuando menos tiempo tienes. No os independicéis, es una trampa. Luego tienes que hacer un montón de cosas en la casa. Yo pensaba que la ropa caía al suelo de mi habitación y luego aparecía limpia, planchada y doblada en el armario por arte de magia. Y resulta que no que hay un proceso ahí por medio un poco tocahuevos. Pero aún así hemos de proponernos esfuerzos para los próximos meses. Ah, sí, estoy escribiendo una novela. Metedme presión para que la termine. A ver si así.

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A la vejez, Facebook

"Uy, mira como se le nota a Paqui la dentadura postiza"
“Uy, mira como se le nota a Paqui la dentadura postiza”

El momento más temido por un joven hoy en día cuando accede al Facebook es encontrarse con la peor solicitud de amistad que puedes recibir: la de tu padre. O de tu madre. Lo mismo da. Es el momento de abrir o no la puerta hacia tu mundo de amistades con todo lo que eso puede implicar. Tus padres son esas personas – probablemente junto a tu novia y ex‘s – que saben más cosas vergonzantes de ti. ¿Estáis seguros de darle la llave de los comentarios inesperados?

Sí, porque si de algo son expertos nuestros padres es en hacernos pasar vergüenza delante de los demás. Ya no es cuestión de mostrarles o no tu vida fuera del hogar, que también; sino de que cualquier hecho relatado en Facebook puede recibir un comentario que te deje en pelotas. Por ejemplo, te etiquetan en una foto tuya en actitud cariñosa a la par que etílica con una muchacha y tu padre de repente comenta: “Ay, menos má, ya pensábamos que nos habías salío maricón”. Y claro, vergüenza, comentarios indignados de gente que tacha a tu padre de homófobo, polémica… ¡No queráis esto en vuestros muros!

Encontró su pareja de pasodoble en Badoo
Encontró su pareja de pasodoble en Badoo
Por cuestiones de privacidad no creo que os preocupe, eso sí. Es curioso como cuando somos adolescentes nos cuesta horrores contarles a nuestros padres lo que andamos haciendo por la calle, sin embargo en Facebook saben hasta la hora en la que vamos a cagar. Si ya llenamos Instagram de fotos de comidas, ¿cuánto falta para que se ponga de moda colgar fotos de nuestro resultado? La típica foto de “aquí, sufriendo”; pero contigo en el trono apretando fuerte. “#cacagram”. Lo veo.

E igual las generaciones más jóvenes están acostumbrados a esto. Al fin y al cabo los padres de adolescentes de hoy en día son generaciones que han vivido la evolución de Internet en su madurez. Muchos de ellos, incluso, obligan a sus hijos a agregarles en las redes sociales para darles permiso para crearse una cuenta. En mi generación ya no es tan así, nuestros padres son mayores y vienen del mundo analógico, es decir: no vienen enseñados. Resumen, hay que enseñarles. Argh.

Es tremendamente difícil enseñar conceptos que tú tienes asimilados y normalizados a gente que no tiene ni puñetera idea. Corres el peligro de decirle que abra una ventana y termines con una ventolera en la habitación bastante considerable. O que cierre la pestaña y te diga que no ve nada con los ojos cerrados. O que le digas que guarde un archivo en una carpeta y coja el monitor para meterlo en un carpesano con pegatinas de Toi que tenías por casa. Todo mal.

Aunque no lo creáis, los ordenadores todavía son un misterio para muchos padres. No llegan al punto de creer que es magia, pero casi. Pero una vez han asimilado estos conceptos nuevos relacionados con la informática y no arman un cipostio con ventanas, pestañas y carpetas entonces aprenden a subir fotos al Facebook. Y olvidan completamente el concepto de privacidad. Lo suben todo. Da igual como sea la foto y como esté. Es curioso como tanto los mayores como los adolescentes tienen el mismo criterio para su privacidad: ninguno.

"Quita ezah fotoh der feisbu cojonah"
“Quita ezah fotoh der feisbu cojonah”
Ambos colectivos suben fotos con la misma ligereza. Aunque al menos a los mayores no les perjudicará una foto de borrachera a la hora de buscar trabajo. No sé si es porque no han vivido la época de internet en la que se usaban nicks y en los que la gente no se atrevía a dar su apellido ni para comprar online. ¿Comprar online? ¿Estamos locos? ¿Quién se atrevía hace diez años? Eso sí, al camarero del restaurante le entregábamos nuestra tarjeta de crédito con alegría.

Y ahí que están nuestros mayores informatizados. Quién lo iba a decir. Con los móviles smartphone la cosa se ha ido más de madre, nunca mejor dicho, cuando han descubierto la magia del Whatsapp. Aunque tengan la barrera del teclado, claro. El otro día vi que mi madre me estaba mandando un mensaje en el Whatsapp porque ponía “escribiendo…” Me quedé esperando durante veinte minutos pendiente de la novela que imaginaba que tenía pensada para mí. Yo animaba con pompones desde casa. “¡Dame una h! ¡Dame una o!” Finalmente me llegó su importante mensaje: “Hola“. Espero que nunca jamás intente avisarme de una emergencia por Whatsapp.

Pero todo esto no es más que una celebración de la masificación y la normalización de Internet. Que una herramienta tan útil sea por fin abrazada por la mayoría de la población no puede ser otra cosa que una buena noticia. Hace 15 años éramos unos bichos raros los que nos conectábamos a Internet con un bononet de 50 horas mensuales en horario reducido, hoy el raro es el que no tiene internet… ¡En el móvil! Lo que son las cosas.

Y no, papá, lo siento, no voy a aceptar tu solicitud de amistad en Facebook. Pero te quiero igual, eh.

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Una mujer se tira diez años con un juguetito en su vagina

juguetito vagina
Esta vez no se lo había llevado el perro

Cogerle cariño a nuestras posesiones materiales es algo en cierta manera común. De pequeño quieres a tu oso de peluche, de más mayor a tu colección de revistas y cuando alcanzas la madurez de tus juguetes sexuales. O eso ha debido de pasarle a la mujer de esta noticia, la cual mantuvo a un juguetito dentro de su vagina durante más de diez años. Cuando estás a gusto pasa el tiempo volando, oye.

Por lo visto una noche de borrachera alguien le introdujo el vibrador de trece centímetros de largo y cuando se despertó por la mañana seguía allí. Pero ella ni le echó cuenta. Simplemente se dejó llevar por ese pequeño gustirrinín que permanecía en su cuerpo. No sabía de donde venía, pero le molaba. Cualquier traqueteo en el metro era una dosis de placer. Cuando salía a hacer running por las mañanas cantaba a los cuatro vientos: “Lalalalaaaaghh”. Ahí iba ella, a lo Heidi.

Pero claro, esas cosas no se pueden dejar olvidadas ahí que luego se enquistan. Y diez años después la mujer de 38 años acudió al médico por severos dolores y molestias que no sabía de donde le venía. Hasta tenía problemas para orinar. Los médicos le diagnosticaron como “salida sin remedio” y “escaso sexo durante los últimos 10 años”, la curaron y la mandaron para casa. ¿Cómo pudo pasar desapercibido un juguete de tal calibre ahí dentro durante tanto tiempo? O tuvo compañeros sentimentales que tenían pasas secas como penes o no la quería tocar nadie ni con un puntero láser. Porque eso tenía que hacer tope. O algo.

El caso es que la mujer está recuperada para la causa y la cosa no ha ido más allá. Por lo visto es habitual esto de que se encuentren objetos perdidos en vaginas de mujeres poco cuidadosas. Algunos médicos han declarado haberse encontrado de todo: “¡El otro día sacamos de dentro de una mujer un niño que llevaba ahí dentro nueve meses! ¡Nueve meses!” Sí, para El mundo está loco solo contestó el doctor que se sacó la carrera con un sufi pelado.

[Noticia original]

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El atrevimiento de contar un chiste malo

chiste malo de cojones
Esto es nivel superior

Hay dos formas claras de jugarte la vida: o bien haciendo de hombre pájaro o contando chistes malos. Si sois seguidores del blog desde hace tiempo sabréis de mi afinidad con los chistes malos. Existe una extraña atracción entre un chiste malo y mi cerebro que me obliga a soltarlos en cualquier situación cotidiana. Mis allegados lo sufren en el día a día y deben contener sus instintos asesinos cada vez que suelto alguna barbaridad. Por ejemplo, me llevan de paseo por un pueblo de Lleida que se llama Alcarràs y lo primero que pregunto es que si es el pueblo de la cantante Raffaella… Raffaella Alcarràs. No contento con eso me pongo a cantar “me explota explota mexpló, purrún” (gesto de melena al viento). Así soy yo, viviendo al límite cada segundo.

El chiste en sí es horroroso y es un simple juego de palabras, pero por alguna razón inexplicable a mí me hace reir. Y es que los chistes malos no son graciosos de por sí, la gracia está en tener los santos huevos de decirlos en voz alta. Y los que están alrededor tuyo tienen dos opciones: o reirse contigo – corriendo el riesgo de que te vengas arriba y cuentes más – o machacarte el craneo. Y como una de las dos cosas es ilegal, deciden tirarte por un barranco y que parezca un accidente.

Sí, los chistes malos generan violencia. Mucha violencia. A pesar de que están pensados para relajar tensiones y provocar risas, los chistes malos terminan siendo un foco de violencia bastante importante. Es posible que las primeras guerras de la historia de la humanidad empezaran con alguno de estos chascarrillos que juegan con los topónimos. Hacías una bromilla con el nombre de la tribu Taparrabis y en dos segundos las flechas y las hachas volaban por doquier. Hay gente que se pone muy chunga cuando te metes con el nombre de su pueblo.

¿Por qué os creéis que los talibanes no se ríen? ¿A que no habéis visto nunca a un talibán reirse? Eso es porque no hay cojones a contarle un chiste a un tío con una kalashnikov en la mano. Yo si estuviera en Afganistán estaría todo el día callado. Claro, porque a ti un amigo te puede amenazar con colgarte de un pino porque después de que te diga “di algo” tú le contestas con un “algo”. Pero tú vacílale a un talibán que tus últimas palabras serán “era broma joee, ¡que ya sé que no es una falda larga!”

Aún así los chistes malos son la salsa brava del humor. Algo picantona, inesperada y común, pero altamente socorrida en cualquier situación incómoda. Suelta un chiste malo y el aire estará distendido al momento. Violento sí, pero distendido. Los chistes malos sazonan los partidos de fútbol o las cenas de cuñaos más soporíferas. Pon un chiste malo en tu vida. Excepto si los que te rodean van cargados con bates de beisbol…

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Los actores chinos no podrán anunciar tampones

No vale probarlo con la mano. Tendrán que probarlo DE VERDAD.
No vale probarlo con la mano. Tendrán que probarlo DE VERDAD.

El titular amarillista y tendencioso se desprende del anuncio del gobierno chino de que a partir de que se ponga en marcha una nueva ley los actores que promocionen algún producto deben haberlo probado anteriormente. Para recomendarlo con conocimiento de causa y no así como así. En caso contrario serían multados severamente. De esta manera es muy posible que un actor chino sea incapaz de recomendar un tampón porque por lo visto su uso es poco recomendable para controlar la diarrea.

Hay multitud de casos de famosos anunciando productos porque les pagan, pero no porque los usen. Sin ir más lejos recordaréis muchos tuits de cuando Microsoft sacó la tablet Surface Pro y los famosos recomendaban su uso lanzando tuits… Desde su iPad. Eso hizo Oprah, decía que había comprado doce para regalar, lo recomendaba mucho pero no para ella. Que ni se había dignado a probarlo.

Las asociaciones de consumidores chinas se han puesto en serio con el tema y han conseguido llegar bastante lejos. Por lo visto allí es habitual que hombres anuncien productos para el público femenino. Me pregunto si los anuncios de ropa interior serán tan turbios de mostrar a actores famosos enfundados en corpiños, corsés y culottes. Me sé de un ex-director de diario de tirada nacional que podría recomendarlos sin problema alguno, todo sea dicho.

¿Cómo comprobarán que realmente los actores han probado los productos que recomiendan? Pues no se sabe muy bien. Imaginad a los actores que promocionaban Jes Extender, ¿habrá alguien midiendo el antes y el después para saber si hablan con conocimiento de causa? ¿Llamarán al novio de la chica del coche para saber si de verdad le gustan grandes? Como esta ley triunfe y llegue a todos los países del mundo los anuncios de televisión estarán todos protagonizados por dibujos animados.

[Noticia original]

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Le contrataron una escort para su despedida de soltero… Y se lió

despedida escort soltero

La despedida de soltero de Félix seguía según lo esperado: un par de comas etílicos, tres llamadas de atención de policias locales por escándalo público y una cena en una sala apartada de un restaurante de las afueras con sangría de primero, cava de segundo y para beber albóndigas. De pronto unos cuantos amigos se aproximaron a Félix, le vendaron los ojos y lo dejaron sentado en una silla en el centro de la sala. Las luces se apagaron y los gritos guturales envolvieron el lugar. Por la puerta apareció LA stripper: un pivón de medidas perfectas y sonrisa cachonda; pero algo parecía distinto en cuanto se acercó al primer amigo de la sala. Le metió la mano por dentro del pantalón y le sacudió la sardina. No era una stripper al uso: sus amigos habían contratado a una escort.

Félix vivía ajeno a la situación con los ojos vendados. Sonreía por lo bajini mientras oía los gritos escandalosos de sus amigos. Lo que no sabía es que los encargados de montar la despedida acudieron a Erosguia, una especie de páginas amarillas del fornicio de alto standing, y convencieron a una escort a hacer uno de sus servicios de manera especial. Con público. Los muchachos soltaron la mitad de sus ahorros para darle la sorpresa al novio y ahí estaba Félix, con sonrisa de tonto, sin enterarse que el espectáculo había empezado ya. Y venía hacia él.

Pronto la muchacha se sentó encima del novio. De espaldas a él empezó a menear el culo alrededor de su cebolleta mientras le obligaba a usar sus manos para tocarle los pechos. Félix empezó a sentirse incómodo. Aunque él no podía ver, la mirada de su suegro estaba ahí. Posándose en él. Sí, alguien decidió que invitarlo a la despedida era una buena idea. La incomodidad aumentó de tamaño en poco tiempo y al notarlo la chica se dio la vuelta y agachó la cabeza para acercarse al pantalón. Apenas tuvo tiempo de reaccionar Félix cuando vio una parte de su cuerpo en la boca de la escort. Saltó de golpe, se quitó la venda y se echó hacia atrás. “¡Que me voy a casar!” – gritó, tapándose a duras penas (nunca mejor dicho) la incómoda reacción física.

Pero el suegro de Félix que ya llevaba casado unos cuantos años no dejó pasar la oportunidad. “¡Yo no me voy a casar!” – gritó. Y llamó a la muchacha para que siguiera con la faena. Como a ella le habían pagado por terminar un trabajo, muy profesional se acercó a él y a todo aquél que se lo pidió. Los amigos acababan de organizar una orgía de pago sin que el novio supiera nada y ahí mojó hasta el más tonto. El novio alucinado e indignado se marchó al lavabo, no se sabe muy bien a qué, mientras los demás proseguían la fiesta. Viendo aquello, nadie hubiera dicho que las despedidas de soltero son más para los amigos que para el que se casa…

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La moda de los barbudos

barbudos raros
Así no estás a la moda. Así eres ÚNICO

Afeitarse, junto a cortarse las uñas de los pies y salir a tirar la basura, es una de las cosas que más pereza nos da a los hombres. Algunos, y cada día más gente, se han tomado al pie de la letra lo de no afeitarse como modo de vida y las barbas proliferan por doquier. Es más, hoy en día la persona más a la moda del mundo sería Matusalén y al gran Eugenio – q.e.p.d – ya no se le ve en sus vídeos como portador de un look antiguo, sino como un precursor de lo hipster. Hoy en día, ser barbudo es ir a la moda.

Y es una de esas modas que me joden soberanamente, no porque no me guste estéticamente ni nada; es porque aunque quisiera no podría seguirla. Jamás podré tener una barba varonil bien frondosa y tupida. Si me dejo crecer la barba tendré una fantástica cara repleta de mechones a topos y en vez de un barbudo parecería un husky siberiano sin duchar. Y esto, amigos, no es justo. ¡Si hasta la última ganadora de Eurovisión tiene más barba que yo! Conchita se llamaba. Con Chita de mejor amiga.

Brad Pitt barbudo
Brad Pitt un día perezoso
Sí, las barbas están tan de moda que hasta las mujeres barbudas triunfan. Hasta tal punto ha llegado que la próxima cuchilla de afeitar de Gillette va a ser un cortacésped para ponerse al día con su nuevo público. Ahora no hay manera de vender cuchillas como antes, los barbudos no necesitan de eso, como mucho una buena tijera o un buen barbero. ¿Quién lo iba a decir, eh? Parecía que los barberos tenían los días contados con la moda metrosexual – moda con la que me sentía mucho más cómodo gracias a mi poca pilosidad – pero ahora los barberos lo petan. Porque estas barbas serán frondosas, pero no se llevan dejadas: se llevan bien podadas.

¿Pero de dónde viene este afán de dejarse barba? ¿Es acaso una influencia de las tendencias llegadas desde el lejano Afganistán? ¿Si ahora triunfa la barba talibán, pronto también lo hará el modelo pantalón con los huevos colganderos? ¿Será el turbante la próxima moda? ¿O serán los bolsos de hombre con forma de fusil Kalashnikov? ¿Nos iremos todos a vivir a la montaña? ¿Venderán chalecos bomba en El Corte Inglés? Serán como las bragas: no se podrán probar en la propia tienda.

El caso es que esta moda ha llegado para quedarse porque es la excusa perfecta para no afeitarse. El cuñado de un hipster no le podrá decir lo de “hay café” “¿eh?” “hay café-itarse” porque el hipster o el seguidor del barbudismo no tiene necesidad de ello. Yo mientras tanto me plantearé lo del implante de pelo en los solares de mi barba y será lo más parecido a una recalificación de terrenos que haya hecho en mi vida. Así podré ir a la moda justo antes de que se ponga de moda la barba husky siberiano sin duchar. La vida es injusta.

P.D: Sí, habréis notado que he estado de vacaciones. Del trabajo y del blog. Un buen tiempo de desconexión para volver con las pilas bien cargadas.

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Ver la tele con el Twitter

Así es la vida moderna
Así es la vida moderna

No os descubro nada nuevo a muchos de vosotros porque hace ya tiempo que se puso de moda lo de tuitear lo que estamos viendo en la tele. Aunque sea para decir que están echando por la tele una peli que viste hace veinte años y te hace gracia que salga ahí en la caja tonta. Más o menos como cuando sale tu pueblo: “Eh, eh, ¡que sale Villapuercas en la tele! ¡Yo soy de Villapuercas!” “Pero tío, que es porque un tío ha matado al alcalde de un sillazo en la oreja en medio de la plaza” “¡Mira, mira! ¡Por ahí iba yo cuando era pequeño!” Ni caso, vamos. Que le hace ilusión que salga Villapuercas y da igual el motivo.

Pues lo mismo con las películas antiguas que ya viste hace años y no vas a volver a ver, te gustaron y ahora aparecen en tu tele. Pues lo cuentas. Pero eso no es todo en Twitter, ni mucho menos. La gracia está en comentar los programas mientras suceden cosas en ellos. A veces algunos comentan como si los demás fuéramos entes sin conocimiento que no supiésemos descifrar las imágenes que llegan a nuestras retinas. “Ahora sale el presentador de MasterChef” Gracias, no me había fijado. E igual es verdad, no te habías fijado porque mirabas más al Twitter que a la pantalla. Todo puede pasar. Los usuarios están velando por tu bienestar.

Todo esto surgió desde las más profundas entrañas de Twitter con sus usuarios primigenios animando al cotarro a comentar la tele con un mismo hashtag. Oh, el hashtag. Este símbolo: #. Almohadilla que se llamaba en mi pueblo. Hoy en día en las plazas de toros cuando se tiran almohadillas está todo el mundo dándole al hashtag de Twitter. Que tienen tradiciones bárbaras, sí; pero modernos un rato. Pues mediante el hashtag y una palabra clave todo el mundo sigue el mismo tema a la vez y así sabemos qué opina la gente de programas tan interesantes como Quién quiere casarse con mi hijo.

Sí, las mayores bazofias que me he tragado en la tele han sido gracias a Twitter. “No, yo no veo lo de los tróspidos; lo veo para reírme” Pero lo ves. Es como comentarlo con los amigos cuando tus amigos te dicen que te vayas a la mierda cuando mencionas la remota posibilidad de quedar para ver Eurovisión. “¿Para ver qué? No serás un eurofán de esos, que te llevo al médico ya mismo” “No, que es para reirnos, ¡haremos chistes sobre las vestimentas y las canciones!” “Sal de mi vista friki loco”. Pero en Twitter te retuitean y te favean y todo.

Las teles han terminado dándose cuenta del filón de todo esto – tarde como siempre, pero se han dado cuenta – y en casi todos los programas aparte de la famosa mosca de la tele aparece un hashtag con el nombre del programa en cuestión. Y se vuelven trending topic y son muy felices porque luego pueden decir que arde Twitter y tal y pascual blablublí. Yo a veces miro los trending topics para ver qué echan en la tele, es mi nuevo teletexto. Pero ha llegado hasta tal punto el tema televisivo que hay días que abro Twitter y como no esté mirando la tele me siento desplazado. ¡No entiendo lo que dice la gente! ¡Leo tuits sin sentido!

En serio, si descontextualizas cualquier tuit de algo televisado por sí solo es imposible entender nada. “Y ahora va y sale la loca #trospidity” “¡Pero qué hace Pepe! ¡Se le va a quemar el cuscus! #masterchof” “Vaya peinado lleva esa #eurocojón” “¡Que se la meta! ¡Que se la meta! #lapornodelplus” Y así. Ya no es que en los programas de la tele pongan un timeline de Twitter adornando una parte de la pantalla, ¡finalmente el propio Twitter tendrá que poner una miniventana con los canales para que podamos entender algo si no tenemos la televisión a mano! Dramas modernos, amigos. Dramas modernos.

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